Carta al director

Retratos de Aurora: Rostros de la Memoria

Por: Diario Concepción | 08 de Julio 2017

¿Cómo están, estimados lectores? Se nos fue la mitad del 2017, y sin querer pensarlo empezamos a transitar el segundo semestre que se vislumbra muy agitado. Se nos viene septiembre y el “¡tiqui tiqui ti!”, la primera y segunda vuelta –y no de una cueca propiamente dicha-, y la Aurora también se empieza a resentir con este tránsito al fin de año.

Como a todos, la segunda parte del año parece mas pesada, y si bien los días comienzan a hacerse mas largos con la llegada del otoño y la primavera, pareciera ser que el tiempo no alcanza para nada, se acelera, nos faltan horas.

Y a la Aurora esto le cambia el genio. Ella es paciente, amable y muy servicial, pero cuando las gallinas se le escapan del gallinero, tiene su carácter. ¡Y que carácter! Y en realidad tiene porqué estar así.

De a poco y sin mayores preámbulos le están diciendo que antes de que termine este 2017 se tiene que ir del lugar que la vio nacer. De la orilla de ese río con el que se hizo amiga y mojaba sus pies cuando chica. De ese río que más de una vez se enojaba y le llevaba sus sueños convertidos en casas y palafitos. Y de estas calles de hoy, llenas de espejos que deja la lluvia para que cuando camina se refleje y vea sus canas.

Y le dicen que es para mejor. Que las casa dónde se va a ir a vivir es más linda, más confortable. Que tal vez no se le llueva, y no va a tener que poner piedras sobre el techo para que el temporal no se los lleve. Pero Aurora no quiere y le explica. Pero este caballero no entiende.

No es equiparable el confort de una nueva cocina con la que hoy tiene, que guarda los olores y las conversaciones con sus viejos que no están. Los clavos, las maderas y las planchas las puso un extraño, las clavaron por que le pagan para eso. No fueron puestas por un vecino o por la propia Aurora que sabe de cada clavo y de cada detalle de su casa porque ella la hizo a pulso, con “ñeque”.

Le dicen que es por el Progreso, otro señor que Aurora no conoce. Ella conoce a Don Esfuerzo, a Doña Esperanza, a Don Mañana Próspero. Esos son los vecinos de Aurora, son los que la han acompañado en estos casi cien años.

Pero Progreso y Urbanismo son menos románticos, son pragmáticos y prácticos. “Hay que hacerlo así por los vecinos”, “por el desarrollo de la Región”.

Y pregunto yo desde mi ignorancia de simple observador de la ciudad, ¿Los conocidos de la Aurora no son vecinos también? ¿No se merecen el mismo respeto y la misma consideración al momento de pensar en desarrollo de la Región?

¡Cuantas metáforas! ¡Cuántas personificaciones para poder poner sobre la mesa un problema real y concreto!

Pero Julio nos trae además del invierno, las vacaciones. Por eso solo quería dejarles una nueva historia de mi querida Aurora. Y de verdad que es querida, independiente que haya o no nacido en sus tierras.

Y de a poco esta Aurora firme y emblemática me deja mostrar sus retratos, sus perfiles, sus caras ajeadas por el esfuerzo. Como de antaño, la caja de Margarita nos regala otro cariñito. Frente a la casa del Quique del cual ya les conté y su cámara hecha con partes de un camión.

Y a usted lector que tal vez lea esto como un simple ejercicio de lectura, lo invito a que vaya, le golpee la puerta y pregunte por Aurora. Pase a tomarse un té, simple y humilde, pero cargado de memorias, identidades e historias.

Sé que Aurora lo va a dejar entrar y pondrá sobre la mesa miles de fotos que cuentan su vida, como un día Priscila lo hizo conmigo. Vaya, hágame caso y después me lo cuenta. ¡Hasta un próximo click!

Texto y foto: Walter Blas
Facepage: @RetratoAurora

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