Actos como la toma de apuntes durante las clases o la elaboración de cartas son cada vez más escasos. Especialista analiza el problema que también preocupa a profesores.
•La lingüista de la UdeC Anita Ferreira sostiene que escribir a mano cumple una función especialmente relevante durante las primeras etapas del desarrollo. Aclara que la evidencia no permite afirmar que exista un retroceso cognitivo generalizado en los adultos.
•El presidente regional del Colegio de Profesores, Jorge Barriga, expresa preocupación por la menor práctica de escritura entre estudiantes y plantea que las familias también deben acompañar el aprendizaje fuera de la sala de clases.
Por Tomás Henríquez Arévalo
La pérdida del hábito de la escritura a mano podría tener un impacto importante en nuestras funciones cognitivas, según especialistas. Lo que hace unas décadas era considerada una actividad cotidiana se extingue y este hecho podría tener consecuencias, especialmente en los niños.
De acuerdo con una investigación publicada por la Universidad de Stavanger, aproximadamente un 40% de generaciones desarrolladas en entornos digitales presentan problemas a la hora de mantener una caligrafía fluida, mostrando una letra irregular y con características casi infantiles; además, científicos se percataron de que, al utilizar papel, su procesamiento de datos mostraba ser más lento.
Este fenómeno se ha visto de manera tangible en distintos países. En Estados Unidos, el Common Core, documento que describe las habilidades que debe alcanzar cada estudiante en su etapa escolar, dejó de exigir la escritura en cursiva. En las escuelas de Finlandia se incorporaron cursos de mecanografía y en Suiza, entre otros, se redujo la formación en cuanto a la habilidad de escribir a mano.
Según la encuesta anual de la organización británica National Literacy Trust, el 35,7% de los niños del Reino Unido afirma nunca o rara vez escribir a mano en su tiempo libre. Esto implica un aumento crítico del 55% en comparación con 2023. Lo que refleja una crisis de esta actividad en la sociedad actual.
Un estudio realizado en la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, publicado en 2020 por la revista Frontiers, detalla cómo la escritura manual y el dibujo activan circuitos cerebrales ligados estrechamente al aprendizaje y la memoria. Por otro lado, la escritura en teclado activa otro mecanismo neurológico que no afecta la cognición de la misma manera.
Una visión sistemática de 21 estudios desde 1991 hasta 2024, realizada por la Universidad de Ciencias Médicas de Teherán, entre otras instituciones, provenientes de distintas revistas médicas, concluye que la escritura a mano posee efectos beneficiosos en la rehabilitación cognitiva de personas con demencia. Acciones como caligrafía, poesía y cuadernos de memoria ayudan ampliamente a la atención, funciones ejecutivas, además del ánimo.

Pexels.
La doctora en ligústica aplicada de la Universidad de Concepción, Anita Ferreira, advierte que el efecto del abandono del lápiz y el papel no es uniforme y depende especialmente de la etapa del desarrollo. “La escritura manual cumple una función específica e insustituible en una ventana temprana del desarrollo. La variabilidad de cada trazo infantil es lo que permite construir la red neural de reconocimiento de letras, algo que el tecleo no reproduce”, explica.
En esa misma línea, la investigadora aclara que más que un deterioro intelectual masivo, el fenómeno responde a una reconfiguración de competencias según la etapa vital: “Prefiero no plantearlo en términos binarios de retroceso versus adaptación, porque la evidencia empírica no respalda de manera categórica ninguno de los dos extremos. No hay evidencia de un retroceso cognitivo generalizado en la población adulta, pero tampoco es prudente hablar de una adaptación neutra si se abandona la escritura manual durante los períodos del desarrollo en que resulta insustituible”.
Asimismo, Ferreira precisa que los riesgos tangibles se concentran en etapas tempranas y en la pérdida de la destreza motriz fina, destacando además las ventajas del papel al estudiar o tomar notas: “Escribir a mano, al ser más lento, obliga a resumir y reformular la información, un procesamiento más generativo, en lugar de transcribirla literalmente, como suele ocurrir al teclear”.
El presidente regional del Colegio de Profesores en la región del Biobío, Jorge Barriga, advierte que el retroceso de la redacción a mano genera un impacto directo en el desarrollo cognitivo y formativo de los primeros niveles de enseñanza. “Lamentablemente, nuestros estudiantes cada vez escriben menos, analizan menos, piensan menos y crean menos, son menos habilidades las que están desarrollando”, afirma Barriga, quien vincula este alejamiento de la escritura física con pérdidas de vocabulario, problemas ortográficos y un deterioro en la comprensión lectora.
“Es todo un mundo que ha ido cambiando y no sé si está evolucionando o involucionando. Las pruebas estandarizadas reflejan la realidad: no podemos tener altas expectativas si sabemos que los estudiantes leen y escriben cada vez menos”, añadió el mismo docente.
Asimismo, el educador subraya que la habilidad de escribir y leer es un sistema integral donde la práctica manual resulta indispensable para afianzar el aprendizaje, aunque advierte sobre la ausencia de acompañamiento fuera de los colegios.
“La lectoescritura es un proceso que va de la mano: si uno de los dos va más lento, el otro también se retrasa”, explica Barriga. A su juicio, el predominio digital en los hogares debilita el trabajo que se realiza en las salas de clase. “Hoy las comunicaciones son básicamente digitales, a través del celular y la pantalla, y muy poco con lápiz y papel. Un estudiante no va a llegar a su casa a ejercitar por voluntad propia teniendo dispositivos al lado si no hay supervisión, la escuela sigue funcionando, pero muchas veces la pata coja de la educación es la falta de involucramiento de la familia”, concluyó.