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Benito Baranda frente a nueva política de Infancia: “Si no hay reparación, es imposible cicatrizar las heridas del Sename”

El presidente ejecutivo internacional de América Solidaria abogó por reparación para las personas abusadas bajo la estructura del Servicio Nacional de Menores.

Por: Javier Cisterna | 09 de Agosto 2018
Fotografía: Carolina Echagüe M.

“Pare, mire y actúe” fue el nombre del seminario del que participó ayer el presidente ejecutivo internacional de América Solidaria, Benito Baranda.

Invitado por la Universidad Andrés Bello sede Concepción, el psicólogo y ex director social del Hogar de Cristo expuso sobre los vaivenes de las personas en situación de calle, oportunidad en la que, también, se refirió al debate por las políticas de infancia.

– ¿Cómo ve la agenda que se instala desde La Moneda?

– El martes lanzamos un libro con el ministro de Desarrollo Social con antiguos textos del padre Alberto Hurtado y mucho de lo que nos pasa hoy, con el mismo lenguaje de la época del padre Hurtado y quizás con menor cantidad de niños, tiene eco en esos años. Muchos niños hoy lo pasan muy mal y, frente a esos niños que la pasan muy mal, se fue postergando una reforma que se debió haber hecho unos veinte años atrás. Se fue retrasando y eso afectó fuertemente la historia de estos niños, al punto de que muchas de las personas que están encarceladas han pasado por sistemas de protección que los deberían haber sacado de esas dificultades. Se dice que más del 40% de quienes están hoy cumpliendo una condena en cárceles de adultos pasó por algún recinto del Sename antes.

– Generalmente, se invita a una reflexión como sociedad. ¿Eso no le resta responsabilidad a los gobiernos?

– Yo creo que la reflexión para la sociedad chilena es más profunda. Es decir, cuánto esfuerzo queremos hacer nosotros, los ciudadanos, para que estos niños y niñas se puedan incluir en la sociedad y eso implica un esfuerzo nuestro, de actitud, y también un esfuerzo tributario.

– ¿Siente que la discusión en torno al Sename toma un rumbo de interés con el anuncio de su fin?

– Además, la mesa que se estableció, las 94 medidas… Todo eso va bien encaminado. Tenemos que esperar un año, por supuesto, y el próximo podremos hablar con mayor claridad de lo que se ha cumplido o no. El cambio de nombre del servicio, también. Pero bueno, todos sabemos que el cambio de nombre no significa automáticamente un cambio profundo.

– ¿Y el reemplazo de los antiguos centros por residencias con menos jóvenes?

– El Hogar de Cristo hace muchos años lo viene planteando, desde la década de los ‘60. Hoy hay dos modelos que está desarrollando el Hogar de Cristo para ver qué modelo es el más adecuado para los niños y las niñas. Esos pilotos se van a poder evaluar después de un año. Todos esos son avances que los estamos realizando tardíamente, pero los estamos realizando. Eso es lo importante y que, en los próximos años, van a haber cambios importantes en los servicios que atienden a las personas menores de edad en nuestro país.

– El informe de Naciones Unidas que culpa al Estado de graves violaciones a los derechos de los menores en el Sename, hace énfasis en la necesidad de reparar a víctimas. ¿Ha estado ausente ese enfoque?

– En general, en Chile cuesta mucho socialmente la reparación. Cuesta que la comunidad entienda que hay que reparar a las personas que fueron violentadas en la época de la Dictadura, cuesta reparar también a las víctimas que han sido abusadas por sacerdotes dentro de la estructura de la Iglesia y, por supuesto, cuesta reparar a los niños que han sido vulnerados en sus derechos dentro de la estructura del Sename. Si no hay reparación, es imposible cicatrizar las heridas del Sename. En todos los ámbitos tiene que haber reparación, como ocurre dentro de una familia, de cualquier organización. Esa reparación no pasa por un cariz político, pasa, exclusivamente, por una visión humana de lo que le ha ocurrido al otro, que ha sido violentado por el Estado o por alguna organización que tenía mucho poder, mayor que él, y esa violencia le ha generado mucho daño.

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