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Tras millonario robo a pasos de tribunales, Carabineros y Ejército: vecinos dudan de seguridad del sector

Un hecho delictual en pleno corazón institucional del centro penquista activó inquietudes. Locatarios y trabajadores advierten que la cercanía de edificios institucionales no garantiza mayor protección.

Por: Hugo Ramos Lagos 25 de Abril 2026
Fotografía: Isidoro Valenzuela M.

Una manzana que fácilmente podría considerarse entre las más resguardadas de Concepción —por su cercanía inmediata con la Octava Zona de Carabineros, el Comando de Operaciones Terrestres del Ejército de Chile y el Palacio de Tribunales de Justicia— terminó convertida en el escenario de un millonario y sofisticado robo.

La madrugada del pasado lunes, mientras el sector permanecía vacío, desconocidos ingresaron a un edificio ubicado en O’Higgins #980 y avanzaron metódicamente. Forzaron accesos, anularon sistemas de seguridad y recorrieron oficina por oficina, sustrayendo especies desde al menos cinco locales comerciales y dependencias profesionales.

Equipos electrónicos, cámaras y productos de valor formaron parte de un botín cuyo avalúo preliminar bordea las decenas de millones de pesos. La secuencia —coinciden los afectados— no fue improvisada: hubo tiempo, selección y un nivel de ejecución que sugiere conocimiento previo del lugar.

Para un sector donde diariamente circulan autoridades del sistema de justicia y personal policial, la escena de esa mañana mostraba una rutina alterada: accesos forzados, cerraduras dañadas y pasillos sometidos a peritajes.

Con ese contexto, entre locatarios y trabajadores comenzó a instalarse una pregunta: ¿cómo pudo ocurrir un robo de esta magnitud a metros de algunos de los principales enclaves de seguridad de la región?

A primera vista, el episodio podría parecer aislado. Sin embargo, otros hechos ya venían dando cuenta de un cambio en la dinámica del entorno. En julio de 2025, el mismo entorno fue escenario de un hecho de violencia armada, donde un joven de 18 años resultó baleado en plena vía pública, frente al acceso principal de Tribunales. En esa ocasión, los responsables escaparon a pie y abordaron locomoción colectiva sin mayor complejidad, pese a la presencia policial en las inmediaciones.

Hechos distintos, pero unidos por un mismo punto geográfico, tensionan una premisa extendida: que la cercanía física con recintos policiales, militares y/o judiciales constituye, por sí sola, una garantía de seguridad. Los antecedentes, sin embargo, sugieren que tales “anillos institucionales” no necesariamente se traducen en una disuasión efectiva.

Percepción tras el robo

Fernanda Andrade, encargada del Instituto de Peluquería y Belleza Innova en Concepción —uno de los espacios afectados por el robo— abordó esa tensión. “Fui la primera en llegar, al principio no había señales de que hubiese pasado algo, pero al ingresar me empecé a dar cuenta de que había puertas intervenidas”, relata.

El recorrido por el edificio terminó por confirmar la sospecha: “Subí por las escaleras y la oficina de al lado y la mía estaban abiertas de par en par, con todo revuelto”.

Chapa de puerta forzada | Foto: cedida.

“Ahí supe que habíamos sido víctimas de un robo y comencé a avisar a mi jefatura, a Carabineros, al administrador del edificio y a los vecinos”, explica. La escena, describe, contrastaba con la normalidad del lugar, que habitualmente concentra un alto flujo de personas. “Somos un instituto que capacita alumnos constantemente, entonces acá hay movimiento todo el tiempo”, agrega.

Gabinete parcialmente sustraído | Foto: cedida.

 

Bolso olvidado por los delincuentes a medio camino | Foto: cedida.

Ese contexto, precisamente, es el que —según plantea— hacía impensado un hecho de estas características. “Estamos en pleno centro de Concepción, con tribunales y Carabineros cerca. Creíamos que era un sector relativamente seguro”, afirma. Sin embargo, tras lo ocurrido, esa percepción cambió de forma drástica: “No contábamos con esta sensación de inseguridad que nos quedó ahora”.

Aunque Andrade evitó asegurar que se trató de un delito planificado, reconoce que existen elementos que refuerzan esa idea. “Tenemos algunos antecedentes porque el DVR se mantuvo, pero no hemos podido identificar rostros y en un momento se corta el registro”, señala. A eso se suma una impresión que, dice, les dejó el recorrido por el lugar: “Da la sensación de que no alcanzaron a llevarse todo. Encontramos cosas a medio camino”.

Hoy, más allá de las pérdidas materiales, lo que predomina es la incertidumbre. “Quedó una sensación de inseguridad latente, de que esto podría volver a suceder”, advierte. En particular, identifica momentos de mayor vulnerabilidad: “Esto fue un domingo, cuando el edificio estaba prácticamente vacío. Ahí es donde quedamos más desprotegidos”.

Mirada de otros locatarios

A pocos metros del edificio afectado, Fabián Cortés, dueño de la librería Neo Zeon —ubicada en O’Higgins 950B—, observa el fenómeno desde una vereda distinta. “Personalmente no he sentido una presión directa de robos”, comenta, aunque matiza de inmediato: “sí hay que estar atento a quién entra y a quién no, sobre todo porque a veces circula gente que uno no conoce”.

En su caso, la dinámica del lugar también incide en esa vigilancia. “Acá la mayoría son mujeres las que atienden, y los horarios igual influyen”, explica, apuntando a una preocupación más cotidiana que estructural. Aun así, reconoce que el comercio en el sector no es ajeno al problema: “en general siempre ha sido una zona donde hay que tener cuidado, eso es algo asumido”.

Sobre el reciente robo en el vecino edificio, Cortés introduce un matiz relevante: más que un quiebre total, lo interpreta como parte de una realidad que convive con distintos niveles de riesgo. “La sensación de seguridad es bien relativa”, plantea. Y agrega: “hay focos donde debería haber más atención, sobre todo considerando el valor de las cosas que se manejan”.

Esa percepción se conecta directamente con la presencia —o ausencia— de control en el sector. “Carabineros antes pasaba harto, cuando abrimos hace un par de años incluso nos fiscalizaban seguido”, recuerda. Sin embargo, advierte un cambio: “ahora se ve poco. Hay sectores donde se nota más presencia, pero acá no tanto”. Una diferencia que, a su juicio, incide en cómo se experimenta la seguridad en el día a día.

Por su parte, Elba Álvarez, quiosquera de calle O’Higgins justo frente a Tribunales, describe un escenario más persistente. “La verdad es que existe mucha inseguridad acá en el centro, y no es de ahora, es de hace tiempo”, afirma, recogiendo también lo que —según señala— le han transmitido otros locatarios del sector.

Si bien reconoce una mayor presencia policial durante el día, advierte que el problema se desplaza a otros momentos de la jornada: “Carabineros se ha visto más, pero en la noche es cuando entran a robar, es cuando no hay nadie, y no todos los locales tienen cámaras”.

Esa vulnerabilidad, dice, no es solo percepción. Tras darse el reciente robo en el edificio cercano, su propio kiosco evidenció señales de un intento de ingreso. “Al otro día mi kiosco estaba con los cables de arriba rotos, se notaba que intentaron abrirlo”, relata.

Para Elba, la cercanía con recintos policiales o judiciales no marca una diferencia sustantiva: “A los delincuentes les da lo mismo eso”, sostiene. Y resume la experiencia cotidiana del rubro en el sector: “A uno le roban igual, tiene que estar prácticamente afuera para que no te saquen cosas”.

Sector de Tribunales por la noche | Foto: archivo Diario Concepción.

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