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Patrimonio Humano Vivo de la ciudad: la historia de los hombres del carbón

De manera institucional, Lota reconoció a los extrabajadores del mineral. Testimonios locales que están disponibles en las plataformas digitales de Medios UdeC.

Por: Nelson Ojeda 02 de Mayo 2026
Fotografía: Isidoro Valenzuela M.

La industria de la minería ha mutado bastante en las últimas décadas. Esto va desde las formas de producción hasta instrumentos de trabajo, medidas de seguridad; pero sobre todo la dinámica de quienes se desempeñan en la extracción de materiales desde la tierra.

Hoy lo normal es ver, semana a semana, terminales y aeropuertos repletos de trabajadores que van y vienen desde las minas, hacia o desde distintas ciudades de origen. Se rigen por sistemas como el 14 x 14, haciendo que el minero conviva tanto en la faena como en su comuna original, la que puede ser totalmente distinta a la que reside el resto de sus colegas.

Pero existe un lugar en Chile donde el minero nunca se fue, se quedó a contar su historia. Pese al cese de producción, hace casi 30 años, el hombre del carbón no abandonó el territorio donde trabajó y creció, tal como sus padres, hermanos, tíos, abuelos y amigos de la vida… esa ciudad es Lota.

Cousiño y el inicio

En la costa del Golfo de Arauco se escribió uno de los grandes capítulos de la crónica industrial y energética del país.

En 1852 Matías Cousiño comenzó a explotar las minas del carbón. Eso fue abrir la llave de paso para que después se fundara la empresa encabezada por Federico Schwager.

Así y teniendo como efecto correlativo la migración de campesinos a la urbe, Lota comenzó a ser la ciudad de los mineros. El “colchón” y “espaldarazo” económico era evidente. La labor carbonífera se traducía en una ciudad que en 1897 contaba con “Chivilingo”, la primera central hidroeléctrica de Chile y la segunda en Sudamérica, por ejemplo.

Pero en el lado menos amable surgieron y se consolidaron problemas sociales que tenían que ver con las condiciones laborales abajo de los mantos de tierra, la vida en sociedad, la sanidad y salarios.

A inicios del 1900 quien retrató con total exactitud todo lo anterior fue el escritor local, Baldomero Lillo. Sus obras, Sub-Terra y Sub-Sole hasta hoy son los grandes baluartes literarios del realismo chileno, mediante los cuentos y crónicas de la vida obrera en Lota.

Toneladas de carbón

Desde la irrupción de la firma de Cousiño hubo una serie de empresas, fusiones y cambios de nombres de la empresa originaria.

Con la labor del carbón en curso, desde 1970 el Estado de Chile, mediante Corfo, pasó a ser el accionista mayoritario de la Carbonífera Lota-Schwager S.A. En diciembre de 1973 pasó al nombre de Empresa Nacional del Carbón S.A. (Enacar), la que entre 1979 y 1981 producía hasta 500 mil toneladas al año.

Sin embargo, con el paso del tiempo y la irrupción de nuevas tecnologías y medios de energía y calefacción, el mineral de Lota comenzó a perder protagonismo tanto a nivel local como en el extranjero.

El cierre de Enacar

El 17 de mayo de 1996 se registran 97 despidos desde Enacar. Los trabajadores y sindicatos de forma inmediata se dieron cuenta de que era el inicio de un escenario totalmente en contra.

Comenzaron las tomas de las minas, las ollas comunes, huelgas de hambre, protestas y gestiones de los dirigentes con el Gobierno central de la época que encabezaba el Presidente Eduardo Frei. Dos meses después, 300 mineros llegaron en protesta a Santiago.

Como consta en la edición del 22 de abril de 2018 de Diario Concepción, con motivo de los entonces 21 años del cese de las minas, “en medio del caos surgió un acuerdo casi informal donde los dirigentes aceptaron del Gobierno ´el despido de un total de 426 trabajadores, con la esperanza de que la mina de Lota no cerrara. Es el llamado protocolo 96. El resto de la masa obrera se siente en parte traicionado por sus líderes sindicales. El tren regresa a Lota con cientos de despedidos. Es el tren de la derrota.’ (Rivas V., La Ciudad de Los Mineros)”.

