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Cerros quemados en Biobío: Evalúan el riesgo de aluvión tras tragedia en Las Condes

Tras el megaincendio de enero, las laderas de Lirquén quedaron expuestas a las lluvias. Sin embargo, la hidróloga Alejandra Stehr enfatizó que la posibilidad debe evaluarse según las características de cada zona.

Por: Hugo Ramos Lagos 10 de Octubre 2026
Fotografía: Archivo.
Lo que debes saber

• La pérdida de cobertura vegetal tras los incendios puede intensificar el escurrimiento y el arrastre de sedimentos, aunque la posibilidad de un aluvión depende de las condiciones de cada sistema hídrico.

• La evaluación técnica de las laderas permite identificar sectores vulnerables y definir medidas como terrazas, estabilización de taludes y mejoras en la evacuación de aguas lluvias.

• En Penco, las autoridades han impulsado estudios y obras preventivas en zonas críticas, mientras continúan los trabajos para recuperar la infraestructura de drenaje afectada por cenizas, barro y residuos.

Te invitamos a leer la nota completa más abajo para conocer los detalles.

El impactante aluvión que afectó a la comuna Las Condes encendió las alertas por los riesgos que enfrentan los terrenos dañados ante lluvias intensas. Y es que la emergencia en la Región Metropolitana se vinculó rápidamente al incendio que meses antes había golpeado dicho sector de la capital, por la pérdida de vegetación y sus posibles efectos en el escurrimiento del agua.

Aunque a kilómetros de distancia, el escenario también preocupa en el Biobío. El fuego del megaincendio de enero dejó cerros sin cobertura vegetal en Penco-Lirquén y otras zonas del Gran Concepción, cuyas laderas siguen expuestas a las precipitaciones.

De hecho, tras las lluvias posteriores al fuego ya se han registrado escurrimientos con barro de menor magnitud, según explicó a Diario Concepción Alejandra Stehr, ingeniera civil especializada en hidrología y académica de la Universidad de Concepción (UdeC).

“En el fondo, no hemos tenido un evento como el que pasó en Santiago. Pero en la zona de Penco sí sucedieron a menor escala”, señaló la especialista.

Junto con ello, para dimensionar lo ocurrido en Las Condes, Stehr explicó que en el sector se registraron cerca de 19 milímetros de lluvia en una hora., lo cual debe describirse como un episodio poco frecuente.

Además, el acumulado de una hora no muestra por sí solo la intensidad que alcanzó la lluvia en momentos específicos. Según detalló, hubo sectores donde cayeron entre cinco y seis milímetros en apenas cinco minutos, una concentración que puede provocar una respuesta rápida del terreno y de los cursos de agua.

Este tipo de episodios se relaciona con el fenómeno conocido como flash flood o inundación súbita, que ocurre cuando el agua se acumula o escurre rápidamente en un corto período.

Otro elemento clave es el tiempo de concentración de una cuenca, es decir, cuánto demora el agua que cae en su punto más alejado en llegar hasta la salida. Para el caso de Las Condes, Stehr mencionó un tiempo aproximado de 31 minutos. Por eso, planteó que la evaluación del riesgo debe considerar las precipitaciones acumuladas en lapsos comparables con ese período, y no limitarse al total registrado durante una hora.

Entonces, ¿podría una lluvia de estas características desencadenar un fenómeno de esa magnitud en Penco y Lirquén? La académica es escéptica al respecto, y advirtió que no es posible trasladar directamente el registro capitalino a la realidad local, porque cada cuenca tiene características propias y umbrales distintos.

Para determinar qué intensidad de lluvia podría generar una emergencia en estos sectores, explicó, es necesario analizar las curvas de intensidad, duración y frecuencia correspondientes a las cuencas locales.

La comparación, por tanto, no permite anticipar por sí sola un aluvión en el Biobío. Sí refuerza la necesidad de estudiar las condiciones de las cuencas locales, especialmente en sectores donde los incendios modificaron la cobertura vegetal y dejaron las laderas expuestas a las lluvias.

