Más que arena, sol y recreación: las playas son un refugio de vida que nuestra presencia amenaza

25 de Septiembre 2026 | Publicado por: Natalia Quiero
Fotografía: Cedida | Erasmo Macaya

Nos dan un espacio de turismo y bienestar, pero también son ecosistemas vitales para diversas especies, ymuy sensibles a nuestras actividades.

Al pensar en una playa suele aparecer la imagen de un paisaje con arena frente al mar para pasear, descansar y recrearse: caminar, recostarse bajo un quitasol a leer un libro u oír música, tomar sol, relajarse, bañarse o jugar.

Aunque son muchísimo más que un espacio de esparcimiento y bienestar: son ecosistemas que alberga amplia diversidad de vida y cumplen funciones esenciales para la vida. Pero, nuestra presencia y actividades, incluso por desconocimiento, se puede traducir en amenazas, como la contaminación por basura.

Proteger estos ecosistemas requiere conocimiento, conciencia y acciones de toda la sociedad, individuales y colectivas. Hacia ese propósito, durante septiembre se conmemoran el Día Mundial de las Playas y el Día Internacional de Limpieza de Playas, para relevar su valor ecológico e incentivar su cuidado.


Espacio vital

El doctor Erasmo Macaya, presidente de la Sociedad Chilena de Ciencias del Mar y académico del Departamento de Oceanografía de la Universidad de Concepción (UdeC), explica que las playas son una zona de transición entre el océano y continente, por lo que son ecosistemas dinámicos que cumplen roles vitales, aunque también sensibles y expuestas a múltiples factores y presiones.


Naturalmente “están sometidas a la acción permanente de mareas, oleaje, viento y otros factores físicos, y funcionan como sistemas de intercambio de materia y energía entre ambientes terrestres y marinos”, destaca el también director del AlgaLab UdeC.

También se exponen a diversos fenómenos ambientales, y múltiples por presencia y actividades humanas en el entorno o más allá.


Hay playas de rocas y arena, las más conocidas. Cada una tiene sus características y funciones clave, que son muchas más que darnos espacios de turismo, recreación, disfrute y bienestar.

El investigador destaca que son barreras naturales que absorben parte de la energía de olas y marejadas, reduciendo la erosión y daños provocados por eventos extremos. También son zonas para reciclaje de nutrientes: algas y restos de materia orgánica que llegan del mar se procesan y reincorporan a las redes alimentarias.


Y brindan hábitat, refugio, alimento y/o espacio de reproducción para diversas especies, como crustáceos, moluscos, mamíferos y aves.

Al respecto, expone que en playas de roca muchos de los organismos están a simple vista, y en las de arena la mayoría viven enterrados. “El número de especies varía en función de la estructura física de las playas. Y las de pendiente suave, sedimentos finos, amplia zona de rompiente, mayor humedad y estabilidad, usualmente presentan mayor riqueza de especies”, sostiene.


Dentro de esta biodiversidad, expone que en la zona superior predominan especies como “pulgas de mar” e “isópodos” (parientes de los chanchitos de tierra); en zonas media y baja se pueden encontrar otros crustáceos como chanchitos de mar, gusanos poliquetos y moluscos bivalvos.

Nuestras playas


Y las playas de Biobío tienen gran riqueza gracias a factores biogeográficos de la región.

Macaya aclara que la zona recibe influencia del Río Biobío, Golfo de Arauco y varios humedales costeros que contribuyen a generar alta heterogeneidad ambiental y productividad biológica, lo que se traduce en gran biodiversidad.


“Se ha reportado que la diversidad de especies en playas de arena aumenta hacia el sur del Golfo de Arauco. Zonas como Laraquete, Tubul y Llico representan áreas de especial interés para la conservación y el monitoreo ambiental”, resalta.

Otro ecosistema local de gran relevancia es la Playa Isla de los Reyes Rocuant en Talcahuano, parte de la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras (RHRAP) porque habita 1% de la población biogeográfica de Pilpilén común, especie residente, y de Zarapito común, especie migratoria. Allí tiene un trabajo de monitoreo y conservación la Fundación Bandada.


Pilpilen común en Playa Isla de los Reyes Rocuant (Fundación Bandada)

Impacto humano: la mayor amenaza


Como espacios abiertos, las playas son sensibles y expuestas a varios factores que interactúan y generan presiones de diversa índole para el ecosistema y su biodiversidad. La mayoría tiene origen humano por actividades que se concentran dentro y cerca, pero también en ciudades.

