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Los recuerdos del estibador que fue protagonista en la visita de Juan Pablo II

Por: Marcelo Castro | 13 de Enero 2018
Fotografía: Raphael Sierra P.

A casi 31 años de la homilía del Pontífice en el Club Hípico, este trabajador de Talcahuano repasa los entretelones de un día que nunca podrá olvidar.

A días de la llegada del Papa Francisco a Chile, en miles de penquistas vuelve a la memoria el recorrido que realizó Juan Pablo II por algunos sectores de Concepción durante la visita que realizó en el año 1987.

Miles lo vieron al pasar, muchos más lo siguieron por televisión.

Pero uno de los privilegiados que estuvo con él y recibió su bendición fue el estibador del Puerto de Talcahuano, Cesar Moraga (70), quien hasta el día de hoy lo atesora un episodio imborrable.

Moraga abrió las puertas de su casa a  Diario Concepción y compartió sus fotografías de esa jornada memorable. “El fotógrafo me  regaló los negativos y las fotos, esto ocurrió días después a que se fuera el Papa. Además, el fotógrafo que venía con su santidad me confundió con un minero, así que en todos los registros yo quede como minero”.

-¿Cómo surge la opción de estar con el Papa?

-Yo trabajaba en una parroquia acá en Concepción y se generó un consejo pastoral con la preparación de las actividades. En una de esas sesiones, nos invitan al visitar el Club Hípico para ver cómo estaba quedando el altar. Fue allí que el arzobispo Alejandro Goic me ofrece ser el representante de  los trabajadores ante Juan Pablo II. Yo le digo ¿con qué ropa? y el me responde “con la misma que andas, Gasparín”.

-¿Hubo alguna petición especial para el discurso?

-Para el discurso no, lo que sí me pidieron fue que no le contara a nadie. Yo no quería que nada se mezclara con lo que ocurría en el país en esa época, eso es una eucaristía y no un encuentro político, quizás por eso me eligieron.

¿Cómo sintió estar con el Papa?

-Esto no se saborea hasta horas después de lo ocurrido. Yo ese día estaba resfriado y ese día teníamos que estar a las 4 de la mañana en el Club Hípico, todo el rato estuve tomando un jarabe y acompañado de unos  nervios terribles. El saludo era corto, no más de un minuto, pero Juan Pablo II, le pide a uno de sus ayudantes para que me acerque. Ahí el me da una bendición para mí, mi familia y todos mis compañeros trabajadores.

-¿Cómo fueron esos días después al saludo?

-Bueno, todos mis vecinos me saludaban, los cercanos me llamaban para felicitarme, fue una gran sorpresa. Mi párroco me retó porque no le había comentado la situación, pero lo entendió. Había un riesgo si se sabía, porque un dirigente podría haber influido en mi discurso, pero el saludo fue de un trabajador de la Iglesia, no es un trabajador normal. En la celebración de la eucaristía no está permitido eso, y el mensaje no se entendió.

-¿Va a Temuco?

-No, por motivos de salud no puedo asistir, y es mejor, prefiero quedarme con los recuerdos de ese día.

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