Académicos y estudiantes UdeC constataron en terreno la regeneración natural de especies tras los incendios. El proceso evidencia la resiliencia de los ecosistemas, aunque persisten desafíos por especies invasoras.
A pocas semanas de los incendios estivales que afectaron la Región del Biobío, los primeros rebrotes de especies nativas comienzan a evidenciar el proceso de recuperación natural del bosque, marcando una etapa clave en la reconstrucción de estos ecosistemas.
En este contexto, estudiantes de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Concepción, junto al académico Dr. Eduardo Peña Fernández, realizaron una visita al estero Penco, donde pudieron constatar en terreno la regeneración de diversas especies, incluyendo el voqui estrellado (Herreria stellata).
Según los datos recogidos durante el trabajo en terreno, desde la tercera semana postincendio en Trinitarias aparecieron los primeros rebrotes de especies nativas tales como roble, naranjillo, peumo, boldo, maqui, mitique, huingán, quilo, culén y también especies introducidas como zarzamora, aromo y eucaliptus.
La experiencia de incendios anteriores ratifica que la mayoría de las especies nativas de la Región del Biobío rebrotan postincendio; con la excepción del coihue, que no rebrota si se muere la parte aérea.
“Como un ejemplo de aferrarse a la vida, la enredadera nativa ha rebrotado con mucho vigor, al extremo de que el crecimiento de sus guías es cercano a los 3,5 m de longitud. Otra especie que muestra muy buen rebrote postincendio es el roble, especie que en los individuos más delgados solo rebrotan desde la base del tronco, pero en los árboles más gruesos existe recuperación de su copa”, explicó el Dr. Peña.

En total, a dos meses y medio del incendio hay 24 especies rebrotando y con el paso del tiempo se agregarán otras que brotan de cuatro a cinco meses más tarde. El maqui, que es una de las primeras en rebrotar, alcanza ya 80 cm de altura, pudiendo llegar hasta los 2 m de alto en un año.
“La capacidad de rebrote y su buen crecimiento está determinada por una adaptación natural a eventos catastróficos como fuegos y fríos extremos, donde la parte aérea se ve afectada, pero su base y raíces siguen vivas, especialmente cuando son árboles gruesos que presentan un espesor de corteza mayor a 1 cm”, detalló el especialista.
El buen crecimiento se debe a que ese pequeño rebrote inicial está alimentado por un sistema radicular de gran dimensión que sigue vivo bajo la superficie del suelo. Otra razón es que, en la mayoría de los casos, el fuego libera su energía hacia la atmosfera -90% o más- y no calienta el suelo como para hacer un gran daño a las raíces o semillas.

“Desafortunadamente, no todo es felicidad. En la visita a terreno se detectó el avance de regeneración de Pinus radiata y otras especies invasoras hacia la zona de bosque nativo. Muchas plantas de pino germinaron con las primeras lluvias de marzo”, contó el experto UdeC.
El Dr. Peña añadió que lo más recomendable es que en octubre-noviembre, cuando ya estén todas las semillas germinadas, se realice un voluntariado para arrancar en forma manual los pinos. Esto sí o sí se debe realizar en el primer año, porque en el segundo ya es más difícil poder arrancarlos por su fuerte arraigamiento al suelo.
“Mirando a futuro, como regla general y para evitar el avance de los pinos hacia las áreas remanentes de bosque nativo, si alrededor de ellas hay plantaciones mayores a ocho años, como estas tienen banco aéreo de semillas (los conos o piñas), los pinos se deben derribar inmediatamente postincendio para evitar que las semillas vuelen hacia el bosque nativo”, especificó el docente de la Facultad de Ciencias Forestales UdeC.
La respuesta favorable del bosque nativo postincendio mantiene la esperanza de recuperar dichos ecosistemas. Lo primero es evitar que ocurran nuevos incendios en la misma área, porque van debilitando la recuperación natural.

Para acelerar el crecimiento de los rebrotes de especies nativas se debe ralear para dejar dos o tres vástagos de los más de 20 que suele haber en cada individuo, así alcanzarán una mayor altura en menor tiempo que si hay más de 20 vástagos creciendo en un mismo árbol.
“Pero también se deben controlar las especies introducidas, cuya invasión se ve favorecida por el fuego, ya que su competencia posterior puede generar la exclusión de las especies nativas, lo cual es fatal en una comuna como la de Penco, donde la presencia natural de bosques nativos es muy escasa”, cerró el profesor Peña.