Con presencia en Los Ángeles y otras ciudades del país, la organización trabaja con voluntarios que se encargan de mitigar la carencia emocional que enfrentan niños, niñas y adolescentes que han debido ser ingresados al sistema de protección.
Aunque existe consenso en el deterioro del lugar, difieren las miradas sobre cómo abordarlo: plan integral y liderazgo versus inversión puntual en espacios públicos.