“De esta manera se abandona la paralización, se entrega el Pique el día 26 de julio y finalmente, en agosto de 1996 se despedían a 426 mineros. Pocos meses después, el 16 de abril de 1997, el Presidente Eduardo Frei anunció el cierre de las minas en Lota, que llevaban 150 años funcionando. “Lo único que quedó de eso son los empleos de emergencia. De hecho, ahora hay muchos más que entonces”, contó a fines de los 90´ José Carrillo, dirigente sindical en la época del carbón”, sostiene también el archivo.

El minero, Patrimonio Humano Vivo

Desde entonces la historia es más que conocida. Los planes estatales sobre apoyo y mitigación no dieron resultado. Los cursos de peluquería, soldadura y panadería no revirtieron la situación.

Los índices de cesantía se petrificaron en la sociedad lotina, pero todos aquellos que se dedicaban a bajar por las vetas de la tierra se quedaron a contar su historia.

Ahora, mediante decreto municipal, el municipio de Lota nombró como Patrimonio Humano Vivo de la ciudad a la figura de los exmineros del carbón. De esta manera se debe establecer un registro municipal de patrimonio vivo y una ceremonia anual de reconocimiento a quienes se desempeñaron en las faenas de la cuenca.

Jorge Orellana, exminero de Enacar, recuerda la vida de la ciudad. Detalla la distribución y dinámicas de la comuna de acuerdo al rol de cada uno dentro de la empresa. Los clásicos pabellones, como es conocido de manera amplia, es donde residían los mineros y sus familias.

Para Orellana el reconocimiento del municipio es importante pero, advierte, esto tuvo que haber sido a nivel estatal sumando pensiones para quienes durante generaciones trabajaron hasta por 12 horas diarias, con el mar sobre sus cabezas, y que luego se vieron sin estabilidad laboral.

Miguel Reyes, otro exminero que conversó con Medios UdeC, agregó que también siente que es importante la figura de Patrimonio Vivo.

“Somos los últimos que vamos quedando de los mineros del Carbón. Cuando nos quedamos sin trabajo a muchos se nos cerraron las puertas. No nos daban trabajo en otras partes al cargar con un estigma que se creó al ser nosotros provenientes de Lota”, dijo Reyes afuera de la Parroquia San Matías Apóstol de Lota Alto, lugar donde se veló a uno de los más influyentes personajes de la minería local y social de la ciudad: Fernando Concha San Martín, “El Puma”.

Crédito: Isidoro Valenzuela M.

Concha falleció esta semana a la edad de 88 años. Tanto Orellana como Reyes integraron una guardia de honor junto al féretro. Lo hicieron al estilo de los obreros del mineral: casco y lámpara en la parte alta, como una especie de mástil que carga una bandera llena de simbolismos.

Fernando Concha, a fines de los 80 se hizo conocido en todo el país por su participación en “Sábado Gigante”. En aquel capítulo, Mario Kreutzberger lo presentó como uno de los hombres más importantes del movimiento sindical y social de la época.

“Me regaló una tele y 100 lucas. Claro que el cheque era del Banco de Talca, que justo quebró. Así que no lo pude cobrar”, dijo Concha durante una manifestación pública, al Diario La Cuarta, en abril de 2008, cuando se cumplieron 11 años del fin de Enacar.

Miguel Concha, hijo de “El Puma”, comentó que como familia se quedan con el gran recuerdo de un hombre que a sus 17 años bajó por primera vez a la mina.

De aquel momento en la televisión abierta Miguel se acuerda con total detalle. Al igual de lo que fue la labor de su padre en la comuna lotina y los alrededores de la Cuenca del Carbón.

“Se encargó de siempre llevar sus banderas. La de una sociedad mejor”, concluyó Miguel, quien hoy tomó la posta de su padre como dirigente, pero en el Puerto de Coronel.

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