¿Emociones buenas o malas?: todas son necesarias, pero también pueden volverse disfuncionales

01 de Noviembre 2026 | Publicado por: Natalia Quiero
Fotografía: Pexels

No hay una emoción positiva o negativa, sino unas se experimentan con agrado o desagrado, todas naturales y con la función de reaccionar frente a un estímulo.

Las personas suelen buscar y apreciar lo que da alegría, mientras se huye y hasta detesta lo que provoca enojo, miedo o desagrado. Todo es lo mismo, emociones, aunque el primer grupo se asocian a sentirse bien y el segundo a malestar, y por ello muchas veces se etiquetan de buenas o malas y positivas o negativas.

Aunque esa connotación no sólo es incorrecta, también potencialmente perjudicial para la inteligencia emocional y salud mental. Y es que invisibiliza el origen biológico y función esencial de cada una de las emociones que se pueden experimentar, y subestima la importancia de que ninguna se exacerbe hasta niveles que son disfuncionales y afectan el desenvolvimiento adecuado.

Por eso comprender las emociones puede ser una clave del bienestar integral de las personas y social, según plantea el doctor en Psicología Felipe García, psicólogo clínico, director del Programa de Doctorado en Salud Mental y académico del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la Universidad de Concepción (UdeC).


Y avanzar en ello es un reto crítico en un país donde las cifras de problemas de esta índole son alarmantes en distintos grupos etarios. Por ejemplo, el más reciente Termómetro de Salud Mental Achs-UC advirtió que la ansiedad generalizada afecta a casi 26% de la población y que 13% presenta sintomatología depresiva.

Naturales y necesarias


La definición oficial del concepto emoción, según la Real Academia Española (RAE), es “alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática”.

Desde lo biológico y psicológico, son respuestas multidimensionales, complejas y automáticas frente a algún estímulo que puede ser interno o externo en relación con diversas situaciones y personas, explica García, también fundador y director General del Centro de Estudios Sistémicos Cesist- Chile. Además, son universales, compartidas por las distintas culturas.


“La emoción como reacción es cognitiva, física o fisiológica, y conductual”, precisa.

El psicólogo estadounidense Paul Ekman fue pionero en el estudio de las emociones y según su modelo clásico, en el que se sustenta la popular y premiada película de animación de 2015 “Intensamente”, las seis básicas son alegría o felicidad, tristeza, miedo, ira, asombro y asco. Luego se incluyó desprecio. De éstas se desprenden otra serie de emociones y sensaciones.


Para ejemplificar, el académico UdeC expone que frente a algo que provoca miedo aparecen ciertos pensamientos, se podrían acelerar los latidos cardiacos y generar tensión muscular, y gatillar deseos y/o acción de escapar.

En este sentido, aclara que las emociones son parte de un conjunto de diversas respuestas mentales, fisiológicas y conductuales que el ser humano ha ido desarrollando en su evolución para poder sobrevivir y relacionarse, funcionando y afrontando adecuadamente la diversidad de estímulos, demandas y situaciones del entorno social y ambiental.


“El miedo nos permite huir del peligro, el asco rechazar lo que nos puede dañar, la ira enfrentar alguien que puede ser una amenaza”, aclara. Y la felicidad genera placer y deseos de compartir o repetir la situación.

Aquí es clave el componente más afectivo de la emoción, dentro de su multidimensionalidad, porque algunas se experimentan con agrado o desagrado.


De ahí vienen las etiquetas de positiva o negativa, aunque el psicólogo enfatiza que las emociones no son buenas o malas en sí mismas: son todas naturales y necesarias, cada una cumple una función cuando se experimenta y utiliza de forma adecuada, pero también todas pueden volverse disfuncionales si se desbordan.

De lo funcional a lo disfuncional


Hay un nivel en que las emociones son funcionales y un límite en que cualquiera se puede experimentar de forma tan intensa que se vuelve compleja y hasta imposible de controlar hasta transformarse en disfuncional, e incluso llegar a ser patológica si se mantiene en el tiempo.

“Las emociones agradables y desagradables pueden volverse disfuncionales”, advierte el doctor en Psicología y académico UdeC Felipe García. Al respecto, explica que “las emociones son información y en la medida que se usen para tomar decisiones son absolutamente funcionales cualquiera de ellas. Cuando cualquier emoción toma el control e impide la toma de decisiones se transforman en dificultad y se pueden volver disfuncionales”.


En la práctica, la disfunción se asocia con la imposibilidad de responder y desenvolverse adecuadamente frente a un estímulo, situación o persona. Algo que puede experimentarse de forma aguda o autolimitada en la mayoría de los casos, pero que en otros se puede cronificar y requerir de apoyos psicoterapéuticos para su manejo.

Por ejemplo, el miedo a que vaya mal frente a un examen o proyecto debería impulsar a preparar todo para obtener el mejor resultado posible. Aunque si es muy intenso podría generar mucha ansiedad y llevar a bloqueos psico-cognitivos que impidan realizar las acciones necesarias como estudiar o realizar un informe, y si se perpetúa incluso podría llevar a gatillar algún trastorno.


El investigador añade que “hay personas que tienen una alegría extrema que pueden llegar a una respuesta hipomaniaca que no permitirá cumplir con los objetivos, y probablemente termine siendo una alegría poco realista y nada contagiosa”.

Eso sí, reconoce que tanto desde los estudios y diagnósticos como a nivel social existe mayor conocimiento y representación de la disfunción en relación con las emociones desagradables, que las agradables. “El miedo intenso es la fobia y la tristeza intensa se asocia a la depresión”, apunta.


Gestión y calidad de vida

Frente a ello el experto se reconoce un convencido de que fortalecer la gestión e inteligencia emocional desde edades tempranas, y reconocer la importancia de las emociones es crucial para contribuir con el bienestar individual y comunitario, porque favorecería desde el estado interno hasta las relaciones.


De hecho, la Unesco promueve el aprendizaje socioemocional como pilar para transformar la educación y formar personas que sean capaces de convivir sanamente, instando a los países a avanzar en esta materia. En Chile es parte del currículo escolar como eje transversal y no como una asignatura, si bien hay establecimientos e iniciativas que lo abordan con mayor énfasis, y hacia ese horizonte se debería apuntar.

La gestión incluye la identificación, aceptación, comprensión y control de las emociones, lo que lleva a la respuesta adecuada. “En la medida que seas capaz de entender qué está diciendo la emoción y usarla como información, va a permitir tomar mejores decisiones, mejorar la salud mental y la calidad de vida”, concluye García.