Opinión

Las dificultades de agregar valor

Por: Procopio | 11 de Julio 2018

Para el mediano y pequeño empresario, quien compite normalmente por lograr un producto a precio más conveniente, por lo general más bajo, debe ser familiar la recomendación del discurso político -hablar puede ser harto más fácil que ponerle el hombro- sobre la conveniencia de dar, a ese producto, un valor agregado, el mantra para transformar lo, cosa de magia, en altamente competitivo.

Lo que no siempre se expresa, es que para entrar a pelear en el inmisericorde mundo de la competencia, el valor agregado es la calidad, una calidad que debe ser superior a los otros productos similares, a los cuales en el mercado se les ha agregado valor. Competir por calidad es competir por excelencia.

Es cierto que la excelencia se puede lograr con tecnologías de última generación, por insumos de la mejor calidad, pero en la línea de producción opera decisivamente el factor humano, es decir, las competencias del trabajador, justamente uno de los factores que para muchos empresarios es la escondida área débil de su proyecto, ya que las competencias exigidas son altas, no solo en entrenamiento y capacitación, sino en la frecuente falencia en hábitos de trabajo, ética laboral, cumplimiento y compromiso que no requiere supervisión, intolerancia al error, confiabilidad y honestidad.

Una larga lista de requisitos claramente deficitarios en muchas empresas. La cultura del trabajo eficiente, por personal calificado y eficiente suele ser la diferencia en la posibilidad de agregar valor, o no alcanzar los estándares del mercado, progresivamente más altos.

La educación y la formación valórica es la base para obtener ese recurso humano altamente calificado, sin esa instancia los clamores retóricos del mundo político exigiendo agregar valor son solamente cantos de sirena.

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