Las intensas precipitaciones de las últimas semanas y la acumulación de nieve abren la posibilidad de reducir a cero la carencia histórica, mientras embalses clave como Ralco y el lago Laja alcanzan niveles de reserva fundamentales para el riego y la generación eléctrica de cara al verano.
Luego de semanas de intensas precipitaciones, la acumulación de agua ha llegado a cifras que podrían, incluso, revertir el escenario de sequía estructural que ha golpeado a la región por casi 18 años consecutivos.
A principios de julio, antes del inicio del sistema frontal, la comparativa histórica de los últimos 30 años presentaba un déficit de lluvia de entre un 55% y un 58%.
Actualmente, este número se ha reducido a un rango de entre un 20% y un 22%. Inclusive, se proyecta que la región podría acercar este déficit a cero o consolidar un superávit. Así lo confirmó Matías Mendoza, director regional de la Dirección General de Aguas (DGA).
En la comparativa anual contra el año anterior, este escenario ya es positivo: a poco más de un mes y medio de invierno, la región tiene un superávit promedio del 12%. Sumado a lo anterior, otro factor que ayudará a mantener niveles de agua favorables para el sector productivo y la salud ecosistémica en la temporada estival es el aporte nival.
Según explica Mendoza, la estación de medición de Alto Mallines registra entre 85 y 86 centímetros de nieve caída, una diferencia abismal comparada con la cifra del año pasado, donde a la misma fecha se había registrado tan solo 1 centímetro. Esta acumulación se traduce en aproximadamente 200 milímetros de agua extra disponible para el verano.
Una preocupación constante de las poblaciones ribereñas es la crecida del caudal producto de las precipitaciones en la zona del Alto Biobío. No obstante, el embalse Ralco cuenta con una característica que resulta sumamente positiva para asegurar el riego y la generación eléctrica durante el periodo de estiaje, ya que es el único a nivel regional que posee capacidad de regulación.
De hecho, según detalla la autoridad regional, el embalse pasó de estar al 40% de su capacidad a estar cerca del 100%, alcanzando alrededor de 1 mil 120 millones de metros cúbicos de agua almacenada.
Sumado a lo anterior, el sistema del río Laja, una de las subcuencas más importantes del río Biobío, también cuenta con niveles de reserva superiores. El lago Laja, que alimenta esta arteria principal, experimentó un aumento aproximado del 27% al 28%, pasando de 890 millones a 1 mil 130 millones de metros cúbicos de agua. Esta recarga profunda beneficia directamente el suministro hídrico para riego en comunas clave como Los Ángeles, Cabrero y Tucapel.
Todo este escenario de lluvias y recuperación hídrica es impulsado por la inestable condición meteorológica denominada “Súper Niño”.
Se espera que, producto de la posibilidad latente que trae este fenómeno, las caídas de agua en forma de lluvias primaverales se extiendan durante agosto, septiembre y octubre. Esto, si bien exige mantener las precauciones de seguridad ante emergencias, resulta fundamental para aliviar sustancialmente el estrés hídrico de la zona y otorgar una ventana de estabilidad ecosistémica y agrícola para el próximo año.