El municipio respaldó su estrategia preventiva y evacuaciones. En tanto, vecinos narraron las horas más críticas del paso del fuego y el inicio de la recuperación.
Luego de los incendios forestales que durante el fin de semana avanzaron con rapidez hacia sectores urbanos de Penco y Lirquén, forzando evacuaciones nocturnas y la activación de medidas excepcionales de seguridad, la situación comenzó a mostrar señales de mayor control este lunes. Sin embargo, el impacto del fuego dejó amplias zonas dañadas y barrios completos enfrentando ahora las consecuencias materiales y humanas de la emergencia.
Con el avance del incendio mayormente contenido, el foco se desplazó desde el combate directo de las llamas hacia la evaluación de la respuesta desplegada. En particular, la atención se centró en la planificación preventiva, los planes de evacuación aplicados y la forma en que estos operaron en el territorio durante las horas más críticas. En ese contexto, el alcalde de Penco, Rodrigo Vera, defendió la preparación previa del municipio y sostuvo que este tipo de emergencias “se planifica con tiempo” y forma parte de una estrategia comunal de largo plazo.
“Esto va en una estrategia de desarrollo”, afirmó el jefe comunal, asegurando que existía coordinación con Senapred y que el municipio había ejecutado programas de limpieza y manejo preventivo en distintos puntos de la comuna. “Nosotros teníamos un programa de limpieza y ordenamiento en la comuna, por lo tanto, todo lo que fue cortar los cortafuegos se hizo en forma oportuna”, sostuvo, subrayando que estas acciones fueron clave para reducir el impacto del fuego en sectores estratégicos.
Como ejemplo, Vera destacó intervenciones financiadas con recursos municipales en áreas cercanas a infraestructura sensible. “Si nosotros no hubiésemos intervenido todo el sector de Vipla y Lord Cochrane —y lo digo con certeza—, el escenario habría sido distinto, porque el punto de comando donde coordinamos todas las operaciones de Bomberos y Carabineros era al lado del Hospital de Lirquén, y al frente cortamos todo”, señaló.
En cuanto a la evacuación propiamente tal, aseguró que la comuna mantiene un trabajo permanente de preparación mediante simulacros. “Nosotros estamos continuamente haciendo simulacros, simulacros de tsunami, simulacros de incendio; estos simulacros se hicieron”, afirmó.
De acuerdo con su relato, el llamado a evacuar se realizó durante la noche y con margen suficiente. “Nosotros llamamos a la evacuación a las 11 de la noche, entonces tuvimos más de una hora y media para evacuar”, sostuvo, añadiendo que “la gente tiene una cultura cívica, la gente sabe por dónde evacuar”, aunque reconoció que la magnitud del incendio superó cualquier escenario habitual.
Con la emergencia mayormente contenida y mientras desde el municipio se defendía la planificación previa y los planes de evacuación aplicados, en el territorio la experiencia adquirió otra textura. En la población Lord Cochrane, uno de los sectores residenciales alcanzados por el avance del fuego, algunas viviendas lograron mantenerse en pie y comenzaron a transformarse en puntos de apoyo para la recuperación, en medio de un entorno marcado por la destrucción.
Desde allí, vecinos relataron a Diario Concepción cómo se vivieron las horas más críticas de la emergencia, marcadas por evacuaciones improvisadas, rutas bloqueadas y la falta de agua. Una experiencia que, más allá de los balances oficiales, se resolvió muchas veces desde la organización comunitaria, la solidaridad y decisiones tomadas bajo una presión extrema.
Pedro Paredes, vecino del sector, observa hoy una casa que sigue en pie en medio de un entorno arrasado. “Esta casa es mía, pero vive mi hijo”, aclara. La vivienda que él ocupaba, ubicada más abajo del cerro, fue consumida por las llamas. “Fue la última en quemarse (…) fue como a las seis y media de la mañana”, relata. Según su testimonio, no hubo margen de reacción. “Yo estaba viendo que mi casa se estaba quemando, pero no se podía hacer nada porque no había agua”, señala.
