Carta al director

Desafío para políticas públicas de educación inclusiva

Por: Diario Concepción | 15 de Junio 2017

Humberto Maturana, doctor en Biología, afirma que el tipo de interacciones entre los humanos es lo que especifica el espacio de lo posible para dicha comunidad. Por ello, el tipo de interacciones que construyamos con los niños, niñas y adolescentes como sociedad, como familia o como comunidades educativas, puede determinar el espacio de lo posible para ellos.

En este contexto, si la interacción está marcada por aceptación, respeto, confianza, cuidado, colaboración e incluso admiración por el otro, especialmente en las diferencias sustantivas, entonces nos encontraremos con una comunidad con alto capital social y con enormes posibilidades de ser y hacer, desde el punto de vista material, espiritual, cultural, político y social. Cabe preguntarse entonces, ¿cuánto de estas interacciones subjetivas se incorporan en los proyectos educativos y en las políticas públicas destinadas a promover educación de calidad?

En el caso de Chile, la actual discusión sobre la reforma educacional se ha centrado en poner fin al lucro y en mejorar el acceso a la educación en sectores vulnerables. Pero queda pendiente algo central, el mejoramiento de la calidad de la educación pública y, en ese sentido, ponernos de acuerdo como sociedad en qué es un modelo educativo de calidad.

Un modelo educativo de calidad es clave, cuando los niños, niñas y adolescentes provienen de sectores de pobreza y vulnerabilidad social, ya que el desafío no es sólo cómo transferir conocimiento cognitivo a niños y niñas que viven en condiciones adversas, sino que también el cómo compensar los déficits de capital social y cultural que afectan a las familias más vulnerables desde su origen. En este sentido, el derecho a una educación de calidad como lo establece la Convención Internacional de los Derechos del Niño y la Agenda de Desarrollo Sustentable, suscritos por la mayoría de los países del mundo, debe ser concebido como una estrategia clave para acumular no sólo más conocimiento cognitivo, sino que también más capital social y cultural, que nos permita avanzar más rápidamente en la inclusión social de los niños y sus familias.

Mejorar la calidad de la educación no es sólo dar más acceso ni aumentar los años de escolaridad. Debemos cuestionarnos ¿dónde queremos como país que estén nuestros niños, niñas y adolescentes en 5, 10 ó 15 años más? ¿Qué tipo de ciudadanos necesitamos para avanzar en el desarrollo humano de nuestra sociedad? o ¿Qué vamos a hacer para asegurar que si un niño o niña se queda atrás en el sistema educacional, alguien encontrará la causa del retraso y lo solucionará?

Estudios en educación muestran que uno de los factores claves para obtener logros escolares en sectores de pobreza, es el manejo de la subjetividad de quienes componen la comunidad escolar. Por ello es fundamental, también, examinar la debilidad que presentan las políticas públicas en educación para incorporar dimensiones culturales y subjetivas de los apoderados, alumnos y profesores. Preocupémonos también por el manejo de la subjetividad de quienes componen la comunidad escolar.

Alejandra Riveros González
Abogada y Magister en Políticas Públicas.
Asesora de Advocacy Aldeas Infantiles SOS Chile
Miembro de Observa

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