Perturbaciones humanas y pérdida de hábitat: las graves amenazas a las aves playeras del Biobío
06 de Septiembre 2026 | Publicado por: Natalia Quiero
El 6 de septiembre se celebra el Día Mundial de las Aves Playeras, tan amenazadas que cerca del 50% de sus poblaciones han descendido a nivel global.
Por Montserrat Serra Cárdenas
Playas y humedales del Biobío no son solamente espacios asociados a turismo, recreación o desarrollo urbano. Para las aves playeras forman parte de una ruta que conecta territorios separados por miles de kilómetros y permite completar etapas fundamentales de su ciclo de vida.
En Chile se registran regularmente 49 especies: 25 nidifican en el país, 23 provienen del hemisferio norte y una se reproduce en territorio antártico. Y de aquellas categorizadas por el Reglamento de Clasificación de Especies, cerca del 40% se encuentra bajo alguna categoría de amenaza.
El Plan de Acción para la Conservación de Aves Playeras en Chile estima que cerca de la mitad de las especies de aves playeras del planeta están disminuyendo. Se suma que al menos 10 especies de América han registrado pérdidas acumuladas superiores al 70% de sus poblaciones desde 1980.
Conjunto de amenazas
Las aves playeras utilizan ambientes húmedos durante distintas etapas de su ciclo vital. En las especies migratorias, implica recorrer grandes distancias entre sus lugares de reproducción y aquellos donde se alimentan o descansan durante el resto del año.
En Biobío, uno de los ejemplos más relevantes es el sistema asociado al Humedal Rocuant-Andalién, dentro del que se encuentra la Playa Isla de los Reyes Rocuant, incorporado en mayo de 2023 a la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras (RHRAP).
Esto, debido a la presencia de más del 1% de la población biogeográfica del Pilpilén común (Haematopus palliatus) y del Zarapito común (Numenius phaeopus) en el área que comprende una playa de aproximadamente 10 kilómetros y 52 hectáreas, con dunas, sectores intermareales y aguas estuarinas.
Patricio Ortiz, presidente de Fundación Bandada, explicó que en Biobío una de las principales amenazas es la presión humana desde diversas aristas. La urbanización y el desarrollo de infraestructura reducen y fragmentan los espacios disponibles, mientras que en playas y humedales aumenta la presencia de personas, vehículos motorizados y perros.
El Plan de Acción para la Conservación de Aves Playeras identifica entre las principales amenazas la pérdida y degradación de hábitat, perturbación humana, contaminación y dificultades para incorporar las necesidades de conservación de estos sitios en la planificación territorial.
Y señala que cerca del 30% de los sitios importantes para el grupo en Chile presenta afectación por contaminación asociada a residuos líquidos y sólidos, fertilizantes y químicos domiciliarios e industriales. El documento advierte sobre exposición de las aves a contaminantes e ingesta de microplásticos, y efectos indirectos de la acumulación de residuos al atraer potenciales depredadores.
Para Ortiz ello demuestra que las amenazas no actúan de forma aislada, sino conjunta. “Más que hablar de una sola amenaza, debemos entender que estamos frente a una acumulación de presiones sobre los sitios que las aves necesitan para completar su ciclo de vida”, señaló.
Katherine Sanhueza
Graves impactos
Las perturbaciones no siempre son visibles inmediatamente en el número de individuos. Ortiz comentó que las primeras señales pueden aparecer en el comportamiento: las aves pueden interrumpir reiteradamente su alimentación o descanso, abandonar sectores utilizados históricamente o enfrentar más dificultades para reproducirse y sacar adelante a sus polluelos.
La Red de Observadores de Aves y Vida Silvestre de Chile (ROC) ha monitoreado y documentado el impacto del tránsito de vehículos en playas sobre aves playeras, identificando destrucción de nidos, mortalidad de polluelos y afectación de áreas de nidificación por ingreso de vehículos.
La ROC también advierte que la presencia de perros en ambientes importantes para aves playeras constituye una amenaza, tanto por depredación de huevos y polluelos como a por perturbación en períodos de alimentación y descanso.
Además, debido a la conexión entre puntos por las rutas migratorias, la degradación de un lugar puede afectar a individuos que utilizan una cadena de sitios a lo largo del continente.
