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Javier Pinilla: el más veloz del sur de Chile que creció en los verdes campos de San Ignacio

Mejor marca chilena de 200 metros planos en 2017, el sprinter criado en un pueblito al interior de Ñuble, es uno de los mejores velocistas del país. Calidad que también luce con la UBB en las Ldes.

Por: Samuel Esparza | 10 de Septiembre 2018
Fotografía: Rafael Sierra P.

Seguramente, la leche “al pie de la vaca” y el queso inigualable que se da en San Ignacio, le dieron esa energía necesaria para marcar diferencias en la pista, ahí donde sólo los más fuertes resisten. En el pueblito de Selva Negra, al interior de la mencionada comuna ñublesina, creció Javier Pinilla, hoy por hoy uno de los mejores velocistas del país, contándose entre los top 5 de la especialidad.

A sus cortos 23 años, el sprinter está forjando una destacada trayectoria bajo la tutela del entrenador, Pedro Catalán, con quien viene elevando paulatinamente su nivel, al punto que en la temporada 2017 se consolidó en lo más alto del doble hectómetro, logrando la mejor criolla del año.

Talento que desde hace un tiempo viene compartiendo también en el circuito Adesup, defendiendo la camiseta de la UBB sede Chillán, llevándola a lo más en las finales nacionales de la Ligas Deportivas de Educación Superior (Ldes).

Destronando campeones

Como en tantos otros casos, el primer deporte de Javier Pinilla fue el fútbol, en el que desde niño despuntó en la liga amateur de su localidad, luciéndose como lateral derecho. Gracias a esa capacidad con el balón en los pies, fue becado para entrar a estudiar al Colegio Darío Salas de Chillán, donde siguió demostrando sus dotes.

Eso, hasta que el hoy atleta master, Eduardo Lagos, llegó con el taller de atletismo al establecimiento. “Un compañero de curso me invitó a entrenar, en un principio yo no quería porque era los viernes, día en que yo viajaba a mi casa, pero me convenció porque hicimos una apuesta. Resulta que antes habíamos corrido y yo le gané, entonces se metió al taller para vencerme y después de tres meses entrenando, me desafió a correr la revancha, hicimos un video incluso y le volví a ganar, pese a que él era el mejor de su grupo. Ahí me dijo que yo tenía condiciones, que debía probar en el atletismo y me presentó con mi actual entrenador, Pedro Catalán. De ahí ya no paré más”, cuenta.

Sobre el deporte, dice que le agradó la idea de sobresalir por méritos propios y no depender de nadie. “Me gustó el atletismo, por aquí el éxito es personal, mandan las marcas y depende del esfuerzo que uno haga. Lo que me desagrada de los deportes colectivos, es que a veces uno se esfuerza demasiado, pero si el resto no te acompaña, perdiste todo ese sacrificio. En cambio, esto es netamente personal, dependes de ti y del trabajo que hiciste a conciencia”.

Así comenzó la carrera de Pinilla, quien reconoce que fue en competencias, cuando se dio cuenta que estaba hecho para la disciplina. “Tengo un recuerdo de mi primer campeonato en el Padre Hurtado, donde gané los 200 metros planos con un tiempo de 25 segundos y en pista de tierra, ahí derroté a varios atletas que ya llevaban un par de años de formación en sus colegios y entonces pensé que si yo estaba recién comenzando y ganaba en mi primer campeonato, no era malo”, rememora.

Cuatro años de duro entrenamiento le costó construir una base como atleta y salir al extranjero. “Fue un largo tiempo de formación y aunque ayudó mi base deportiva del fútbol, me faltaba fuerza, porque la velocidad es tener fuerza y eso se dio año a año. Hoy en día tengo niveles de fuerza que son como para entrar a pelear en instancias sudamericanas, mis marcas se están dando en esa altura”, precisa.

“Eso se refleja en las competencias grandes, antes estaba dentro de los cuatro primeros y eso para mí significaba una evaluación positiva; veía a tipos marcados y grandes, mientras que yo sin llevar tanto tiempo me metía cerca de ellos. Después me encontraba con los mismos y ya no era cuarto sino segundo, y pronto hasta les comencé a ganar”, agrega.

Javier asegura que en su quinto y sexto año de entrenamiento, ya no era raro vencer a los santiaguinos, que eran los adversarios de mayor calibre. “Empecé a entrar recurrentemente a podios, revisaba posiciones de años anteriores donde era sexto, quinto y ellos volaban al lado mío, pero eso me dio más motivación, sabía que podía ganarles. Y así fue, hoy puedo decir que estoy entre los mejores del país”.

