El 16% de la población chilena, mayormente mujeres, sufre este trastorno que se manifiesta como intensa cefalea junto a varios síntomas que afectan el funcionamiento.
Cuando era niña, Carolina Neira comenzó a sufrir episodios de dolor de cabeza intenso acompañados de síntomas como malestar de estómago, náuseas, sensibilidad a la luz y ruidos e incluso olores, cansancio y efectos en su ánimo, energía, concentración y capacidad de realizar sus actividades normales.
Tras diferentes consultas médicas y pruebas llegó el diagnóstico: migraña. Y acompaña hasta hoy a sus 38 años y la seguirá acompañando, con esas crisis regulares que pueden durar de horas a días y tienen complejas repercusiones.
“La migraña me limita en todo sentido y afecta mucho mi bienestar: hace que todos mis sentidos se alteren y me causa muchos malestares, dificulta mi rendimiento en mi trabajo, impide hacer mi vida normal, porque si tengo algo planeado debo cancelarlo”, expone la ingeniera oriunda de San Pedro de la Paz.
Y añade complejidad lo mal entendido y cargado de creencias erróneas o prejuicios que es el padecimiento con el que debe vivir: “no toda la gente logra entender la situación, porque se tiende a relacionar la migraña con un simple dolor de cabeza que pasará fácil con un paracetamol, o ciertos efectos a mal carácter o poca paciencia, cuando no es así”.
Su vivencia es compartida con muchísimas personas. Los datos para Chile indican que la migraña afecta a cerca del 16% de la población y la Organización Mundial de la Salud (OMS) la ubica entre las 20 enfermedades más incapacitantes, sobre todo en menores de 50 años y mujeres, donde es tres veces más frecuente que en varones.
“La migraña es una enfermedad que es una combinación de cefalea asociada a desbalance de neurotransmisores que causan varios síntomas que, en su conjunto, generan incapacidad para funcionar adecuadamente”, advierte el doctor Francisco González, neurólogo de Clínica Biobío y Hospital Las Higueras.
Aunque reconoce que es poco comprendida como afección y quienes la padecen pueden resultar estigmatizados como que son exagerados, muy sensibles o buscan excusas para no cumplir sus deberes, lo que hace necesario educar a la población de lo que significa.
En este contexto, el 12 de septiembre se conmemora el Día Internacional de Acción contra la Migraña para concientizarla como una enfermedad con grandes impactos sobre la calidad de vida.
La migraña es un trastorno neurológico crónico de la que existen distintos tipos.
En términos generales, el especialista explica que “como cuadro clínico, habitualmente inicia en adolescentes o adultos jóvenes y se presenta con episodios recurrentes de cefalea que puede ir de moderada a severa intensidad de 4 hasta 72 horas de duración, es generalmente incapacitante y puede asociarse a náuseas, vómitos o molestias con la luz o ruidos”.
Hay casos con síntomas que pueden ocurrir horas o días previo a las crisis, entre los que menciona fatiga, dificultad para concentrarse, irritabilidad, bostezos frecuentes y trastorno del ánimo.
“En algunos tipos de migraña, pueden ocurrir con ‘aura’, síntomas que preceden a la cefalea que pueden durar varios minutos y típicamente ceden al inicio de la crisis de dolor, como alteraciones sensitivas, visuales o del lenguaje”, añade.
Y hay casos de migraña crónica con 15 e incluso más días al mes con dolor y sintomatología.
La diversidad de cuadros que se pueden presentar entre distintas personas comparte la gran afectación al bienestar general, normal desenvolvimiento y calidad de vida. Y entre más prolongados y/o seguidos son los episodios, mayor es el impacto.
Como principales factores de riesgo se han identificado biológicos como el sexo femenino y antecedente familiar.
También se han determinado gatillantes para algunos pacientes. “Por ejemplo, fluctuaciones hormonales, privación de sueño, estrés emocional, consumo de alcohol (especialmente vino), deshidratación, consumo de ciertos alimentos como chocolates o quesos conservados, e inclusive estímulos luminosos o sonoros intensos y prolongados”, detalla.
Para manejar la migraña y reducir los impactos de las crisis hay diversos tratamientos. Y para llegar al indicado primero se necesita tener una adecuada evaluación médica.
El neurólogo Francisco González explica que el diagnóstico es principalmente clínico, acorde a criterios definidos por la Sociedad Internacional de Cefalea. No hay una prueba específica, aunque se suelen realizar estudios complementarios para descartar otras causas de cefalea.
El diagnóstico lleva al tratamiento que debe ser personalizado, porque destaca que no todas las personas responden de igual al mismo tratamiento y en algunos casos se necesita ir probando distintas opciones hasta llegar a la efectiva.
Por un lado hay de tipo agudo para terminar la crisis cuando ha iniciado. Las líneas incluyen uso de fármacos analgésicos o anti-inflamatorios no esteroidales, triptanes o gepantes, y antieméticos si el cuadro se asocia a náuseas o vómitos.
Y hay tratamientos preventivos para reducir frecuencia, duración o intensidad de las crisis, para el que se pueden usar fármacos de distintas familias según cada caso.
Para el manejo también enfatiza como clave evitar los gatillantes conocidos de las cefaleas como falta de sueño, consumo de alcohol o cafeína, y deshidratación.
La falta de comprensión de la migraña hace común prácticas equivocadas que impiden su manejo.
El neurólogo afirma que el primer error es normalizar la cefalea y no acudir a evaluación para descartar causas, diagnosticar e indicar el tratamiento adecuado.
En el mismo sentido está la automedicación y/o uso incorrecto de medicamentos, incluyendo aquellos que no serán efectivos, dosis inadecuadas e inicio inoportuno del tratamiento.
Desde allí, advierte que “se debe tener especial cuidado con la condición de cefalea por abuso de medicamentos. En personas con cefalea recurrente, cuando se trata inadecuadamente, el uso de analgésicos en exceso o por tiempo prolongado puede generar alteración en la regulación del dolor y favorecer la cronificación de la cefalea”.
Por ello es un médico quien debe supervisar el tratamiento específico.
Para llegar al diagnóstico y tratamiento para la migraña u otro cuadro hay que saber cuándo consultar.
La primera clave que da el neurólogo es siempre consultar ante cefaleas recurrentes o que aumenten en intensidad y/o frecuencia. Además, se debe evaluar cuando hay cambios en el patrón habitual de las crisis de migraña como ubicación, intensidad o tipo de dolor, o falta de efecto de la dosis habitual de fármacos.
Y enfatiza que hay cuadros que requieren atención en servicios de urgencias: dolor de cabeza que se percibe como ‘el peor de la vida’, o de inicio súbito y muy intenso; síntomas neurológicos nuevos como debilidad a un lado del cuerpo, dificultad para hablar, confusión, alteraciones visuales o rigidez cervical; asociación con fiebre e inicio tras un traumatismo craneal.