Opinión

Pelotero furioso: el otro lado de Álvaro Henríquez

Por: Paulo Inostroza | 07 de Mayo 2018
Fotografía: La Tercera

Nunca me gustaron mucho Los Tres, pero sé que el problema es mío. Mis amigos estaban locos con el unplugged, iban a sus tocatas, decían que Henríquez era un genio. Yo encontraba que cantaba ahí no más, que sus canciones eran sencillitas y que con la Yein Fonda se estaba forrando. Yo decía eso. Yo, que jamás tomé una guitarra. Incluso, tal vez solo para enojarlos, aseguraba que era mejor La Ley.

Además, Henríquez es un plomazo. Al menos, eso parece porque jamás he compartido con él. Con todo lo que piense -cosa que le resbalatengo claro que el tipo es importante por hechos innegables. Por subirle el pelo a la música de Concepción, por rescatar las raíces más chilenas y rockearlas, por codearse con los grandes y decir siempre de dónde venía, por hacer canciones redonditas que han envejecido bastante bien, por no calcarse asquerosamente de un disco a otro. Lo respeto por eso y, desde luego, quiero verlo bien. Ojalá componiendo de nuevo.

Algunos no lo saben, pero Henríquez es un tipo muy de fútbol. Fanático, de camiseta puesta en las buenas y en las malas. Del tablón, donde le gusta ver los partidos de Deportes Concepción. Donde también fue de niño a ver a Naval porque su mamá era fanática del ancla. Eran de ese fútbol ochentero donde la Octava Región fue potencia y los grandes de Santiago perdían campeonatos por dejar puntos en Collao o El Morro. Eso nos hacía sentir tan poderosos, tan rebeldes estando del lado de David.

Y el “Lennon” siempre fue lila, igual que Titae. Tocaron con la morada en el cuerpo y, sobre todo, patalearon cuando el club fue castigado. Y ahí salió ese Álvaro sin pelos en la lengua que dice eso que todos los sin tribuna quieren decir o dicen sin que nadie los escuche. “Cárcel a los ladrones, cancha para el León” fue su mensaje por esos días. Punzante, como siempre, escribió que le dieron ganas de quemar la sede de la Anfp y pegarles a los dirigentes de Concepción. A los de hoy y los de varios años atrás. Propuso colgarlos en la plaza o ir con una bayoneta a la sede del fútbol. Irónicamente. Habló de lo injusto que era ver tanta gente quedarse sin su alegría del fin de semana.

Explosivo, pero sobre todo defensor de los signos distintivos de su ciudad. De nuestra ciudad. Porque Henríquez siempre ha sido una vitrina por sí mismo para que otros hablen de Concepción, para que en Santiago crean que somos cuna del rock. Por eso dijo que aunque el Conce no jugara más, no podría tener otro equipo. Porque nació admirando a Cavalleri y a Montilla y eso no lo cambia nadie. Hoy da lo mismo su último disco o compararlo con La Ley. Álvaro Henríquez es un símbolo y los símbolos se cuidan.

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