El trabajo audiovisual de Sofía Fernández Mora se proyectará este próximo 4 de septiembre a las 18.30 horas en el ciclo "Arte, Memoria y Derechos Humanos", del Centro Cultural Teatro Dante de Talcahuano. Con entrada liberada.
Sin fondos gubernamentales ni institucionales, y con el esfuerzo colectivo de su equipo, el cortometraje de ficción “La cueca de la memoria” se estrena el próximo 4 de septiembre a las 18.30 horas en el ciclo “Arte, Memoria y Derechos Humanos”, del Centro Cultural Teatro Dante de Talcahuano.
Dirigida por la periodista Sofía Fernández Mora, la cinta surge de una pregunta personal y política: ¿qué ocurre cuando honramos la memoria de quienes ya no están? Según su directora, el filme explora el poder de la ritualidad, la música y, sobre todo, el amor que mantiene presentes a nuestros muertos.
Movilizadas por ese mismo amor, actrices como Viera Saavedra (Flor de Guayaba) y Francisca Vásquez (La Noble Compaña de Teatro), la directora de arte Claudia Inostroza (Planta Estudio), la productora Francisca Vallejos y la directora de actrices Patricia Cabrera (Gaviota Podcast), junto a otra decena de colaboradoras de la región, se sumaron voluntariamente a un rodaje sin fondos —costeado por la directora y aportes de amigos— que transcurrió en cuatro locaciones al aire libre (incluyendo antiguos sitios de tortura) y culminó con un mitin frente a la catedral, con participación de organizaciones sociales y decenas de personas convocadas por redes.
El proyecto nace durante la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado en Chile, cuando su directora se encuentra con relatos, documentales y performances que la interpelan profundamente, especialmente las vivencias de Muriel Donckendorff y Marcia Miranda, dos mujeres de la región del Bío Bío doblemente invisibilizadas: por ser mujeres y por ser de regiones. Esas historias no contadas la impulsaron a darles vida a través del cine.
“El cine revive a los muertos, dicen por ahí, les pone cuerpo y sangre a nuestros relatos. Pero si el cine sigue en manos de unos pocos, serán ellos quienes cuenten su versión de la historia. Aunque algunas productoras hablen de dictadura o del ‘Me Too’, lo hacen desde su mirada de hombres, de entornos privilegiados y desde Santiago. Las mujeres pobres y, sobre todo, las de regiones, estamos excluidas de cualquier representación mediática. Esto no es nuevo: lo vemos en las historias de las detenidas desaparecidas. Los hombres fueron registrados y buscados por sus madres y esposas, quienes sostuvieron su búsqueda hasta hoy. Pero las mujeres no figuran en los registros, y sus historias se desconocen. Si no fuera por otras mujeres torturadas o ex presas políticas, quizás nadie las nombraría. Sin embargo, ellas nos abrieron el camino, y creemos que cada cosa que hoy podemos hacer es gracias a ellas”, explicó Fernández.
La representación de las mujeres en el cine y la televisión es una de las grandes preocupaciones que movilizan a esta creadora audiovisual. “Desde pequeña me costaba imaginarme como directora o periodista, porque no conocía experiencias exitosas de mujeres en esos roles. Había pocas, pero no por una imposibilidad biológica, sino por un orden cultural establecido. Y aunque hoy esto parece obvio, hay quienes intentan reinstalar esa vieja idea, y mucha gente la cree; probablemente hay un miedo al cambio que paraliza y polariza. Nosotras vemos que este cambio es para fortalecer lo comunitario, lo amoroso, lo humano, hay que crear esas imágenes de encuentro cariñoso para combatir el miedo”, confesó.
Otro estereotipo que el equipo debió enfrentar, fue el criminalizar a las víctimas de la dictadura. “Se decía que eran terroristas, cuando la mayoría eran amantes de la humanidad: profesores y profesoras sacrificados, idealistas, artistas. Nadie perfecto, pero no sociópatas como los que vemos hoy en el poder. Y cuando se habla de mujeres pobres o de regiones, se nos caricaturiza como campesinas, marginales o flaites, sin educación. Pero hay muchas historias distintas: voluntarias de iglesias, escritoras, amigas leales, hijas, hermanas, madres, investigadoras, científicas, arquitectas, políticas… Reducirnos es invisibilizarnos. No quiero culpar a los hombres, sino escribir, hablar y tomar la pantalla para mostrarnos. Por eso había que partir por las más invisibilizadas y anuladas: las detenidas desaparecidas en dictadura”.
Palabras a las que la directora añadió que “sé que muchas personas consideran vano y absurdo seguir hablando de esto después de 50 años. Sin embargo, en un contexto de negacionismo creciente y el intento explícito, en todo el mundo, de borrar la historia de las mujeres y su aporte, creo que es necesario insistir: contar nuestras historias desde diferentes perspectivas, abrir diálogos, alimentar los recuerdos y la memoria desde lo colectivo”.
La única proyección de “La cueca de la memoria” -en el Centro Cultural Teatro Dante de Talcahuano- es con entrada liberada (120 butacas disponibles).