La cruzada de los científicos contra la moda cannábica

Autor: Francisco Bañados 27 de Mayo 2018 12:05 AM

El domingo 13 de noviembre de 2016 entrevistamos a quien ha encabezado algunas de las investigaciones más relevantes en el continente sobre el impacto de la marihuana en adolescentes. Pese a que las cifras son escalofriantes, constata que los políticos escuchan más a lobbistas que a científicos.

En una radio de difusión nacional, un conocido locutor entrevista a un “experto” en marihuana, quien entrega sus mejores consejos a los auditores para iniciar el autocultivo en sus casas. El invitado, además, distribuye generosamente algunas semillas en el set.

Conduciendo su auto rumbo a su oficina, una auditora en particular casi no da crédito a lo que escucha. Un “casi” relativo, porque ya lo ha visto antes. Como esa vez en que se encontró con una colosal gigantografía camino al aeropuerto con la leyenda: “Liberales, el Chile que somos”, con un modelo adulto fumando un cigarro artesanal de presumible marihuana. O en la parte posterior de cientos de buses del transantiago, con una campaña del Ministerio de Cultura y de las Artes, para incentivar la lectura, a través de un sugerente “Sí al autocultivo”.

Es Anneliese Dörr, doctora en Psicología, directora del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Chile quien, desde hace 10 años, junto a la psicóloga y co investigadora Sandra Viani, ha dirigido y coordinado algunas de las investigaciones más importantes de Latinoamérica respecto al daño que provoca el consumo de marihuana en adolescentes.

Pese a toda la información científica acumulada en años de trabajo, ella sabe que rema contra la corriente, en un país donde ya se ha instalado la idea de que la marihuana no es una droga que haga daño, y donde su consumo es visto como un atributo liberal, “cool” y de mente abierta.

Sin embargo, se resiste a calificar su labor de cruzada. La cruzada tiene un matiz importante de fe, pero aquí no hay fe involucrada, no hay consideraciones valóricas ni conservadoras: sólo la convicción que entrega la ciencia, a través de un sinfín de investigaciones realizadas en Chile y en el resto del mundo, publicadas en las revistas científicas más prestigiosas del orbe, que dan cuenta de los efectos nocivos sobre el funcionamiento cerebral, en especial en funciones relacionadas con el aprendizaje, la memoria, la planificación y la motivación. Daños, las más de las veces, irreparables.

Desde su oficina del campus oriente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, la misma donde sigue tratando a niños y adolescentes en riesgo social, revisa publicaciones, despliega power points y muestra recortes de prensa. El último, un artículo de La Nación de Argentina, sobre un encuentro realizado hace 10 días por el Consejo Federal de Drogas realizado en la ciudad de Chubut, donde asistió como expositora invitada junto a la neuróloga infantil Keryma Acevedo. Del artículo, subraya una frase demoledora de Claudio Mate Rothgerber, director local de prevención de adicciones y ex ministro de Salud trasandino: “La mitad de los argentinos vive en la pobreza; abrir las puertas a la droga en contextos sociales como los que vivimos sería parte de un exterminio social”.

Lamenta que en Chile no haya autoridades dispuestas a hablar con la misma claridad, a pesar de que nuestro país tiene el porcentaje más alto de escolares consumidores de marihuana, y la más alta relación entre consumo y baja percepción de riesgo. La reciente salida del director de Senda, el médico psiquiatra Mariano Montenegro, sería a su juicio una señal equivocada por parte de la administración Bachelet.

– Ha habido una preocupación fuerte del Ministerio de Salud por restringir el uso de sal y de azúcar, que se suman al tabaco y el alcohol. ¿Ha visto un celo similar por una campaña para desincentivar el consumo de marihuana, viendo  el alza de un 32% en 10 años?

