Experto sostiene que la actualización de la normativa avanza demasiado lento frente a la expansión de las edificaciones. Además, llama a exigir detectores de humo en las viviendas.
El reciente incendio que obligó a evacuar un edificio de 15 pisos en Santiago, sumado al siniestro registrado hace pocos días en un edificio habitacional del sector Pedro de Valdivia de Concepción, volvió a poner sobre la mesa los desafíos que enfrentan las ciudades ante emergencias en edificaciones en altura.
En una ciudad como Concepción, donde la construcción vertical ha crecido sostenidamente durante los últimos años, ese desarrollo también ha elevado las exigencias para enfrentar este tipo de escenarios.
Especialistas advierten que la preparación no depende únicamente de la calidad de las edificaciones, sino también de la actualización de la normativa, el mantenimiento de los sistemas de seguridad y la capacidad de respuesta de las instituciones.
En diálogo con Diario Concepción, el prevencionista de riesgos, docente de la Universidad Técnica Federico Santa María (USM) y consultor en Gestión de Emergencias y Protección Contra Incendios, Paolo Fregonara, sostuvo que el nivel de preparación frente a este tipo de emergencias aún presenta rezagos respecto de los estándares internacionales más avanzados.
“La normativa chilena, si bien es bastante exigente, está aún deficitaria en relación con los últimos avances tecnológicos a nivel mundial. Está por debajo de lo exigido en países desarrollados como Estados Unidos o los países de Europa”, explicó.
A su juicio, uno de los principales problemas no radica únicamente en la normativa vigente, sino en lo que ocurre una vez que los edificios comienzan a operar.
“Como no existe certificación de seguridad de las edificaciones, una vez que es aprobado por las direcciones de obras municipales la recepción del edificio, prácticamente los sistemas contra incendios no los verifica nadie. No se requiere ninguna inspección, mantención o certificación para garantizar que los dispositivos estén en funcionamiento”, advirtió.
Según Fregonara, aquello provoca que con el paso del tiempo muchos edificios dejen de mantener el estándar de seguridad con el que fueron recepcionados.
El consultor señaló que es natural que la regulación avance detrás del desarrollo tecnológico y de la industria de la construcción. Sin embargo, advirtió que el verdadero desafío “es con qué velocidad vamos detrás del desarrollo”.
Inmediatamente recordó que uno de los principales cambios en materia de protección contra incendios ocurrió tras el incendio de la Torre Santa María, en Santiago, tragedia que impulsó importantes modificaciones regulatorias.
Vale mencionar que actualmente, la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones (OGUC) exige que los edificios de siete o más pisos cuenten con zonas verticales de seguridad que permitan evacuar protegidos del humo y del fuego, además de alumbrado de emergencia y otras medidas destinadas a facilitar la evacuación y el trabajo de Bomberos.
Asimismo, la normativa establece que las redes de incendio —como la red húmeda y la red seca— deben cumplir las exigencias técnicas del Reglamento de Instalaciones Domiciliarias de Agua Potable y Alcantarillado (RIDAA).
Respecto a los incendios estructurales, el especialista aseguró que las edificaciones modernas están diseñadas para evitar un colapso y permitir la evacuación segura de las personas. Sin embargo, advirtió que el principal desafío se encuentra en la capacidad de respuesta de las ciudades.
“La problemática está para llegar a extinguir los posibles incendios. Y ahí el problema son las capacidades que tienen las ciudades para poder responder”, afirmó.
Precisamente, esa capacidad de respuesta ya había sido advertida por el Cuerpo de Bomberos de Concepción. En 2025, la institución informó que no contaba con una escalera telescópica operativa para rescates en altura y que, ante este tipo de emergencias, debía apoyarse en unidades provenientes de Talcahuano y Penco, mientras impulsaba la incorporación de nuevos carros especializados para este tipo de procedimientos.
En ese sentido, Fregonara apuntó a la necesidad de fortalecer el equipamiento de respuesta y actualizar parte de la infraestructura urbana. “Las redes de grifos son deficitarias. La normativa de grifos no responde a la realidad actual de las ciudades”, agregó.
Más allá de la respuesta de los organismos de emergencia, el especialista sostuvo que la prevención también depende del trabajo cotidiano al interior de las comunidades.
“El rol de los administradores es fundamental para prevenir y también mitigar. Ellos son los responsables de que los planes de emergencia y evacuación se mantengan vigentes, de que exista entrenamiento de la comunidad y de que los dispositivos contra incendios estén funcionando”, explicó.
Entre otras tareas, indicó que la administración de cada inmueble debe velar por el correcto funcionamiento de las redes húmedas y secas, mantener despejadas las vías de evacuación y asegurar que las zonas verticales de seguridad permanezcan operativas.
Como cierre, Fregonara advirtió que Chile aún mantiene una brecha respecto de otros países en materia de detección temprana de incendios. Si bien la normativa contempla sistemas de detección en áreas comunes de muchos edificios, sostuvo que todavía no existe una obligación general de instalar alarmas de humo individuales al interior de las viviendas.
En ese contexto, manifestó su respaldo a las iniciativas que impulsa Bomberos en el Congreso para hacer obligatoria la instalación de detectores de humo al interior de las viviendas, especialmente en hogares donde viven personas mayores, niños o personas con movilidad reducida.
“Eso aumenta la velocidad de detección de posibles incendios, la llegada de Bomberos va a ser mucho más temprana y, por sobre todo, la sobrevida frente a incendios es mucho más alta”, concluyó.