“Una persona caminando cerca de un nido, un perro persiguiendo aves o un vehículo ingresando a una playa puede parecer un hecho aislado. Sin embargo, cuando esto ocurre reiteradamente, las consecuencias se acumulan”, sostuvo Ortiz.
Ecosistemas valiosos, urbanización que daña
Para Francisco de la Barrera, director del Centro EULA de la Universidad de Concepción (UdeC), el valor del borde costero del Biobío está relacionado con las características naturales de la zona.
“El Delta del Biobío es tremendamente rico en nutrientes, en diversidad de ecosistemas que combinan la energía y los nutrientes del territorio continental con el sistema marino”, indicó.
A esto se suman procesos oceanográficos que permiten una mayor disponibilidad de nutrientes y la presencia de grandes humedales. Como el sistema Rocuant-Andalién que ofrece condiciones atractivas para las aves playeras, tanto para permanecer durante determinadas temporadas como para nidificar y recibir especies migratorias.
Aunque el académico advirtió que “el crecimiento urbano ha ido mermando estos ecosistemas costeros junto con la naturalidad de los ecosistemas. Los ha ido rellenando, fraccionando y fragmentando”.
A las modificaciones físicas se agregan otras perturbaciones asociadas al desarrollo urbano, como la basura, el ruido, la contaminación lumínica e incluso el tránsito de aviones.
El Humedal Rocuant-Andalién es un ejemplo de esta presión. El Ministerio del Medio Ambiente reconoce que el crecimiento de las áreas urbanas y el uso residencial han afectado sus límites naturales, mientras que los rellenos y la construcción de infraestructura han generado procesos de fragmentación del ecosistema.
La preocupación no se limita a este sistema. En el sur de la Región, el complejo de playas y desembocaduras asociado a Tubul y Raqui en Arauco posee relevancia para las aves. El Humedal Tubul-Raqui es identificado como un sitio prioritario para la Ruta Migratoria del Pacífico de América y como un Área Importante para la Conservación de las Aves (IBA).
En este contexto, para De la Barrera, el desafío no pasa necesariamente por detener el desarrollo urbano, sino por establecer límites claros sobre los impactos que puede generar.
“Se puede compatibilizar con la protección de estos lugares a medida en que se delimite de manera adecuada cuáles son los sitios sobre los cuales no queremos traspasar los impactos de las ciudades hacia los ecosistemas costeros naturales”, planteó.
Esto implica regular el paso y la instalación de infraestructura, además de aspectos como el ruido, la luminosidad y los residuos. También se deben evitar rellenos al interior de humedales y alteraciones de su conectividad hidrológica o de las características del suelo.
Katherine Sanhueza
Un ejemplo de conservación
En Playa Isla de los Reyes Rocuant, una de las especies que permite observar la problemática que enfrentan las aves playeras es el Pilpilén común.
El sitio alberga regularmente más del 1% de la población biogeográfica de la especie y en algunos periodos no reproductivos puede alcanzar hasta el 5%. Por su importancia, Fundación Bandada ha desarrollado acciones de monitoreo, educación ambiental, instalación de señalética y cercos temporales para resguardar la colonia reproductiva.
Los registros muestran una variación en el éxito reproductivo durante las últimas cuatro temporadas. Este alcanzó un 15,50% en 2022-2023, disminuyó a 10,09% en 2023-2024 y aumentó a 18,53% en 2024-2025 y 18,34% en 2025-2026.
Patricio Ortiz afirmó que estos resultados no permiten atribuir de manera exclusiva el aumento a las medidas de conservación implementadas, pero sí constituyen una señal alentadora en un sitio sometido a distintas presiones.
Plan para llegar a los territorios
En 2023, el Ministerio del Medio Ambiente, junto a la RHRAP y la ROC, presentó el primer Plan de Acción para la Conservación de Aves Playeras en Chile, elaborado con participación de organismos públicos, municipios, academia y organizaciones de conservación.
El plan establece líneas relacionadas con gobernanza, participación de las comunidades, investigación y monitoreo, reducción de amenazas y fortalecimiento de las políticas públicas.
Entre sus objetivos se encuentra incorporar los sitios de importancia para las aves en instrumentos de planificación territorial y aumentar su protección mediante distintas figuras de conservación.
La Estrategia Nacional de Conservación de Aves plantea como meta que al año 2030 el 40% de los sitios de importancia para las aves se encuentre total o parcialmente bajo protección oficial u otros instrumentos de protección basados en área.