La evacuación, dice, fue una huida marcada por la urgencia y la falta de alternativas. “Realmente tuvimos pocos segundos para escapar”, afirma. Durante el incendio intentó salir hacia la carretera, pero el fuego ya había cerrado esa vía. “Como se estaba quemando la corrida de casas no pude salir. Tuve que dar la vuelta por acá”, explica, describiendo cómo debió separar a su familia para buscar una salida distinta en medio del humo y las llamas.
Tras el incendio, el escenario sigue siendo precario, con servicios básicos interrumpidos y vecinos removiendo escombros por cuenta propia. “Tuvieron que haber puesto baños químicos para toda esta gente que está limpiando”, reclamó. Al mismo tiempo, reconoce que la vivienda se ha convertido en un punto de apoyo, desde donde hoy comparten agua, electricidad y ayuda básica con otros vecinos.
En paralelo, y durante esa misma noche, Jasmine llegó a su casa cerca de la 1 de la madrugada, alertada por la angustia de su esposo, que llevaba horas tratando de proteger la vivienda. En ese momento, el fuego aún parecía lejano. “Nunca pensamos que iba a llegar hasta acá”, recuerda. Con el paso de las horas, sin embargo, la situación cambió abruptamente. “Más o menos a las cuatro de la mañana cayó una chispa en la casa de enfrente y se empezó a incendiar todo de ahí para atrás”, relata.
Ante ese escenario, la evacuación fue una decisión tomada principalmente entre vecinos, más que a partir de instrucciones formales. “No sabíamos si de verdad se iba a encender su casa o la nuestra”, señala, explicando que algunos residentes se resistían a salir, mientras otros insistían en abandonar el sector ante el riesgo inminente. “Insistimos para que salieran porque no sabíamos qué iba a pasar”, comenta.
Tras el paso del fuego, el sector quedó sin electricidad y con cables esparcidos por el suelo. “Todos estos cables los corrimos juntos porque es peligroso que llegue la luz y pegue en la reja”, explica. Aun así, Jasmine destacó que, entre la angustia y el cansancio, surgió el apoyo mutuo. Vecinos que lograron salvar sus casas comenzaron a compartir agua, a prestar espacios y a colaborar con quienes lo perdieron todo. “Sentir que tu casa ya estaba a punto de quemarse es algo muy grande”, reflexiona, “pero también agradecemos estar aquí y poder ayudar a otros”.
Para Enrique Moya, vecino del mismo sector, lo vivido durante el fin de semana se resume en una sola palabra: “infierno”. Según relata, intentó proteger su casa mojándola y dejando recipientes con agua antes de evacuar. “Dejé unos lavatorios, unos cuartos con agua”, cuenta. Esa decisión, cree, fue clave para que su vivienda se salvara, luego de que dos vecinos lograran apagar un inicio de incendio con el agua disponible.
La evacuación fue abrupta y marcada por la preocupación por su familia. “Tuve que salir corriendo”, recuerda, tras sacar a su madre y a sus sobrinos en medio del avance de las llamas. El fuego, dice, no avanzaba solo por el suelo. “Era como si lloviera fuego”, describe. En ese momento, además, el suministro de agua se interrumpió por completo. “Se cortó el agua y ya no había más”, señaló.
Hoy, el sector sigue enfrentando dificultades, con servicios que se restablecen de forma parcial. “No hay agua todavía, de repente llega, pero es muy poca”, afirma. Aun así, Enrique destaca el apoyo que ha llegado desde familiares, vecinos y redes solidarias, como la entrega de gas y alimentos. En medio de las pérdidas, dice, el hecho de que algunas casas se hayan salvado y que los vecinos sigan organizándose se ha transformado en una señal de esperanza para un barrio que comienza, lentamente a mostrar señales de ponerse de pie.