Joven de Curanilahue fue una de las grandes figuras en el campeonato nacional que ganó nuestra región en vóleibol escolar. Estudia en el Liceo Mariano Latorre de Curanilahue y desde ahí arma para el equipo.
Suena el nombre Ángel Parra por los parlantes y de inmediato llama la atención. “Mi papá se copió su nombre no más, nada que ver con el músico”, asegura el “10” de Biobío. Y en cancha destaca ya por méritos propios, como uno de los líderes del equipo que se tituló campeón nacional del vóleibol escolar. Un hito para un grupo de chicos venidos desde Curanilahue.
Ángel tiene 16 años, estudia en el Liceo Mariano Latorre y cursa el Tercero Medio. Es armador del equipazo dirigido por el profesor Javier Chamorro, que se impuso 3-0 a La Araucanía en una inolvidable final jugada en el gimnasio de la UBB. Esa tarde fue de lágrimas y abrazos. Se logró un sueño, pero hubo mucho camino para llegar a este notable éxito.
Cumplida la tarea, el jugador oriundo de Curanilahue cuenta que “es la alegría máxima por haber cumplido un objetivo que buscábamos hace tres años y con un grupo de amigos que nos conocemos hace tiempo y todos queríamos lo mismo. Este grupo es una familia y en el vóleibol es súper importante tener esa unión porque se nota en todo lo que haces”.
Fueron imponentes durante todo el torneo y destacó que “también es muy importante lo que hace el profe, que siempre nos apoyó en todo, estuvo en el proceso y supo sumar cada refuerzo que llegaba a lo que estábamos haciendo”.
En lo personal, no siempre estuvo detrás de la red y repasa que “yo jugaba fútbol hasta el 2022, pero mis dos hermanos han jugado vóleibol toda la vida y estuve entre las dos cosas. Ahora ellos son entrenadores. Hay un momento donde tienes que tomar una decisión para ir por una cosa y enfocarte bien y decidí el vóleibol. El 2025 también fue importante porque cambié de club más que todo para dar un salto de calidad y creo que todo fue para mejor”.
Tiene compañeros altos para el remache, pero la pelota casi siempre pasa por él. Ángel es quien mira el panorama y dibuja el próximo ataque.
“En la cancha soy armador, el que le pone la pelota a los demás para que finalicen la jugada. Es bonito este puesto, aunque al inicio no era lo que más me gustaba. Con el tiempo le fui agarrando cariño a la posición porque te sientes más responsable del equipo, de las decisiones que hay que tomar. Uno en la cancha es la persona de confianza del entrenador”.
Es orgulloso de su cuna, de su familia y expresó que “soy nacido en Curanilahue. Acá se están consiguiendo hartas cosas en el vóleibol y eso tiene que ver principalmente porque hay muy buenos profes formadores. Todo pasa por ahí. Han salido seleccionados nacionales y también están saliendo chicos buenos de Curanilahue en halterofilia y otros deportes”.
A los 16 años tiene muchos logros que contar, pero todavía muchas cosas por hacer y señala que “mis sueños siempre han sido la selección, lo cual pude conseguir, también era un objetivo ganar este nacional y ojalá un día poder jugar en otro país”.
Recuerda esos días de niño cuando lo llevaban a entrenar y ni se imaginaba tan alto. Ángel advierte que “mis papás siempre me han apoyado desde chico y todo esto se los debo a ellos. Puedo contar con los dedos de la mano las veces que no han podido ir a un partido mío y eso es bonito. Mis hermanos tienen 28 y 24 años, han pasado por todas estas etapas y también me han dado siempre muy buenos consejos. Han sido muy importantes”.