Qué hacer en los cerros quemados

La pérdida de vegetación es uno de los factores que deben considerarse. Los árboles interceptan parte del agua que cae durante las precipitaciones y ayudan a reducir la cantidad que llega directamente al suelo. Cuando el fuego elimina esa cobertura, puede aumentar el escurrimiento superficial y facilitar el arrastre de sedimentos.

A nivel local, Stehr planteó que es necesario evaluar las laderas afectadas para identificar sectores donde podrían producirse deslizamientos y definir obras de mitigación según las condiciones de cada terreno.

“Hay que ir analizando, hacer algunas retenciones, como terrazas, e ir evitando que se produzcan estos deslizamientos”, sostuvo. Estas intervenciones pueden ayudar a controlar la velocidad del agua y reducir la posibilidad de que se formen flujos de mayor fuerza, aunque su aplicación debe responder a una evaluación técnica del lugar.

La académica también advirtió que las medidas de prevención de incendios deben considerar lo que ocurre después, cuando llegan las lluvias. Las intervenciones en la vegetación y los alrededores de las viviendas, señaló, requieren planes de manejo que contemplen tanto el riesgo de nuevos focos de fuego como el comportamiento del agua en las laderas.

“Los árboles que ya están más grandes, esos hay que dejarlos”, planteó, al explicar que la vegetación contribuye a interceptar las precipitaciones. A esto sumó la necesidad de mantener sistemas de canalización de aguas lluvias y ejecutar obras que permitan conducir el escurrimiento sin favorecer la formación de corrientes capaces de arrastrar barro y otros materiales.

Soluciones en marcha

Consultado, el alcalde de Penco, Rodrigo Vera, explicó que “desde el día uno que ocurrieron los incendios forestales sabíamos la gran preocupación que eran los potenciales deslizamientos, por eso, junto con el Serviu, se generó un plan maestro con medidas de mitigación de corto plazo y soluciones definitivas”, sostuvo.

Según el jefe comunal, las intervenciones han incluido estudios de mecánica de suelos, trabajos en taludes y muros, además de mejoras en la evacuación de aguas lluvias. Respecto de los resultados, afirmó “durante todo este sistema frontal no hemos tenido deslizamientos en masa”, atribuyendo ese escenario a las medidas implementadas.

Entre los sectores que mantienen bajo atención por la posible saturación del terreno, Vera mencionó a Antonio Varas, Vista Hermosa, Los Pescadores, Héctor Navarro y Lord Cochrane.

La preocupación por estos riesgos ya había quedado recogida en abril, cuando el municipio informó la identificación de siete puntos críticos en Lirquén: Antonio Varas, Séptimo de Línea, Vista Hermosa, Villa Los Pescadores, Villarrica, Villa Alegre y Villa Penco. El análisis consideró factores como las pendientes pronunciadas, las quebradas activas, los suelos de baja permeabilidad y las deficiencias en la evacuación de aguas lluvias.

A estas medidas se sumaron obras de conservación de las redes secundarias de aguas lluvias, iniciadas el 1 de octubre, con una inversión superior a los $900 millones y un plazo de ejecución de 120 días. Los trabajos abarcan más de 21 puntos de la comuna, incluidos sectores de Cosmito, La Greda, Penco Centro y Lirquén, y contemplan la limpieza, reparación y reconstrucción de tuberías, cámaras y sumideros.

La intervención busca recuperar la capacidad de conducción de una infraestructura afectada por sedimentos, cenizas, barro y residuos acumulados tras los incendios y los posteriores sistemas frontales.

Por último, y sobre el estado de los terrenos y las medidas para prevenir remociones en masa en la región, el Serviu Biobío indicó a este medio que a comienzos del invierno identificó los puntos críticos y definió intervenciones. Además, informó que la semana pasada comenzaron obras de conservación de aguas lluvias en Lirquén, aunque no entregó nuevos antecedentes sobre las condiciones actuales de las laderas.

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