Economía y Negocios

Terremoto, incendios, pandemia y barro: La incansable lucha de los históricos locatarios de la Feria de Lota

Con negocios heredados y décadas de trabajo, los comerciantes enfrentan nuevas pérdidas.

Por: Bruno Rozas Hinayado 03 de Octubre 2026
Fotografía: Bruno Rozas
Lo que debes saber

• Tras el colapso del alcantarillado por las fuertes lluvias, la Feria de Lota Bajo sufrió una grave inundación con aguas servidas que afectó a más del 80% de los locales.

• Los locatarios debieron desechar al menos dos toneladas de mercadería contaminada —incluyendo ropa, legumbres y condimentos—, asumiendo personalmente las labores de limpieza y sanitización del recinto.

• La presidenta del Sindicato Feria Libre de Lota, Paola Huenchuman, confirmó la reapertura oficial del espacio, lo que permitirá a los comerciantes retomar sus ventas de manera urgente mientras esperan ayuda económica.

• A través de diversos testimonios, los vendedores destacaron su histórica resiliencia para volver a levantarse frente a esta nueva emergencia, la cual se suma a los estragos del terremoto de 2010, incendios, el estallido social y la pandemia.

Te invitamos a leer la nota completa más abajo para conocer los detalles.

El terremoto de 2010, los incendios que destruyeron puestos, el estallido social de 2019, la pandemia y las inundaciones de 2024 forman parte de la memoria de los comerciantes de la Feria de Lota Bajo.

Algunos llevan más de medio siglo trabajando en el recinto; otros heredaron negocios familiares. Todos comparten la experiencia de reconstruir su fuente de ingresos después de emergencias que han dejado mercadería perdida y días sin poder vender.

Esta semana, esa historia sumó otro episodio. Tras las fuertes lluvias el agua contaminada ingresó a los locales y alcanzó ropa escolar, legumbres, condimentos y otros productos que debieron desecharse.

Para quienes dependen de la venta diaria, la inundación significó volver a enfrentar pérdidas cuando todavía recuerdan los esfuerzos realizados para recuperarse de las anteriores.

El 30 de septiembre se informó el cierre preventivo para limpiar y sanitizar el lugar, tras el colapso del alcantarillado. En esa jornada, el alcalde Jaime Vásquez señaló que más del 80% de los locales había sido afectado por aguas servidas.

Ahora, según la presidenta del Sindicato Feria Libre de Lota, Paola Huenchuman, los comerciantes recibieron la autorización para retomar la actividad.

“Estamos contentos porque oficialmente nos dieron la apertura de la feria”, expresó la dirigenta. Volver a vender resulta urgente porque, explicó, viven de este trabajo y la ayuda económica que esperan puede tardar.

Bruno Rozas.

La reapertura permite recuperar ingresos, pero no repone la mercadería que quedó inutilizable.

Huenchuman señaló que todavía no pueden establecer un monto global de pérdidas: el daño varía entre quienes venden ropa, productos agrícolas, carnes, pescados o mariscos.

Según su estimación, hubo al menos dos toneladas de basura, pues debieron botar todo lo alcanzado por el agua contaminada. Añadió que los locatarios limpiaron personalmente sus negocios, junto con el lavado y la sanitización de la feria.

“Era como un río, venía con una fuerza tremenda el agua, arrasaba con todo lo que tenía en el camino”, recordó. Aunque los comerciantes ya habían enfrentado anegamientos, para ella y sus colegas esta última emergencia fue la más grande.

Décadas de trabajo bajo el barro

Elisa Vera lleva 62 años trabajando en la Feria de Lota Bajo. En pocas horas vio cómo el agua alcanzaba las rodillas y dejaba, según su relato, más de 15 centímetros de barro.

La pérdida incluyó ropa y utensilios, mientras el olor hacía difícil permanecer en el lugar. “Nos afectó a todos profundamente”, afirmó.

