Opinión

15 de Octubre: Día de la Mujer Rural

Por: Diario Concepción 14 de Octubre 2026
Fotografía: Cedida

Cada día Internacional de la Mujer Rural nos recuerda algo que frecuentemente permanece fuera de estadísticas, y es que, buena parte de la vida en nuestros territorios rurales se sostiene sobre hombros de mujeres.

En la agricultura familiar campesina, las mujeres producen más que alimentos. Siembran, cosechan, crían, cuidan, seleccionan semillas y administran economías familiares. También realizan una labor menos visible, pero trascendental para la vida: transmiten conocimiento, memoria y formas de relacionarse con la tierra de manera recíproca.

Un huerto campesino es mucho más que superficie cultivada, puede ser un verdadero archivo territorial. Es donde conviven semillas heredadas, conocimientos sobre ciclos de la naturaleza, medicina, técnicas de conservación y prácticas traspasadas de generación en generación. Muchos de esos saberes nunca fueron escritos, pues se transmitieron observando, acompañando y haciendo, y son el centro de la cultura. En esa pedagogía cotidiana, las mujeres tenemos el rol protagónico.

Por eso, hablar de mujeres rurales es también hacerlo de soberanía alimentaria, de la capacidad de los pueblos para decidir qué producir, cómo hacerlo y qué relación establecer con la tierra. Es hablar de patrimonio vivo. Porque el patrimonio habita más allá de las edificaciones, vive en la cultura, existe en una semilla que vuelve a sembrarse, en una receta que pasa de abuela a nietas y en una forma de cultivar que conserva biodiversidad, identidad y memoria.

Esta reflexión adquiere especial urgencia frente a la crisis climática. Sequías, escasez hídrica, degradación de suelos y eventos extremos están alterando las condiciones que durante generaciones hicieron posible la agricultura familiar. En este escenario, los conocimientos ancestrales sobre semillas, agua, biodiversidad y adaptación no son vestigios del pasado, sino capacidades fundamentales para enfrentar un futuro marcado por creciente incertidumbre.

Precisamente por ello resulta especialmente preocupante la decisión del gobierno de cerrar el Programa Mujeres Rurales, desarrollado por décadas por INDAP y PRODEMU. Que ha permitido acompañar a miles de mujeres campesinas mediante capacitación, inversión, fortalecimiento, comercialización y apoyo a su autonomía económica. Su cierre, junto con la incertidumbre respecto de otros espacios como las Mesas de la Mujer Rural y a iniciativas vinculadas a la agroecología, plantea una pregunta de fondo sobre el lugar que otorgamos como sociedad a las mujeres dentro de nuestras políticas agrícolas y rurales.

Esta distinción no es semántica. Si una política pública la entiende sólo como beneficiaria, el apoyo puede aparecer como prescindible cuando cambian las prioridades políticas. Pero si comprendemos que su trabajo sostiene bienes colectivos —alimentos, semillas, conocimientos, biodiversidad, redes comunitarias y capacidad de adaptación—, entonces fortalecer su autonomía deja de ser un gasto sectorial y pasa a ser una inversión en la resiliencia de nuestros territorios.

Existe allí una contradicción que debemos mirar con atención. Si hablamos solo de seguridad y soberanía alimentaria, adaptación climática y sostenibilidad, corremos el riesgo de debilitar precisamente a quienes han sostenido ancestralmente ese rol en los territorios.

Conmemorar a las mujeres rurales exige, por tanto, más que reconocimiento. Exige garantizar las condiciones materiales, políticas e institucionales para que puedan permanecer en sus territorios, producir, organizarse y transmitir sus conocimientos.

Fernanda Rubilar Stefanini
Profesora UdeC

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