Reconocimiento nacional

Javier Pinilla dice que prefiere los 200 metros planos a los 100, aunque en ambas distancias ha logrado destacar. “Me acomoda más el doble hectómetro porque en los 100 metros la salida es decisiva y la mía no es de las mejores, generalmente me meto en los 50 metros hacia arriba, mi carrera lanzada es muy buena. Pero en los 200 metros, la salida no es tan determinante y tengo más distancia para alcanzar a los competidores y pasarlos”, explica.

Lo anterior quedó demostrado en 2017, cuando logró su mejor marca personal en los 200 metros planos con 21,18 segundos en el Grand Prix de Medellín. “Esa vez gané mi serie y terminé octavo en la general con más de 20 competidores, lo que me dejó muy contento porque bajé mucho mi marca y me mantuve todo el año como el mejor de Chile”, recuerda.

En los 100 metros planos, su mejor marca la hizo este año en el Nacional de Santiago con 10,68 segundos, crono que repitió en el Grand Prix de Cochabamba. “Fui cuarto en el Nacional, pero igual conforme por ser mi mejor registro, además que venía de hacer una marca mala en la serie y luego me destapé , metiéndome en la final de los 100 y los 200, salieron muy buenas marcas. Se que estoy para dar más, aunque en la distancia hay varios que se han puesto firmes y el ránking está variando harto”, afirma.

Figura en Adesup y Ldes

Javier cursa cuarto año de Pedagogía en Educación Física en la Universidad del Bío Bío, sede Chillán. “Entré con beca deportiva, el profesor Catalán me ofreció la oportunidad, yo no tenía en cuenta entrar a la U, salí de un colegio técnico que no preparaba para la PSU así es que para mí fue la opción y la tomé de inmediato, y me ha ido bastante bien gracias a Dios”, sostiene.

En este tiempo, ha defendido con éxito la camiseta de su casa de estudios tanto en Adesup como en las Ldes. “Es un orgullo y satisfacción grande representar a la UBB, porque es como una vuelta de mano para mi universidad que me ayuda un montón, financiando todos mis viajes; generalmente vamos tres o cuatro deportistas a torneos, otras veces hemos ido hasta 10 atletas a concentraciones al extranjero y la universidad se porta muy bien, nos ayuda bastante con suplementos y todo eso”, agradece.

Él, por su parte, ha respondido con triunfos. En 2017 salió campeón en 100 y 200 metros planos del Nacional de Velocidad y Saltos, repitiendo este año en el doble hectómetro. En las Ldes también ha brillado, siendo su último resultado el tercer lugar en la misma prueba.

En lo que queda de temporada, sus pretensiones son altas, pese a lo difícil que está el circuito. “Sé que está duro porque han habido buenas marcas en 100 y 200 metros planos, pero estamos trabajando para estar en el podio y bajar mis mejores marcas. Lamentablemente, este semestre no vamos a pistas tan rápidas porque corremos a nivel nacional nomás, pero si bajo mis tiempos estoy pagado”, afirma.

La primera tarea será clasificar al Nacional Ldes, para lo cual dio el primer paso este fin de semana ganando los 100 metros planos del primer Zonal de Atletismo, aunque deberá esperar lo que ocurra en los otros selectivos ya que el paso al Nacional es por marcas (22:40 aproximadamente en 200 y 11:30 en 100 metros). “Al Nacional vamos por todo, quiero dejar lo más alto posible a la UBB y respaldar así el trabajo de mis entrenadores Pedro Catalán e Ismenia Guzmán. Creo que gracias a ellos y mi universidad soy el deportista que soy, ellos se la han jugado por mí siempre, buscando sitios para entrenar, para ir al extranjero y la UBB siempre nos apoya financiando los pasajes y los hoteles que es algo muy poco habitual en otras casas de estudio; mis pares respetan mucho a mi universidad por todo lo que hace por los deportistas”, señala.

Aunque por cierto, el anhelo más de fondo que guarda el velocista, es hacer felices a sus mayores fans allá en San Ignacio, sus padres; de ahí su gran sueño: “Quiero llegar a unos Juegos Olímpicos, tampoco estoy apresurado y si no logro a llegar a Tokio 2020 no me echaré a morir, porque este es un proceso a largo plazo. Si se da más adelante feliz, y mientras tanto tratar clasificar a eventos grandes como Panamericanos y Odesur. Soy joven y tengo ganas de llegar hasta lo más alto que se pueda”, finaliza.

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