Opinión

Anabólicos en el deporte: el arte de la trampa

Por: Diario Concepción | 22 de Julio 2019
Fotografía: Referencial

Edison Hormazábal Díaz
Coordinador Área Nutrición y Deporte Carrera Nutrición y Dietética Universidad del Desarrollo
Nutricionista Instituto de Medicina Deportiva de la Clínica Universitaria de Concepción.
Nutricionista Club Deportivo Huachipato

El dopaje ha causado mucho daño en el mundo del deporte y de la actividad física, rechazado por deportistas, por entrenadores y por directivos, siendo perseguido, con el fin de ser erradicado de las actividades deportivas.

Sabemos que estamos en una sociedad en donde nadie tiene tiempo y todo debe obtenerse rápido, sin pensar muchas veces en las consecuencias que nuestros actos pueden llevar a provocar.  Lo realmente impactante es que ni siquiera  el deporte recreativo se salva de esta conducta equivocada. Si bien el deporte en Chile se arraiga cada vez más en nuestra cotidianidad, vivimos con el estigma de querer entrenar menos y obtener resultados rápidos.

Es aquí donde sustancias ilícitas como esteroides androgénicos anabolizantes (EAA) (efedrina, pseudefedrina, sibutramina, Thermalean, Metandienona y Triacana, clembuterol) llegaron para quedarse y no es raro escuchar entre pasillos de gimnasios, box de Crossfit, equipos de rugby (por decir algunos) el uso de estas sustancias con el fin de mejorar su performance y su composición corporal.

Lamentablemente, se desconoce el impacto y la popularidad que muchas de estas sustancias tienen en la gente común; quienes buscan una perfección física, desconociendo las alteraciones funcionales, fisiológicas, bioquímicas y psicológicas que, en la mayoría de los casos, son irreversibles, con el único objetivo de encajar en los patrones de belleza, que impone la sociedad.

Pero ¿podemos considerarlo normal?, ¿podemos utilizar estas sustancias pensando que es la solución a nuestras metas deportivas? Lógicamente, la respuesta es no.  Los deportistas aficionados, se encuentran envueltos en este comercio que promociona sustancias y productos para alcanzar el éxito y la fama.

En los gimnasios y establecimientos o clubes deportivos, se opta por seguir los consejos de los instructores, los preparadores físicos, y lamentablemente de algunos colegas nutricionistas quienes muchas veces son poseedores de un gran físico que, en teoría, respaldan su conocimiento, pero en ocasiones no es cierto y se termina recibiendo orientaciones sin fundamento científico, consumiendo sustancias para acortar el camino en la consecución de los objetivos, sucumbiendo a tentaciones que, a largo plazo, solo causarán efectos a veces irreversibles, que perjudican al usuario y a sus familias.

Los anabólicos, si bien cumplen lo que prometen (aumentar la masa muscular y disminuir el tejido adiposo) son sustancias que generan efectos secundarios como daño al hígado, ictericia, retención de líquidos, hipertensión arterial y aumento del colesterol “malo”. Además, los varones corren riesgo de encogimiento de los testículos, calvicie, desarrollo de los senos e infertilidad. Por su parte las mujeres corren el riesgo del crecimiento de vello facial, cambios en la menstruación, calvicie de patrón masculino y engrosamiento de la voz. Los adolescentes corren riesgo de tener baja estatura el resto de sus vidas, cambios acelerados en la pubertad, además de acné severo.

Estos prejuicios se sufren a corto, mediano y largo plazo y afectan, de manera perjudicial, el buen funcionamiento del organismo, y es donde surge la interrogante si se justifica la utilización de dichas sustancias para la obtención de “resultados milagrosos”.

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