Vivimos en tiempos turbulentos. La creciente interdependencia entre continentes hace que los eventos lejanos incidan en nuestra estabilidad económica e impacten el funcionamiento democrático. En las Américas y en Europa, se observa una ola de populismo que aumenta la polarización, debilita la democracia liberal y nos vuelve vulnerables frente a los desafíos globales.
En contraste con la década de los noventa, cuando hubo optimismo sobre el futuro de la economía y la democracia en el mundo, actualmente se observa una creciente preocupación por la capacidad de las instituciones democráticas para resistir las fuerzas políticas que buscan concentrar el poder en sus manos. Múltiples autoridades, como Vladimir Putin y Viktor Orbán, una vez elegidos democráticamente, fueron consolidando y concentrando su poder. En las Américas, un ejemplo reciente es Nayib Bukele, quien ha logrado obtener supermayorías en el Congreso, limitando los contrapesos al poder ejecutivo. Estos retrocesos democráticos se presentan como una ola en el mundo. Estos gobiernos se caracterizan por un debilitamiento del Estado de derecho y, en especial, del derecho al debido proceso, lo que se traduce en retrocesos democráticos.
Así, desde hace varios años se percibe que el funcionamiento de las democracias liberales se ha debilitado, incluso en países con una larga tradición democrática. De hecho, hay una creciente preocupación por la democracia en EE.UU. debido al uso excesivo de decretos presidenciales y a un Congreso que no logra controlar al presidente. Así, aun cuando sus elecciones son libres, la competitividad electoral limitada incide en la legitimidad de las y los representantes.
Muchas sociedades también están más divididas debido a un creciente cuestionamiento de las autoridades y de las élites por parte de la ciudadanía. A menudo, partidos y liderazgos populistas aprovechan la desconfianza hacia los gobernantes para llegar al poder y, después, debilitar o ignorar los controles institucionales existentes.
Al mismo tiempo, se observan nuevos aires que permiten reafirmar que la idea de democracia liberal puede movilizar a la ciudadanía cuando hay candidaturas que logran visibilizar el mal uso casi absoluto del poder y replantean una visión de la democracia que no depende de una autoridad personalista, sino de la energía colectiva y optimista, como logró Peter Magyar en Hungría, al derrotar a Orbán, quien parecía invencible.
Jeanne W. Simon, Ph.D.
Directora, Doctorado en Gobierno UdeC
Integrante CEE UdeC