Opinión

Por no tener bola de cristal

Por: Procopio | 06 de Noviembre 2018

La trascendencia de la derrota de los comandantes de Napoleón en la batalla naval de Trafalgar, en octubre de 1805, fue enorme. Resultó en la  gradual y rápida pérdida de control de Francia sobre sus posesiones de ultramar, empezando por las lucrativas colonias azucareras de Santo Domingo, con un alzamiento liderado por el esclavo liberto Francois Dominque Toussaint, ya que los líderes de la Revolución francesa habían abolido la esclavitud. El asunto terminó con  una sangrienta guerra civil y corte de cabeza de Francois. Napoleón restauró la noble tradición de la esclavitud en ese mismo momento. El incidente costó la vida a más o menos 300.000 personas.

Con las dificultades de los franceses para moverse por vía marítima, estrechamente controlada por el almirantazgo británico, pareció conveniente desprenderse de los enormes territorios que tenía en Norteamérica, que comprendían casi  un tercio del mapa continental actual de EEUU, en el centro, desde Canadá al golfo de México. Los norteamericanos, siempre atentos a una buena oportunidad,  compraron a Francia esos 2 millones 146 mil kilómetros cuadrados en  15 millones de dólares, es decir, a menos de ocho centavos de dólar la hectárea, un auténtico precio de liquidación.

Los otros derrotados, la flota española, también perdieron algo más que esa batalla, España tiene que ceder el control del estrecho de Gibraltar que queda  a cargo de Gran Bretaña, así como el dominio sobre el resto del mar, haciendo difícil las relaciones comerciales con las colonias americanas, incluso llegando a facilitar el levantamiento de estas y el inicio de su proceso de independencia.

De haber sabido se habría estado más atento a las jugadas de Lord Nelson y leyendo con más devoción los libros de historia y sus juegos de ajedrez.

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