Fue campeona mundial con un equipo inolvidable y hoy sigue disfrutando del hockey. Recuerda cuando eran "cabras chicas", los homenajes, la fama y también las promesas que se hicieron para levantar esta disciplina.
“Yo tenía 21 años y fue una locura. Me veía en la tele, los diarios, nos iban a buscar a todos lados y decíamos que sí. Fue entretenido”. Octubre 2006 marcó un hito en el hockey femenino con el título mundial de las Marcianitas, derrotando en la final a España por 2-1. Una de las figuras de ese equipo era Alexa Tapia, de Talcahuano, y hoy recuerda esos días.
“Es emocionante revisar videos antiguos, me dan cosas en la guata. Fue hace 20 años, veo nuestras caras de guagua, el sacrificio de dejar todo en Talcahuano, entrenar sola y ver cómo lo logramos. Subíamos cosas a Fotolog. A veces me pregunto por qué no ha pasado de nuevo”, comenta desde Santiago.
Dos décadas después, cuenta que “este año nos hicieron un homenaje en la Cámara de Diputados, generado por Marisela Santibáñez. Llegamos cinco de las diez y fue muy divertido. Recordamos muchas cosas. En ese tiempo éramos unas cabras chicas que no teníamos idea lo que habíamos hecho”.
Alexa detalló que “no somos un país muy deportivo y tampoco de muchos logros. Esa final la transmitió Vive Deportes porque la televisión abierta estaba con un partido amistoso de fútbol. Eso no ha cambiado en todo caso, pero siento que la gente engancha con eventos como ese o los Panamericanos”.
Repasa que “yo vivía en el hotel del CAR, iba en micro, caminaba con mi uniforme y me tocaban la bocina, comía gratis. Íbamos a bailar y alrededor había gente tipo groupies. Me tocó después vivirlo en Talcahuano y Conce. Me abrazaban. Fui al colegio donde trabajaba mi mamá (Escuela F-510) y ahí firmé autógrafos a los niños”.
El 2006 se acercaron muchas autoridades y Alexa analiza que “nos prometieron hartas cosas y algunas se fueron cumpliendo. Nos quejábamos mucho de la cancha, que era abierta y el 2010 se hizo una techada. Hace 6 años se cerró el recinto, pero el problema es que con el tiempo las niñas se quedaron sin derecho a cancha. Les pusieron un horario de 12 a 2 de la tarde y al final lo usaron más los niños que las niñas”.
Agregó que “eso es un problema de gestión, de federación. Ahí estamos al debe. En el último proceso participó mi sobrina y no fue muy bien planificado”.
Sigue activa y precisó que “juego solo a nivel de club, en Internacional Lo Espejo. Se supone que era mi último año, pero me convencen fácil. Todos los días me quejo de que tengo que ir, pero estando allá lo disfruto. Dije que iba a jugar hasta los 40, pero el martes cumplí 42 y en este club no hay ego, encajé muy bien. El amor al hockey es más fuerte”.
Tiene un hijo, Lucas, de 14 años. “Sabe patinar, estuvo en hockey y en la pandemia decidió no seguir. Yo no lo voy a presionar, pero siempre hace deporte. Ahora está en fútbol, es inquieto el mono”, detalló.
Ella es profesora de Educación Física, con múltiples proyectos, clases particulares y montando un proyecto de gimnasio boutique. ¿Y las Marcianitas? “Tenemos un grupo de whatsapp y cada cierto tiempo conversamos. Karin Reinhardt está con su hijo en el Club Lo Espejo, yo jugaba con la hija de Paulina Tapia y la Pancha (Puertas) sigue ligada al hockey. Con las Urrea, harto en redes sociales. Todas tenemos contacto”.
Mira hacia atrás y expresa que “cuesta tanto creerlo que mi hijo me pregunta si ganamos el Mundial A o el B y yo le digo: lávate la boca con jabón, ganamos a las mejores. Cuando alguien todavía se acuerda que fui una marcianita me da un poco de vergüenza, pero fue muy lindo”.
Y afirma que “jugué 7 mundiales y ninguno fue como ese. Cómo entrenamos, la humildad, el venir de abajo. Después te pones más exigente con la ropa, los horarios, la comida que no te gustó… Por eso después ya no funcionó tan bien, aunque siempre dejamos el hockey en etapas finales”.