Un puntaje insuficiente puede impactar emocionalmente, pero debe regularse pronto para explorar las diversas opciones de preparación y desarrollo que hay.
Con más o menos expectativas, dudas, nerviosismo o ilusiones, miles de jóvenes van a descubrir el puntaje que podría abrir la puerta al futuro proyectado, en algunos casos desde edades tempranas y/o moldeado por familias o contextos. Y no todos podrán experimentar de la misma forma.
Este lunes 5 de enero a las 8:00 horas se publican los resultados de la Prueba de Acceso a la Educación Superior (Paes) Regular, rendida en diciembre de 2025, y una hora más tarde inician las postulaciones hasta el 8 de enero. Y las decisiones no serán igual de fáciles para todos: para unos serán los puntos suficientes para sus alternativas, otros tendrán más que den nuevas opciones, y habrá quienes obtengan menos puntos de los esperados o necesarios para lo deseado, mientras un grupo aún no tiene claros sus intereses y chances.
Y cuando la expectativa no se cumple o hay confusiones, la familia tiene un rol determinante en cómo se afronta esta experiencia que puede ser compleja de procesar, pero que se puede y debe resignificar hacia el crecimiento.
El jefe del Centro de Apoyo al Desarrollo del Estudiante (Cade) de la Universidad de Concepción (UdeC), Jorge Roa, explica que cuando los resultados de una evaluación importante como la Paes no satisfacen es esperable que haya impacto emocional cargado a lo que se experimenta como negativo, con emociones como tristeza, desilusión, rabia, vergüenza, frustración o desmotivación.
En algunos casos se manifiestan verbal o notoriamente, pero también hay respuestas más internas y evitativas que lleven a ocultar estos estados.
En un parámetro de normalidad debe ser acotado en tiempo e intensidad: “la mayor preocupación hay que tenerla cuando se producen episodios de desregulación emocional y conductual, o cuando pasa de ser algo pasajero y se transforma en algo permanente”, sostiene.
La alerta es ante cambios y manifestaciones disruptivas, con malestar que interfiere en la vida diaria, lo que se debe atender oportunamente, activando redes familiares o institucionales y buscando apoyo profesional que permita prevenir o controlar síntomas y cuadros, expone el psicólogo Patricio Olate, especialista del Área Vocacional de la Dirección de Acompañamiento Académico al Estudiante de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (Ucsc).
Hay grupos en más riesgo de sufrir gran impacto emocional de estas experiencias, que individualiza en casos cuando el estudiante o su entorno han depositado altas expectativas en el puntaje y quienes viven esto como evaluaciones hacia su valor como persona o su esfuerzo y no como el indicador de desempeño académico que es.
Rendir la prueba que permite el ingreso a la educación superior, ahora Paes, es un hito relevante en la trayectoria estudiantil y no se debe desmerecer la importancia particular que tenga para cada persona, pero Olate releva como clave separar este resultado del valor personal y social, tanto en jóvenes como sus familias para afrontar bien las situaciones más desfavorables.
“Un puntaje obtenido en un momento específico no define su inteligencia, sus capacidades ni su futuro”, destaca como mensaje esencial.
Desde allí, plantea que, tras conocer el puntaje, la primera responsabilidad familiar es ayudar a procesar emocionalmente, brindando un espacio de confianza y contención para sentir, sin exigir decisiones precipitadas. También hay que expresar discursos que abran la mente para comprender que no obtener un puntaje esperado no es un final o condena a un futuro indeseado, y hay múltiples nuevas posibilidades que existen para desarrollarse en bienestar y alcanzar metas.
Jorge Roa enfatiza que hay que evitar enviar mensajes que refuercen culpas, presiones y malestares, cuando queda toda una vida para intentar y crecer.
Decir que se fracasó, se perdió un año y/o hay que estudiar cualquier cosa es contraproducente, sobre todo para adolescentes recién egresados de cuarto medio que tienen 17 o 18 años, están todavía en desarrollo y podrían no tener definidas sus vocaciones y decisiones y el impacto emocional puede ser más significativo, mientras hay un largo futuro delante.
