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Fundadores y forjadores de la Universidad de Concepción

Por: Diario Concepción | 24 de Mayo 2019
Fotografía: Universidad de Concepción

Alejandro Mihovilovich Gratz
Profesor de Historia y Geografía

A cien años de la creación de la Universidad de Concepción, cabe preguntarse qué impulso a una comunidad penquista de no más de cincuenta mil almas a decir que se podía realizar esta magna idea, dado incluso la negativa del gobierno de la época, y el celo con que miraban otras casas de estudio el surgimiento de una competencia al sur de Santiago. Tan solo podemos encontrar en el nombre de nuestra casa de estudio un reclamo al centralismo, al definir nuestra institución como una universidad “DE” Concepción, con un “DE” con sabor a indicar que es nacida en Concepción y para pencones, y significar que cuando un pueblo o comunidad se empodera de algo “si se puede”, frase hoy muy reiterativa en diversas comunidades.

La idea de una universidad en Concepción no era nueva. Cabe recordar que la primera universidad en Chile fue la Universidad Pencopolitana, surgida en Concepción en 1709, autorizada por su Santidad Gregorio XV y por una Real Cédula de Felipe V, que autorizaron la creación de la universidad cuyo nombre en latín era “Universitas Pencopolitana Realis et Pontificia”. Otra institución que surgió por primera vez en Concepción, para luego trasladarse a Santiago, fue la Real Audiencia, dirigida por el Gobernador Melchor Bravo de Saravia, que por Cédula extendida por Felipe II, en Madrid el 23 de septiembre de 1567, lo designaba para el cargo de presidente de la audiencia y concentraba en su persona todo el Gobierno de Chile.

Varios años antes de la llegada de Enrique Molina Garmendia al Liceo de Hombres de Concepción, dos rectores ya preparaban el camino para la creación de una universidad. Estos fueron Temístocles Rojas y don Pedro Nolasco Cruz Silva, este último dejó inaugurado el año 1915 (año de su muerte) el más bello edificio educacional construido en Chile, con capacidad para mil quinientas plazas. Recuérdese que en este establecimiento funcionaba el Curso Fiscal de Leyes desde 1865, y durante el rectorado de don Pedro Nolasco Cruz Silva este solicitó la construcción de un edificio con capacidad para mil alumnos externos, quinientos internos, ciento cincuenta medios pupilos, además de trescientos sesenta para los cursos de leyes, farmacia y Dentística. El edificio se inauguró en 1915 con una matrícula de seis cientos cuarenta y dos alumnos, trescientos sesenta en humanidades, doscientos veinticinco en preparatoria y cincuenta y siete en leyes.

Como se puede observar la idea de nuestros fundadores contaba con el Liceo como una base con la cual llevar adelante la idea, ella se solventaba primero para solucionar el costo que significaba trasladarse a estudiar a Santiago, incluso para las clases pudientes de la población. Otra causal que vino a reforzar la idea de una universidad fue la apertura del Canal de Panamá en 1914, que impidió la llegada a la zona, de barcos que hacían la ruta por el Estrecho de Magallanes y el descubrimiento del salitre sintético, que vino a quebrar nuestra próspera industria salitrera. Aceleraron la creación de una universidad, pero ahora con la inclusión de la carrera de Química Industrial, que sería según el pensamiento de la época “el futuro de todo el desarrollo”.

La idea no sólo tomó fuerza en los fundadores que aportaron con su firma en las primeras reuniones de constitución, sino que también en los cuerpos intermedios de la sociedad y municipalidades de la Región, que se verían favorecidas con el surgimiento de una institución de enseñanza superior cercana a sus comunas y de inmediato aportaron para la concreción de la idea.

El 23 de marzo de 1917, se convocaron en el salón municipal ochenta y dos personas que eligieron a don Enrique Molina director del Liceo de Hombres de Concepción, como presidente de la asamblea. En esta reunión se inicia el camino fundacional de la universidad. No todos los firmantes van a participar activamente en el desarrollo de la institución, pero nombres de fundadores como: Enrique Molina, Virginio Gómez, Samuel Guzmán García, Luis David Cruz Ocampo, Julio Parda Benavente, Emilio Grant Benavente, Edmundo Larenas Guzmán, Fernando Salamanca Monje, Samuel Valdivia Galleguillos, Salvador Gálvez Rojas, Carlos Soto Ayala y otros tuvieron una activa participación en el seno de nuestra casa de estudios.

Otro grupo corresponde a los forjadores, que a través del tiempo fueron generando y creando dentro de la institución nuevas especialidades y carreras. En este grupo podemos destacar nombres como: Augusto Pescador Sarget, Rolando Merino Reyes, René Cánovas Robles, los hermanos Ennio y Augusto Vivaldi, Leopoldo Muzzioli Adani, Wilfred Junge; entre las mujeres podemos destacar a doña Corina Vargas, Blanca de la Sotta Benavente, Gladys Peake Guevara, Celia Cortés Jullian, Beatriz Coddou Geerdts, Rita Clorinda Riquelme Rondanelli, Marta Montori Torres, María Molina Aqueveque de García. Con seguridad estoy dejando en el tintero muchas otras personas que con su esfuerzo han hecho que nuestra casa de estudio llegue al lugar que hoy ostenta dentro del círculo de universidades destacadas en Chile y en Latinoamérica por su prestigio y calidad.

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