Entre las cajas mojadas había mercadería y ropa de colegio. Vera recordó que un incendio también golpeó al sector interior de la feria años atrás. El daño actual tiene, además, el costo de los días sin atención: explicó que hay comerciantes que pagan arriendo, mientras ella debe responder por derechos municipales y patente.

Su memoria vuelve al terremoto de 2010. Relató que hubo saqueos de productos almacenados y comerciantes que optaron por donar alimentos, como harina. Pese a ese escenario, recordó que siguieron atendiendo.

La pandemia cambió esa rutina: algunos puestos cerraron y ella, por ser mayor y temor al contagio, trabajó desde su casa.

Aida Cabrera lleva 10 años en un negocio que perteneció a su madre y acumula más de seis décadas de trayectoria.

Su principal producto es el ají molido, junto con condimentos y otros artículos que quedaron bajo el agua. “Todo eso se perdió, perdimos todo el ají, las legumbres, los condimentos, todo”, relató.

Cabrera situó las lluvias más intensas entre las siete y las nueve de la mañana. Entre las once y el mediodía, su hija llegó para ayudarla a retirar el barro, que describió mezclado con excrementos. El agua le llegaba a la rodilla y la mercadería afectada no pudo recuperarse.

“Ya son varias inundaciones que llevamos encima, entonces uno tiene que rehacerse nuevamente”, sostuvo. Durante el 27/F debieron rescatar productos antes de posibles saqueos, pero considera que la pérdida actual fue mayor.

A ello agregó los incendios que han afectado al sector: “Aquí a nosotros nos ha tocado bastante duro todo”.

Una recuperación que vuelve a interrumpirse

El deterioro acumulado ya era visible en 2022. Un reportaje de Diario Concepción consignó que el incendio del 26 de enero de 2019 destruyó once locales y que, posteriormente, las restricciones de la pandemia interrumpieron la atención habitual.

Según el sindicato, al menos ocho negocios quebraron durante la emergencia sanitaria.

Ese mismo reportaje recogía problemas de inundación en el sector de pescados y mariscos, para los cuales el municipio anunciaba pavimentación y una reestructuración de colectores.

Cuatro años después, los testimonios actuales muestran que los anegamientos siguen formando parte de la experiencia de los feriantes.

Ana Alarcón Bastidas, con más de 50 años de trabajo en el recinto, atiende junto a una de sus hijas. Madre soltera de dos, relató que el fuego ya la había obligado a reemplazar la ropa que vendía y que ahora volvió a perder su mercadería.

“Perdí todo, quedé a brazos cruzados”, expresó.

Bruno Rozas.

Al momento de entregar su testimonio, denunció falta de ayuda y aseguró que todavía había barro por retirar en su sector. También cuestionó la presencia del alcalde en la feria y describió el lugar como abandonado.

Su reclamo se concentra en la dificultad de volver a comprar productos después de otra pérdida.

El terremoto de 2010 también atravesó su vida fuera del puesto.

Alarcón recordó que la casa que arrendaba y donde vivía con su madre se derrumbó, dejándola sin sus pertenencias. “Somos comerciantes luchadores, sabemos salir adelante y lo logramos”, sostuvo al recordar esa reconstrucción.

Vender otra vez, reponer después

Mauricio Ormeño lleva más de 40 años trabajando en la feria. Un incendio consumió su local y lo obligó a comenzar nuevamente.

Relató que estaba en su casa cuando recibió el aviso, a las doce y media de la noche. Según su versión, el fuego habría sido intencional.

“Se quemó todo el local y tuvimos que empezar de cero”, recordó. La inundación volvió a interrumpir ese esfuerzo. En su testimonio contabilizó dos días sin trabajar y explicó que la suspensión significa perder ventas, mientras parte de la mercadería comienza a deteriorarse.

Su manera de enfrentar la crisis pone la salud y la posibilidad de trabajar por delante. “Lo importante es que estando con las manos buenas se puede seguir trabajando”, afirmó.

Esa disposición convive con una cuenta de emergencias: el terremoto de 2010, la pandemia, el incendio de su puesto y ahora el agua.

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