Tras recibir un puntaje en la Paes que no sea satisfactorio para ingresar a la carrera o universidad deseada, o cuando no hay certeza de qué se quiere definir, parte del proceso de afrontamiento es explorar las diferentes alternativas que existen y tomar la mejor decisión. No hay un solo camino correcto, hay varios para hallar el que hace más sentido a cada persona.
El psicólogo Patricio Olate plantea que, lejos de decisiones obligatorias y precipitadas, la opción a seguir debe mediarse según distintos factores: proyecto vocacional del estudiante, expectativas, nivel de claridad, apoyo familiar y posibilidades reales según su contexto.
Es válido tener más de una opción de carrera y elegir una que no es la primera, u optar por otras que no se haya vislumbrado, pero lo importante es que esté realmente acorde con el área de interés y oportunidades.
Al respecto añade que “hay vías de formación técnica profesional, con muchos institutos profesionales que ofrecen carreras que luego pueden ser articuladas, con ciertos requisitos, para continuar estudios universitarios en carreras afines”.
Aunque si se anhela una carrera y/o universidad o no hay claridades vocacionales, lo recomendable es prepararse mejor para rendir la prueba, considerando que existe una nueva oportunidad en invierno y otra regular a fines de 2026. Esta opción debe ser “con una proyección realista y apoyo de cercanos e intención de mantener un ritmo de estudio que permita efectivamente mejorar el resultado previo”, sostiene.
Para el éxito del proceso asegura que es relevante mantener hábitos, considerando alternativas como preuniversitarios o planes de estudio estructurados durante el año, y evitar la idea de que es posible lograr las meta estudiando con poca anticipación y largos meses de relajo.
Jorge Roa releva que también es fructífero tomar oportunidades para explorar las vocaciones o intereses, desarrollar habilidades y talentos, mantener rutinas y madurar, como tener un trabajo parcial que además puede brindar ingresos económicos, estudiar algún idioma o realizar otra actividad.
Y es que lo importante, enfatiza, es que si no se ingresa a la universidad en este proceso se deben mantener igualmente rutinas activas.
No es saludable tomarse un año sabático, meses de vacaciones, descanso sin responsabilidades, porque pueden perderse hábitos y resultar perjudicial para una próxima Paes y futuro ingreso a la educación superior.
Como tampoco se aconseja estudiar cualquier carrera como obligación. “Que una persona se sienta presionada u obligada a ingresar de cualquier modo a una casa de estudios es camino al fracaso en general. Si no hay intereses, motivaciones, aptitudes y actitudes va a ser una carga muy importante respecto al desempeño que pueda tener la persona, y eso puede generar falta de conexión con la carrera, desgano, y nuevamente la frustración y desmotivación, incluso puede conducir a que la persona a que no tenga interés de estudiar algo”, advierte Roa.
De hecho, Olate afirma que “los datos actuales indican que estudiantes que ingresan por descarte o presionados a una carrera de educación superior, tienen mayor probabilidad de desertar, mostrar bajo compromiso académico, impacto negativo en su bienestar e inclusive falta de sentido a su proyecto de vida”.
Uno de los aspectos más determinantes de las decisiones de ingreso a la educación superior es que estén en sintonía con las vocaciones de cada persona, con sus intereses y talentos, lo que trasciende a resultados de una prueba y explica por qué suele resultar contraproducente tomar decisiones apresuradas, inconscientes u obligadas.
“No existe la carrera o vocación perfecta, pero cuando se enlaza interés, talento y vocación aumenta la capacidad de proyectarse. Y eso forja una buena base para una trayectoria vocacional, formativa y posteriormente laboral más satisfactoria en el tiempo”, sostiene el psicólogo Patricio Olate.
La coherencia entre estos aspectos da más sensación de bienestar, fortalece la confianza e impulsa la proactividad formativa y laboral, precisa.
Por eso es relevante que se conozcan las vocaciones, talentos e intereses, para tomar decisiones positivas y sostenibles, y es saludable que jóvenes tengan la chance de explorar realmente lo que le hace sentido.
“Desde el Cade hace rato trabajamos en temas de exploración vocacional más que orientación. Con la exploración doy la responsabilidad al adolescente para que vaya conjugando distintos elementos de sus aptitudes, saberes, motivación, y otros elementos para configurar una buena decisión vocacional”, cierra el jefe del Cade-UdeC Jorge Roa.