Ni el Ministerio de Salud ni el de Educación han dicho nada al respecto. Y el silencio del Mineduc es especialmente llamativo, por cuanto Chile ostenta el primer lugar en el mundo en consumo de marihuana en escolares, y eso tiene directa relación con el porvenir de esos niños. Son vidas que se ven truncadas. Futuros que no van a poder desarrollar su potencial, sobre todo los más desposeídos, los que cuentan con menos medios para salir del circuito vicioso de la pobreza. En un asunto tan grave como éste, me parece que ha habido irresponsabilidad por parte del Gobierno al guardar silencio y no hacer nada (…) No se está considerando la opinión de quienes más saben del tema; la comunidad científica y médica está alertando sobre los daños y riesgos que tiene para los jóvenes el consumir marihuana, y el Gobierno y los parlamentarios no están escuchando. Eso me parece escandaloso.

– ¿Y por qué ocurre esto?

– Yo creo que aquí puede haber presiones por intereses económicos. Hay industrias que venden semillas de marihuana y que se van a favorecer con la venta. Hay industrias que han alterado deliberadamente el THC de la marihuana, y hoy es un agente muchísimo más fuerte que hace 30 años. Hay entidades que están haciendo lobby a alto nivel para que se liberalice el autocultivo. Hay fundaciones que están haciendo mucha presión, y que están basando todos sus argumentos en casos aislados, no en estudios científicos serios.

– El proyecto para permitir y regular el autocultivo, va muy avanzado en el Parlamento. ¿Qué opina al respecto?

– Es una medida riesgosa e inapropiada, que va a aumentar el consumo y la baja percepción de riesgo de la población respecto de la marihuana. No funciona así. La marihuana produce daños y es una planta que no puede ser usada sin control. Me parece necesario aclarar un mito: la marihuana nunca va a ser medicinal. Es una planta que tiene 500 componentes, y algunos van a ser usados para ciertos fines médicos si la evidencia lo demuestra, y hasta el momento no lo han demostrado.

– ¿Puede existir una convivencia entre la despenalización de la marihuana con campañas intensivas para frenar el consumo en adolescentes?

– No. El experimento ya se ha hecho en otros lados y no ha funcionado. ¿Para qué lo vamos a hacer nosotros? Las estadísticas de Colorado, donde se despenalizó el consumo, se han estudiado con lupa, en pocos años se ha cuadruplicado el consumo. Y lo otro es que legalizar la marihuana y no las otras drogas es enviar un mensaje falso a la ciudadanía: que esta es la droga inocua. Que las otras drogas hacen daño, pero la marihuana no.

Hay países donde no se ha legalizado y se ha privilegiado no criminalizar al joven que consume, sino que ayudarlo en su rehabilitación, esos son los países que mejores índices tienen en reducción de la drogadicción.

– Para muchos, es imposible dejar de lado el matiz valórico en esta discusión, es decir, un debate entre conservadores y liberales, donde hay que elegir equipo.

– En Chile el tema del consumo de marihuana se ha ideologizado, pero ello no ocurrió porque sí, fue algo provocado por industrias que tienen interés en lucrar con ella. Cada vez vemos más propaganda, más avisos, más información sobre los supuestos usos mágicos, terapéuticos y medicinales de la marihuana, y de cómo cierta sociedad anacrónica y conservadora es aquella que no acepta esta “verdad”. Es muy peligroso que se ideologice un tema así. El cigarro se ideologizó en su tiempo. El fumador era “cool”, el canchero, el seguro de sí mismo. Ahora está ocurriendo algo similar a favor del consumo de marihuana. Se ve tanta publicidad y es tanta la información sesgada que uno encuentra en las redes, que la gente no sabe cómo buscar información confiable. Si haces el ejercicio, lo primero que vas a encontrar en Google son sociedades pro cannábicas. Si quieres encontrar estudios serios en revistas científicas indexadas, están mucho más abajo, o incluso hay que pagar para descargarlos.

