Opinión

Sobre la automedicación

Por: Diario Concepción | 17 de Julio 2017
Fotografía: Diario Concepción

Dr. Helmuth Goecke
Director de la carrera de Medicina de la Unab

En Chile, el Instituto de Salud Pública (ISP), organismo dependiente del Ministerio de Salud, regula el registro, importación, venta, publicidad y marketing de los medicamentos. Para lograr la autorización de venta, los laboratorios fabricantes o distribuidores deben presentar un dossier que incluye sus características químicas, composición, indicaciones, forma de uso y dosis, efectos secundarios, interacciones medicamentosas y respaldo científico de su indicación, entre otros.

Si el ISP autoriza su venta como fármaco, le asigna un número de registro y una condición de venta, es decir, si se debe vender bajo receta médica o no, si es un medicamento con receta de estupefacientes (ejemplo morfina o demerol), que obliga a utilizar un talonario especial. Si es de receta retenida, se consignan los datos del paciente y del médico prescriptor. Además, el tipo de establecimiento donde se puede expender: tipo A, farmacia, o un almacén farmacéutico.

Por ello, todo medicamento debe tener un registro ISP para ser comercializado. Los suplementos alimentarios, y algunos de tipo natural, no medicamentos, pueden venderse en locales naturistas, herbolarios y otros, y son autorizados para su venta por la seremi de Salud. El ISP consigna en un listado oficial plantas que, por tener este efecto farmacológico y riesgo de interacción, no están autorizadas a ser vendidas sin registro farmacéutico, lo que incluye formas de té o infusiones.

Muchas veces se piensa que un producto por su origen natural es inocuo. Incluso, profesionales no advertidos desechan conocer sus efectos, atribuyéndoles características tipo placebo. Sin embargo, toda sustancia que tiene un efecto farmacológico posee un mecanismo de acción que puede provocar efectos indeseables o incluso interactuar con otras sustancias o medicamentos.

Dicho lo anterior, queda en evidencia que no es inocuo tomar un medicamento o producto natural sin conocer sus efectos, composición, interacciones: cómo actúa en una persona determinada en base a otras enfermedades o estados presentes: embarazo, si es lactante, niño o anciano. Si tiene daño renal o insuficiencia renal, su velocidad de eliminación estará alterada y el fármaco debe ser ajustado en su dosis. El peso del paciente, su composición adiposa, si tiene antecedentes de reacciones alérgicas a un medicamento, alteraciones hormonales. Si está recibiendo otros medicamentos. Todos estos factores toma en cuenta el médico cuando indica un fármaco.

En una sociedad con acceso a mucha información a través del Dr. Google o por las redes sociales, se corre el riesgo de caer en la tentación de automedicarse. En Chile, a pesar de las restricciones de venta de medicamentos, es muy común acceder a ellos sin una recomendación profesional adecuada. La OMS calcula que más del 50% de todos los medicamentos se recetan, se dispensan o se venden en forma inadecuada.

En Chile, tesis de químicos-farmacéuticos para optar a su título, han encontrado una prevalencia de hasta 85% de automedicación. Ya sea porque se lo dijo otro paciente, porque lo leyó en internet, porque una conocida tomó tales pastillas y bajó 10 kilos en 1 mes. La tentación es grande, desconociendo los grandes riesgos que se corren. Es así como se usan antibióticos para tratar enfermedades virales como resfríos, lo cual conduce a aumentar la resistencia de bacterias a ese antibiótico y hacerlo ineficiente cuando se requiera posteriormente.

Si un niño o adolescente presenta fiebre, vómitos, dolor abdominal y le administramos antibióticos pensando en una gastroenteritis, se corre el riesgo de enmascarar una apendicitis aguda inicial, retardar el diagnóstico y evolucionar a un absceso o peritonitis.

Ciertamente puede haber lo que se conoce como “automedicación responsable”: si hemos tenido la oportunidad de informarnos con nuestro médico tratante, y pedirle consejo sobre qué hacemos ante un cuadro particular, el médico le indicará cursos de acción y alternativas a usar, lo que puede evitar consultas innecesarias, o recurrir a servicios de urgencia, especialmente cuando éstos se encuentran congestionados, y donde se corre el riesgo de contraer otros contagios.

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