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Roberto “zorro” Muñoz, de Fernández Vial: “No era talentoso ni gané plata, pero fueron 17 años muy lindos”

Por: Paulo Inostroza | 13 de Marzo 2018
Fotografía: Lukas Jara M.

Jugó liguilla por el ascenso, bajó a Tercera, vivió el aluvión en el norte y estuvo en los “penales brujos” contra Melipilla. Un emblema del fútbol sin lujos ni coronas.

“Pude jugar un año más, porque estaba a buen nivel, pero quería volver a la zona, por un tema familiar. Ahí dije: ya, el Vial o me retiro. No se dio lo primero y decidí decir adiós”, comenta Roberto Muñoz. El defensor siempre se caracterizó por su fiereza, su pelo largo hecho moña y la sonrisa en cada cancha que recorrió. El sábado fue el “tapado” de la Noche Aurinegra, pero no como jugador. Se vistió de corto y jugó unos minutitos, pero anunció que será ayudante del técnico Esteban Fuertes. “Fue súper emocionante. Hace diez años que no salía de ese túnel vestido de vialino y sentía el aplauso de la gente. Eso no se olvida”.

De sus inicios en Manquimávida, recuerda que “llegué a una Sub 17, donde dirigía el ‘Perro’ Avilés con Justo Farrán. Uf, para ellos solo agradecimientos. Son como una inspiración para mí. Ahí estaban ‘Leo’ Mena, ‘Pancho’ Prieto, Lizandro Henríquez, Morán, el Ángelo López… A Mena me lo llevé a Vallenar ahora último. Todos muy buenos amigos, aunque con algunos vas perdiendo contacto”.

Y en Vial las pasó todas. “Hubo momentos buenos, como esa liguilla pro el ascenso, contra Palestino. Collao estaba lleno, pero no se pudo. Después se complicaron las cosas y el 2008 bajamos. Fue un año súper malo y siempre había problemas con los sueldos. Muchas veces en Vial firmamos sin recibir plata, pero sentíamos que había que ayudar al club. El cariño era grande. Yo andaba bien y en ese tiempo tuve ofertas de Magallanes, Lota y el mismo Palestino, pero no me fui porque Vial era mi casa. Quizás fue un error, económicamente, pero uno siempre toma decisiones así de adentro”.

¿Sigo o no sigo?

El “Zorro”, que pasó por Lota, Copiapó y Vallenar, cuenta que “la gente de Vial se identificó mucho conmigo y me tomó cariño. Debe ser por el sacrificio, la entrega. Porque siempre he sabido que muy dotado en lo técnico no era. Mira, yo no era talentoso ni gané plata en el fútbol, pero fueron casi 17 años muy lindos de carrera. Hice amigos, me gané el respeto de rivales y los hinchas. Siempre fui muy honesto y eso la gente lo reconoce”.

Y anécdotas le sobran. “Sufrí el aluvión en Copiapó y ahí mi familia se tuvo que volver a Concepción. Acá teníamos una casa que se la arrendábamos a jugadores de Lota. Allá en el norte era puro barro, se puso feo y peligroso para mis niñas. Yo no me lesiono nunca, pero el 2016 me fracturé tibia y peroné en un partido a beneficio. Esa sí que es mala suerte. Me recuperé, aunque ya tenía 34 años y volví, salvamos a Vallenar y fuimos campeones, aunque nos quitaron el ascenso por el error del árbitro en los penales, contra Melipilla. Me ha pasado de todo”, repasa.

Hoy tiene 36 años y le cuesta imaginarse entrando al camarín sin vestirse de corto. Podría ser frustrante, pero cuenta que “cuando llegué el otro día a la casa, después de los aplausos que me dieron en Collao, mis hijas me dijeron que estaban orgullosas de lo que habían visto y orgullosas de mí. Eso lo paga todo. No tengo nada de qué arrepentirme”.

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