Neurospect: Pruebas irrefutables en el cerebro

Hacia el año 2006, un equipo interdisciplinario de médicos, psicólogos y científicos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, encabezado por Anneliese Dörr, decidió embarcarse en una investigación en un territorio, hasta la fecha, insuficientemente explorado: el efecto del consumo de marihuana en adolescentes escolares. Iniciaron un estudio enfocado en el consumo de más de 400 alumnos de 12 a 18 años en educación pública, subvencionada y particular, a quienes realizaron encuestas de salud, revisaron sus informes de notas, aplicaron tests de inteligencia y pruebas neuropsicológicas.

“Las diferencias entre el grupo de control (no consumidores) y el de consumidores fueron estadísticamente significativas. Los resultados fueron poco a poco confirmando nuestra intuición, ante jóvenes que no tenían idea del daño que se estaban haciendo. El escenario era peor de lo que habíamos imaginado. El gran mérito de este primer estudio fue habernos anticipado a una situación que comenzó a hacerse cada año más grave, y que nos llevó al escenario actual, en que Chile es número 1 mundial en consumo de marihuana en escolares, y eso tiene directa relación con cómo ha ido en aumento la percepción de inocuidad”, explica.

Ello los motivó a iniciar un segundo estudio de similares características en 2011, pero esta vez agregando un valioso instrumento de medición: el NeuroSpect, tecnología más avanzada que el scanner o la resonancia magnética, que permite captar a través de imágenes tridimensionales los flujos e irrigación sanguínea en el cerebro. “Esta vez nos centramos en jóvenes de poblaciones socialmente vulnerables, lo cual agrava las consecuencias o efectos del fracaso escolar asociado al consumo habitual de marihuana”, precisa Dörr. A un universo de 565 estudiantes de colegios municipales y subvencionados, los investigadores aplicaron una serie de filtros para darle un marco de estudio muy definido, que permitiera comparar alumnos no consumidores a consumidores con características particulares: que sólo consumieran marihuana y no otra droga, que jamás hubieran consultado a un especialista por problemas de adicción ni hubieran sido rotulados como adictos. En definitiva, escolares que no constituyeran aún un problema de salud pública. Se consideró consumidor al alumno que declarara un mínimo de cuatro episodios de consumo exclusivo de cannabis durante el último mes, con una habitualidad mínima de 18 meses. Se llegó así a seleccionar dos grupos: uno de 40 consumidores y otro de 40 no consumidores.

Analizados los exámenes del NeuroSpect, las conclusiones fueron alarmantes: una correlación entre el consumo de marihuana en adolescentes y efectos nocivos sobre el funcionamiento cerebral, en especial en funciones cognitivas involucradas en el aprendizaje: memoria de trabajo, atención y concentración. Esta vez, el NeuroSpect permitía determinar claramente en la corteza cerebral lo que ya habían consignado los test neuropsicológicos aplicados: el impacto negativo en estilo de trabajo, precisión, organización del material, estrategias de ejecución y formas de abordaje de la tarea.

En el contexto de la aplicación del segundo estudio de 2011-2012, Dörr encabezó una investigación paralela para su tesis doctoral, en la que se abocó a la problemática de cómo adolescentes consumidores habituales viven su temporalidad. Para ello encomendó a los 40 consumidores y 40 no consumidores la elaboración de ensayos personales, que luego se tabularon en base a su análisis del pasado, presente y proyección del futuro. “Los consumidores aparecen detenidos en una etapa más infantil, en que predomina el presente, y en que el futuro pareciera no estar unido con el pasado, el cual impresiona como si fuese evitado”, precisa la investigadora.

Entre las conclusiones, se impone en este grupo una pobreza en las dimensiones temporales referentes al pasado y al futuro, mientras que el relato se desarrolla más en el momento presente; elementos del pasado no tienen relación con proyecto futuro; y lo que ha sido (pasado) no se enlaza con lo que quiere ser. “En definitiva –explica Dörr- manifiestan un deficiente control sobre su vida futura, lo que se asocia con una merma en su capacidad de anticipación. El futuro no se encara, aparece postergado, evitado, delegado en otros. Se va una limitación su en autonomía y una pérdida de confianza en los propios recursos”.

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