El doctor Erasmo Macaya destaca como principales amenazas a basura y plásticos, tránsito vehicular, presencia de perros, y modificación del borde costero por extracción de arena y urbanización. Se suma el cambio climático, aumento del nivel del mar e incremento de marejadas que favorecen la erosión y reducción de playas.



Tristes ejemplos locales

Lamentablemente, un estudio reciente de Oceana y Científicos de la Basura dejó a Biobío como una de las regiones que lidera en presencia de plásticos desechables en sus playas. Las evidencias también identifican a las colillas de cigarro como uno de los residuos más abundantes y peligrosos por sus miles de compuestos tóxicos.


Un dramático ejemplo del impacto se ve en el área de la Península de Hualpén con el cormorán gris o lile. Fernanda Silva, dueña de Turismo Chome Aventura, y habitante y mariscadora de Caleta Chome, cuenta que el ave usa la luga roja para construir nidos, aunque la confunden con residuos en esos tonos esparcidos por la costa.

“Cuando nacen las crías de lile sólo pueden mover el cuello en las primeras semanas, y se van comiendo la basura y lamentablemente se mueren en el nido. Y hay mucha basura y menos liles que nunca”, lamenta.


Patricio Ortiz, presidente de Fundación Bandada, añade la grave presencia de vehículos y perros en nuestras playas, especialmente para aves residentes y migratorias.

“Los vehículos generan pisoteo de nidos, y muerte de huevos, polluelos y adultos. Y los perros depredan nidos, huevos y polluelos, y aunque estén amarrados su presencia es asumido como depredador y las aves incluso abandonan sus nidos”, advierte.


También ha evidenciado el impacto de eventos extremos: “en nuestros monitoreos en la Playa Isla de Los Reyes Rocuant hemos visto que muchos nidos y huevos se pierden con las grandes marejadas”.

Y también es evidente la destrucción de ecosistemas y pérdida de hábitats costeros por el crecimiento urbano e industrial.



De políticas al acto individual

No podemos hacer nada para evitar el cambio climático y fenómenos naturales, pero sí para preservar los ecosistemas costeros, lo que precisa aportes a distintos niveles y de todo actor social, de políticas públicas a actos individuales.


La clave y el reto es compatibilizar las actividades y desarrollo turístico y socioeconómico con la protección de los ecosistemas costeros y marinos.

Patricio Ortiz manifiesta que “la costa en general es tierra de nadie y el primer llamado es para autoridades respecto de diseñar leyes y regulaciones que permitan zonificar y planificar bien el territorio”. Para ello, destaca que con distintas organizaciones hace tiempo luchan para que exista una ley de costa que aborde esta materia.


También se debe reforzar la fiscalización del cumplimiento de las normas. En Chile está prohibido el ingreso y tránsito de vehículos motorizados a sitios como playas y dunas costeras, pero ocurre. La Ley de Tenencia Responsable obliga a que mascotas estén con correa o arnés en espacios públicos, pero muchos tutores los llevan y sueltan en playas y otros ecosistemas. Y hay numerosos operadores turísticos que funcionan sin autorización ni cumplir condiciones básicas para la seguridad de turistas y minimizar el impacto ambiental de las actividades.

Fundación Bandada


Ante ello, queda como principal motor la acción de las personas.

Fernanda Silva sostiene que para un desenvolvimiento consciente, respetuoso y sustentable el pilar es la educación ambiental y el conocimiento, idealmente partiendo con niños y niñas, pero llegando a todos los grupos.


“Es importante que las personas conozcan sus ecosistemas para valorarlos y cuidarlos, y entender que incluso las acciones en tierra pueden afectar al mar y especies que son muy frágiles”, asevera.

Y son varias las acciones relevantes.


Erasmo Macaya resalta que la básica es minimizar la generación de basura y depositarla adecuadamente en basureros o puntos de reciclaje al visitar ecosistemas y la vida cotidiana. También aconseja participar en limpiezas de playa.

Además, es ideal no ir con mascotas donde hay fauna, o que esté siempre amarrada.


Al observar fauna hay que tener al menos 50 metros de distancia, y nunca se debe tocar ni alimentar, y al hallar un ejemplar muerto, herido o desorientado se debe llamar a Sernapesca. Ni se deben extraer organismos, conchas o elementos naturales.

“Las acciones individuales pueden generar una diferencia importante cuando son adoptadas por muchas personas”, concluye.