Opinión

Pluralismo selectivo

Por: Diario Concepción | 05 de Octubre 2017
Fotografía: Diario Concepción

Por: Danny Gonzalo Monsálvez A.

La controversia producida entre la candidata Beatriz Sánchez y el ex ministro de la dictadura Sergio Melnick, ha puesto nuevamente en el tapete de la discusión el tema de la responsabilidad de los civiles que participaron de la dictadura de Pinochet. Pero no se trata de cualquier civil, más bien de aquellos que desempeñaron altos cargos en el aparato estatal o en la institucionalidad, léase ministros, intendentes, gobernadores, alcaldes, rectores de universidades; es decir, personas de absoluta confianza del régimen, los cuales apoyaron las medidas que éste implementó, no sólo en el campo económico, el cual suele destacarse, sino también en materia de orden político y seguridad interna.

Algunos de estos personajes hoy disponen de amplias tribunas y espacios en los medios de comunicación; lo anterior nos plantea tres cuestiones centrales desde el fin de la dictadura y hasta el día de hoy. En primer lugar la concentración progresiva de los medios, en segundo lugar la posición de privilegio de la cual disponen estos sujetos para dar cuenta de su opinión y de los sectores a los cuales representan, y en tercer lugar y vinculado con los puntos anteriores, una falta de pluralismo o pluralismo limitado. En ese sentido cabe señalar que uno de los grandes problemas de nuestra democracia no es la falta de libertad de expresión en los medios (TV, radio o prensa escrita), el problema es la falta de pluralismo y de otras visiones alternativas a las hegemónicas.

En ese sentido, no basta con dar espacio y tribuna a una que otra voz crítica o disidente a los patrones establecidos, asumidos como verdaderos, válidos, legítimos, incluso naturalizados; aquello, más que constituirse en una postura heterogénea y diversa, tiende a validar ese pluralismo limitado, dando cabida a ciertas voces que no comulgan con lo establecido.

Por eso, en general no se dice no debatir, pero si desde dónde debatir. En otras palabras se delimitan los espacios de discusión y los temas que se pueden y en otros casos se tienen que dialogar. De esta forma el debate y la contraposición de ideas queda más bien en el discurso y como una puesta en escena, dando paso a un diálogo achatado, con bajos niveles de argumentación y poquísimas posibilidades de confrontar posiciones, fundamentalmente porque las ideas han dado paso a las frases y la argumentación a los lugares comunes.

En consecuencia, la discusión no se debe circunscribir al tema de la libertad de expresión, aquello es un falso debate, ya que la libertad para expresar opiniones y puntos vistas está bastante garantizada, es cosa de ver las redes sociales y algunos portales en los cuales los límites entre la crítica y el insulto o la grosería casi no se distinguen. Por ello, a la par de la libertad de expresión, por cierto fundamental en toda democracia, está el pluralismo y la diversidad de voces y opiniones, dos variables que hace rato escasean en nuestra política y a nivel de medios de comunicación.

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