Claudio Luna aborda el impacto de la investigación en su vida diaria, las dificultades para encontrar empleo tras la exposición pública, la carga emocional por las personas fallecidas y la flexibilidad cautelar que hoy le permite trabajar en el campo y reencontrarse con su hijo.
“Yo sé que me vine a trabajar nomás, no soy para andar haciendo esa maldad”. Con esa frase, pronunciada de forma pausada y en medio de un proceso que ha marcado los últimos meses de su vida, Claudio Luna resume su postura con la que enfrenta la investigación penal por el megaincendio de enero de este año.
El único imputado en la causa conversó con Diario Concepción para repasar lo que han sido estos casi nueve meses de investigación, el cambió drásticamente su vida, sus vínculos personales y su inserción en el mundo laboral.
Actualmente, la situación de Luna ha tenido matices respecto a los primeros meses del proceso judicial. El fin del arresto domiciliario nocturno en agosto le ha sido fundamental para el sustento diario, permitiéndole encontrar un trabajo agrícola de temporada. Esta flexibilidad en sus medidas cautelares no sólo le ha posibilitado generar ingresos mediante el raleo de frutales, sino también retomar el contacto con su entorno más cercano.
“Me costó tener una pega por todo lo que dijeron de mí. Igual estoy feliz porque ahora puedo ir a ver a mi hijo. Puedo quedarme uno o dos días, y de ahí venirme nomás al domicilio. No estaba como antes con un arresto domiciliario”, detalló Luna respecto a su rutina presente, agregando que “lo vi bailar por primera vez en su escuela”.
Para Luna el retorno a la vida laboral no ha estado exenta de dificultades. Las primeras diligencias policiales, la cobertura del caso, y la imputación provocaron una fuerte estigmatización, lo que derivó en puertas cerradas al momento de buscar empleo e incluso en episodios de rechazo directo por parte de personas de su círculo cercano.
“La misma gente que me conoce desde hace años me ha dado la espalda. Igual, todavía algunos me tratan por pirómano y esas cosas. Incluso de repente me molestan los mismos compañeros, pero yo los dejo. Uno es fuerte igual”, contó Luna.
Pese al ambiente adverso, mantener una fuente de ingresos resulta indispensable para Claudio, quien debe dar cumplimiento al pago de pensión de alimentos y costear las atenciones médicas que requiere su hijo debido a una enfermedad. Luna detalla que su historia previa ha estado marcada por la vulnerabilidad social, habiendo permanecido en situación de calle durante años tras ser abandonado por sus padres a temprana edad.
En ese contexto, destaca el soporte brindado por la comunidad educativa de su hijo durante los momentos de mayor estrechez económica.
“Gracias a Dios, igual las tías del jardín nos apoyaron, que le iban a dar allí la colación cuando de repente yo no tengo plata para darle. He vivido siempre en situación de calle, desde cuando me botaron mis papás. Ahora, gracias a Dios, estoy trabajando ya y cancelando todo eso”, señala.
Uno de los puntos más complejos del proceso penal radica en la atribución de responsabilidad por las consecuencias destructivas del incendio y la pérdida de vidas humanas. Ante las imputaciones del Ministerio Público y querellantes, Luna enfatiza que su presencia en el lugar de los hechos obedeció exclusivamente a labores de trabajo y rechaza categóricamente cualquier intencionalidad en la propagación del fuego.
Incluso, en su reformalización del pasado 6 de octubre en el Juzgado de Garantía de Concepción, recién supo que las víctimas del siniestro habían ascendido a 21 personas con la muerte de Carlos Bello, de Punta de Parra, durante marzo de este año en el Hospital Las Higueras.
“Todavía estoy mal. Que se solucione todo nomás, soy un ser humano igual. Yo sé que me vine a trabajar nomás, pero esa muerte de esa persona yo no tenía ni idea. Duelen esas personas que fallecieron, porque yo sé que no soy culpable de esas muertes, pero igual, como ser humano, duelen. Ahora mismo falleció otro más, que no tenía ni idea”, expresa al abordar la carga emocional de ser vinculado a las fatalidades de la emergencia.
En el plano técnico, la defensa del imputado y el propio Luna sostienen dudas respecto a la dinámica de propagación asignada al incendio desde el punto de origen investigado. Según manifiesta el indagada, resulta imposible que el fuego haya recorrido largas distancias para generar un incendio de tales características.
“Es raro que vuele una pavesa tantos kilómetros. No se puede, es imposible. De la causa del incendio, yo sé que no he sido culpable de todas las cosas que me están inculpando. Yo lo dejo al Señor”, afirma.
A la espera del cierre de la investigación formal y la presentación de los informes periciales definitivos encargados a las unidades especializadas, Luna no oculta el desgaste psicológico acumulado durante estos meses. La incertidumbre frente al resultado del juicio y el impacto mediático continúan estando presentes en su día a día.
Asimismo, quiso enviar un mensaje a los sectores golpeados por el megaincendio y dijo “que tenga harta fuerza, porque a mí igual se me ha hecho difícil todavía, y todavía no creo la cosa que me está pasando. Sé que no voy a salir bien de todo, incluso la gente igual me está diciendo que me contrate un psicólogo, porque igual esto para mí es fuerte”, concluye.
Mientras la Fiscalía y los organismos técnicos concluyen la etapa indagatoria, Claudio continúa respondiendo a los requerimientos de la justicia, dividiendo sus días entre sus obligaciones en el campo y la espera de un fallo en una de las causas judiciales más complejas de los últimos años en la Región.
El pasado martes 6 de octubre, el Ministerio Público le comunicó a Luna cargos por el delito consumado de incendio forestal, más 21 cuasidelitos de homicidio, 14 cuasidelitos de lesiones graves y menos graves, y daños.
Vale recordar que, durante la formalización de enero de 2026, días después del siniestro, la Fiscalía relató que alrededor de las 15:10 horas del 17 de enero de 2026, Luna utilizó una estufa adaptada como cocina artesanal en la cabaña que ocupaba como cuidador del fundo Don Pablo, emplazado en el sector El Pino de Concepción, a la altura del kilómetro 17 de la Ruta O-680.
Dicha cocina no tenía un dispositivo “atrapachispas” ni “gorro” en el cañón externo, por lo que al ser usada por el imputado provocó que se prendiera fuego a la abundante vegetación colindante.
De acuerdo al persecutor, el siniestro se propagó rápidamente a un bosque que cubría la ladera de un cerro cercano, cuya pendiente y el viento presente favorecieron la generación de pavesas que llevaron las llamas en dirección noreste, hasta llegar al fundo Trinitarias de Forestal Arauco, a unos 2,25 kilómetros del punto de origen.
Así, de acuerdo con lo expuesto por el persecutor se habría generado un megaincendio que causó 21 muertes y dejó 14 lesionados con heridas graves y menos graves; afectando además a un total de 9 mil viviendas a nivel regional, 22 mil 772 hectáreas de plantaciones forestales, bosque nativo, matorrales, pastizales, construcciones, vehículos y animales.
Fiscalía también afirmó que las diligencias investigativas ya se encuentran en su fase terminal y que actualmente están a la espera de dos informes clave para esclarecer la dinámica de los hechos: uno correspondiente a la PDI y otro elaborado por Conaf.
Asimismo, el persecutor ratificó que en paralelo se continúan realizando diversas indagatorias orientadas a establecer la eventual responsabilidad penal o administrativa de agentes estatales en la gestión de la emergencia durante el megaincendio, aunque no especificó qué entidades u organismos públicos se encuentran bajo la lupa, precisando que esa arista en particular aún no ha sido formalizada ante los tribunales.