Opinión

Hay algunos más iguales que otros

Por: En el Tintero | 13 de Agosto 2019

Basta con un adverbio interrogativo y un verbo- un par de palabras- para obtener información relevante,  ¿dónde estudiaste?” una pregunta que no siempre expresa una sana curiosidad para saber más de un prójimo respetado, sino más bien con fines distintos y no tan positivos, ya que lo que se quiere saber es mucho más que la aparentemente inofensiva pregunta da a entender. Es una pregunta muy eficiente para clasificar a un interlocutor del cual no se sabe nada.

Con su respuesta esa persona entrega información sobre su nivel socioeconómico, el probable nivel educacional alcanzado por sus padres, qué capital cultural posee, cuáles son sus posibles redes de contactos, permite hasta deducir dónde y cómo y por cuánto tiempo esa persona ha vivido en la ciudad, para añadir a la apariencia general y al pelaje estimado.

Es un interrogante  propio, la más de las veces, de la desconfianza, o del temor, aunque también sirva para ajustarnos a la realidad del otro. Un sociólogo opina que esa pregunta deja traslucir que la calidad de nuestras relaciones, nuestro factor de selección, tiene más  que ver con características de nuestro pasado,  que con lo que potencialmente podamos construir con el otro a futuro. Su conclusión es de alto voltaje, una sociedad así construida puede prosperar, pero con el freno de mano puesto, porque gasta demasiada energía en el recelo y la sospecha, en vez de buscar los potenciales de cooperación y mutuo crecimiento.

Nos guste o no, esta sociedad nuestra tiene que cambiar, sobre todo ante una nueva  situación demográfica, de hecho los más jóvenes ya son mejores, más desarrollados en vencer prejuicios y sospechas mutuas. No parece haber mucho futuro en seguir siendo elitistas y ciegos.

PROCOPIO

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