Con más de 30 años de trayectoria, el investigador advirtió sobre las dificultades de inserción laboral de quienes se especializan en el extranjero y la necesidad de fortalecer los proyectos locales para facilitar su reinserción en Chile.
Distinguido por Lotería Concepción con el Premio Desiderio González Medina 2026 por su aporte a la ciencia, el académico UdeC e investigador del Centro EULA-Chile, Roberto Urrutia, abordó en conversación con Diario Concepción los desafíos del financiamiento científico en Chile, la formación de nuevos investigadores y el futuro de los centros de investigación.
Además, desde su área especializada analizó los problemas de planificación urbana del Gran Concepción y advirtió sobre los riesgos de construir sobre humedales y la importancia de las exigencias ambientales.
—Durante la premiación, usted dijo que este galardón fue un honor y una sorpresa. ¿Hay alguna investigación, proyecto o colaboración en particular que considere representativa de este reconocimiento?
—Yo creo que este reconocimiento es a la trayectoria. No hay una investigación en concreto, sino que es el resultado de más de 30 años trabajando en la Universidad de Concepción, que me han permitido estar, durante los últimos 10 años, entre los investigadores con mayor productividad científica de la institución.
Esta trayectoria también implica la obtención de diversos proyectos Fondecyt, que han permitido adquirir infraestructura y equipamiento, como el primer equipo de fluorescencia de rayos X en Sudamérica, que permite determinar elementos en testigos de sedimentos fundamentales para las reconstrucciones paleoambientales.
También he desarrollado investigaciones sobre las floraciones de cianobacterias, detectando cianotoxinas que pueden generar problemas de salud para la población y el ambiente.
—¿Hay alguien en particular, una persona o un equipo, a quien pueda dedicarle este reconocimiento?
—Siempre reconozco la importancia que tuvo el doctor Óscar Parra en mi carrera científica y profesional. Trabajé toda mi trayectoria académica con él y fue un ejemplo a seguir, además de quien me motivó a estudiar los ecosistemas acuáticos continentales, específicamente los lagos. Lamentablemente, falleció hace un par de meses, pero siempre ha sido mi referente científico.
—¿Considera que a la ciencia o a quienes se dedican a la investigación les falta reconocimiento en la región?
—Probablemente, el trabajo de los científicos no siempre es reconocido, pero no es un problema de la sociedad, sino que muchas veces nosotros mismos no divulgamos lo que hacemos. Nuestros resultados suelen publicarse en papers a los que la comunidad no tiene acceso. Somos responsables de divulgar nuestro quehacer, y a veces no somos buenos en hacerlo.
—También está la continuidad de la investigación. Hace poco conocimos la noticia de que el Centro CRHIAM, del que usted también formaba parte, no obtuvo financiamiento para continuar. ¿Cómo recibió esta noticia?
—Bueno, ahí hay que precisar que no fue por falta de recursos, sino que estuvo relacionado con las bases del proyecto. Nuestra propuesta no fue financiada y no sé cuál fue el criterio.
Claro que la noticia golpeó. Todos los que estábamos ahí esperábamos que nos aprobaran la continuidad, porque era un proyecto muy bien evaluado desde el punto de vista científico. Entre los centros que habían sido financiados, estábamos en el primer o segundo lugar, gracias a nuestra productividad, calidad científica y contribución a las políticas públicas.
—Entiendo que las vías de financiamiento son distintas, pero ¿cómo ve la situación actual del Centro Eula? ¿Existe el riesgo de que enfrente una situación similar a la del CRHIAM?
—Bien dices, son situaciones diferentes. El Centro Eula se autofinancia a través de los proyectos que generamos, principalmente para el sector público. Sin embargo, la disminución del financiamiento público ha reducido la cantidad de proyectos.
Hay poca inversión, especialmente en nuestra región, donde muchas empresas también se han visto afectadas por la situación económica, lo que nos ha perjudicado como centro.
Pero el Eula tiene más de 30 años y nos ha tocado atravesar situaciones difíciles. Confiamos en que, con nuestra gente y capital intelectual, vamos a poder continuar funcionando.
—Siguiendo con la discusión presupuestaria, sabemos que ha habido ajustes en Educación y Ciencia. ¿Cómo ve el escenario nacional y cómo afecta al trabajo investigativo?
—Son todas malas noticias. Uno esperaba que, por ejemplo, las reducciones que se habían producido para becas de posgrado en el extranjero se invirtieran mejor, porque el discurso es que hay programas en Chile. Si ese discurso fuera consecuente, se tendría que haber aumentado el presupuesto para las becas nacionales.
—¿Y cómo afecta la reducción de fondos para especializaciones en el extranjero a la formación de talentos para Chile?
—Como país tenemos el deber de invertir en investigación, porque es la única forma de salir del subdesarrollo. Nuestro sistema económico, basado en la extracción de recursos naturales, nos hace depender y ser extremadamente vulnerables a la economía mundial y los conflictos internacionales.
Formar talento local permite independizarnos de ese modelo y desarrollar tecnología. Hay países mucho más pequeños que Chile, con menos recursos naturales, que han invertido en ciencia y han logrado excelentes resultados.
—¿Considera que Chile está preparado para formar investigadores al nivel de quienes se especializan en el extranjero?
—Yo creo que nuestros programas de posgrado, a nivel de magíster y doctorado, tienen muy buen nivel. Sin embargo, hay que invertir en áreas donde no existen programas en Chile y fomentar becas en especialidades que sean estratégicas para el desarrollo del país.
También se debe invertir en centros de investigación para que quienes se forman en el extranjero puedan reinsertarse en el medio local. Porque no sacas nada con que vayan a especializarse si después no tienen dónde trabajar. Estamos viendo una crisis, con profesionales que terminan trabajando en otras áreas o están desempleados. Tenemos un país de cesantes ilustrados.
—Pasando a otro tema, usted tiene una amplia trayectoria en el estudio de ecosistemas acuáticos. ¿Qué visión tiene de la planificación urbana del Gran Concepción en relación con los humedales? ¿Qué cree que todavía no entendemos sobre nuestra zona?
—Es un problema que señalamos hace 30 años, a partir de los resultados de un proyecto Eula que identificó dónde construir y dónde no. El problema es que no se respetan los límites de los sistemas naturales, y lo vimos el último invierno, cuando muchas viviendas construidas sobre humedales tuvieron problemas de anegamiento e inundación.
Lamentablemente, la gente no lo entiende o, peor, aún entendiéndolo, lo hace igual, porque son terrenos de menor valor que se utilizan para construir viviendas sociales. Entonces, quienes se ven afectados son las personas de menores recursos.
—Recientemente se aprobaron los proyectos habitacionales Sandra Oliva I y II y Fuentes de Aníbal Pinto, ambos vinculados al humedal Paicaví. ¿Qué opinión le merece la compatibilidad entre este tipo de iniciativas y la protección de los humedales? ¿Cómo evalúa el papel de las exigencias ambientales en estos procesos?
—No conozco en detalle cuál fue el proceso de aprobación de estos proyectos, pero lo que mencionas forma parte del discurso de la permisología, donde se da un carácter negativo a las exigencias ambientales.
Lo que pasa es que muchas veces las empresas intentan ahorrarse lo más posible en trámites porque los consideran una pérdida de recursos y un obstáculo para el desarrollo económico.
No digo que todo sea así, pero muchas veces lo hemos visto. Si el sistema hubiera funcionado, no habríamos tenido tantas construcciones inundadas durante el invierno. Algo falló ahí.