A una década de la implementación de la normativa que busca aumentar la valorización de residuos y responsabilizar a los productores por su gestión, recicladores de base de la región cuestionan algunos cambios. Desde Medio Ambiente plantean como desafío fortalecer la infraestructura, la gestión y las oportunidades dentro de la cadena de reciclaje.
Por Montserrat Serra Cárdenas.
Hace diez años comenzó a implementarse en Chile la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP), normativa que estableció un nuevo modelo para la gestión de determinados residuos y que busca que los productores se hagan cargo de estos una vez terminada su vida útil.
Según el Ministerio del Medio Ambiente (MMA), el objetivo es avanzar desde un modelo basado principalmente en la eliminación de residuos hacia uno que permita su reutilización, reciclaje y valorización, reincorporándolos a los ciclos productivos.
Una década después, el balance también se observa desde quienes realizan una parte fundamental de ese proceso, es decir, los recicladores de base.
En el Biobío, quienes llevan décadas dedicados a la recolección y clasificación de materiales reconocen algunos avances, principalmente vinculados a infraestructura y equipamiento, pero también plantean dificultades económicas y cambios en el acceso a los residuos que recuperan diariamente.
El seremi del Medio Ambiente del Biobío, Mario Delannays, señaló que el fortalecimiento de la gestión de residuos y el impulso al reciclaje forman parte de las prioridades definidas para este periodo por la cartera.
“La gestión de residuos y el avance del reciclaje son uno de los lineamientos y pilares fundamentales que nos hemos propuesto como Ministerio para este periodo. Tenemos el desafío de fortalecer la gestión, aumentar las tasas de valorización y generar las condiciones para que más residuos puedan reincorporarse a los ciclos productivos”, señaló el seremi.
La autoridad agregó que avanzar hacia una economía circular requiere fortalecer las capacidades existentes y generar nuevas oportunidades para quienes participan en la recuperación de materiales.
“Queremos avanzar desde una lógica en que los residuos son vistos solamente como un desecho, hacia un modelo donde puedan ser incorporados nuevamente a los ciclos productivos. Esto requiere fortalecer la infraestructura, mejorar la gestión, generar educación y también abrir nuevas oportunidades para quienes participan de esta cadena”.
En esta tarea, Delannays relevó además el papel que cumplen los recicladores de base y los municipios en la implementación de las políticas y sistemas de gestión de residuos.
Iris Mardones lleva 32 años trabajando en el rubro y forma parte de los Recicladores del Biobío. Desde esa experiencia, sostuvo que el diseño inicial de la normativa no habría considerado lo suficiente a quienes realizan directamente la recuperación de materiales.
De acuerdo con lo que comentó, los recicladores fueron incorporándose al funcionamiento del sistema cuando se hizo necesario contar con quienes recuperaran los residuos.
Mardones indicó que, pese a los cambios normativos y a la incorporación de nuevos actores, los recicladores han continuado desarrollando su trabajo de manera independiente. “A pesar de la ley, nosotros seguimos en la misma reciclando y buscando material”, declaró.
Uno de los cambios que identifica en los últimos años es la participación de sistemas de gestión, como ReSimple, que han comenzado a operar en la recuperación de residuos.
La recicladora mencionó que esto también ha significado una disminución del material al que antes tenían acceso directamente, lo cual también tendría una expresión directa en los ingresos de quienes trabajan en el reciclaje. “Si nosotros antes ganábamos unos 300 o 400 mil pesos, ahora estamos ganando como unos 200 mil pesos”, contó.
Paola Mardones, también recicladora y hermana de Iris, criticó directamente al valor que reciben por los materiales recuperados y a los costos que deben asumir para continuar trabajando.
Como ejemplo, señaló la disminución en el precio del papel blanco. “Imagina que antes, el papel blanco estaba a $ 160 el kilo. Ahora en Sorepa está a $ 70”.
Paola explicó que en una de las jornadas de trabajo calcularon que habían obtenido alrededor de $ 50 mil en una quincena, monto que, según relata, resulta insuficiente para cubrir incluso los gastos de traslado.
“Antes ganábamos como $ 250 mil en la quincena. Y yo le decía a mi hermana que lo que ganamos ahora no alcanza ni para los pasajes de ida y vuelta”, declaró Paola Mardones.
Otra de las compañeras, Adriana Silva, tiene 60 años y lleva gran parte de su vida dedicada al reciclaje. Papel, cartón, latas y otros materiales forman parte de los residuos que recupera.
Consultada por los cambios que ha observado durante los últimos años, identificó principalmente avances en las herramientas disponibles para realizar el trabajo.
La incorporación de estos equipos ha permitido modificar parte del proceso de trabajo. Silva explicó que antes los materiales eran trasladados en cajones y fardos de cartón. Actualmente pueden ser prensados previamente.
Para ella, sin embargo, el sentido de continuar reciclando va más allá de los cambios en el sistema. “Me gusta y es algo a lo que ya me acostumbré. Además, hay que cuidar el planeta, porque eso es importante”.
Silva contó que cada 15 días puede recibir entre mil y dos mil kilos de materiales, considerando papel, cartón, botellas y otros residuos.
Por otro lado, Miriam Castillo, de 73 años, comenzó en el reciclaje en 1992 y se reconoce como una de las fundadoras de los Recicladores del Biobío.
Actualmente continúa trabajando y explicó que el reciclaje representa un complemento necesario para sus ingresos. “Yo tengo mi pensión, pero eso es una vez al mes. Con esto hago supermercado y compartimos los gastos de la casa”.
Castillo también destacó que contar con un terreno donde trabajar ha sido fundamental. A eso se suman herramientas como prensas, enfardadoras y otros elementos que facilitan la recuperación y preparación de los materiales.
Sin embargo, uno de los problemas que identificó Castillo también es la llegada de nuevos sistemas de recolección y la disminución del material que recibe directamente la organización. “ReSimple nos está llevando todo el material”, señaló.
Según relata, durante algunos días no habría llegado el camión municipal con materiales a su lugar de trabajo, situación que genera preocupación debido a la dependencia que tienen de estos residuos para desarrollar su actividad.