Opinión

El monopolio de las emociones

Por: Diario Concepción | 04 de Marzo 2018

Tal vez uno de los argumentos más utilizados para negarles a los animales el reconocimiento que se merecen, tiene que ver con la acusación de que estamos cayendo, sin darnos cuenta, en el antropomorfismo. Es decir, que le estamos asignando emociones y características humanas a seres que no lo son.

Los convencidos del monopolio humano de las emociones, declaran que es erróneo creer que el elefante sufre y está a disgusto mientras hace malabares bajo presión de su domador o que experimente  emociones negativas  cuando lo entrenan para aprenderlos. Dicen que nos equivocamos al pensar que el león sufre en su jaula y que no es cierto que él tendría una preferencia por caminar y vivir en la sábana africana.

También nos aseguran que en el rodeo el novillo sólo corre y arranca de los corraleros impulsado por alguna inercia vacía, no porque realmente sienta el peligro, el miedo y el deseo de escapar de allí. Dado el gran abanico de gestualidades que los animales usan para expresar y comunicar, es necesario recurrir a argumentos bastantes rebuscados para negar la autenticidad de esa vida interior.

Aunque para Descartes los animales eran sólo autómatas, el argumento de que estamos proyectando emociones donde realmente no las hay es débil y un tanto peligroso pues, de aceptarlo, nos lleva directo al convencimiento que nuestra emociones son las únicas válidas,  que nuestra mente es la única que existe, en última instancia también es posible negar la existencia de todas las otras mentes humanas, como ocurrió en la historia y que sigue ocurriendo ahora mismo, xenofobia incluida.

Resulta más fácil empezar por respetar a los otros seres del reino animal que tienen a veces el infortunio de vivir con nosotros.

 

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