La crisis demográfica más grande de la historia
03 de Noviembre 2026 | Publicado por: Diario Concepción
Dr.Patricio Torres Castillo
Secretario general
Ríes Gaudium
Acabó el mes dedicado a las personas mayores, y es momento de hacer algunas cuentas. No basta con conmemorar, organizar actividades o dedicarles palabras de reconocimiento. Es necesario preguntarnos cuánto hemos avanzado realmente y, sobre todo, cuánto nos falta por hacer frente al mayor desafío demográfico de nuestra historia.
Chile está experimentando una transformación demográfica sin precedentes. Vivimos más años y debemos prepararnos para una sociedad en la que la longevidad será una realidad cada vez más extendida. Esto supone que muchas personas vivirán cerca de veinte años más de lo que generaciones anteriores podían esperar. ¿Estamos preparados para enfrentar este escenario? ¿ quién será cargo de financiar las demandas de estos años?
Los desafíos son múltiples y requieren una reorganización de nuestras prioridades sociales, sanitarias, laborales económicas y culturales.
Un primer desafío es la inclusión de las personas mayores en la fuerza laboral. No podemos seguir considerando la edad como una barrera para participar y aportar. Necesitamos adaptar los espacios de trabajo, incorporar flexibilidad laboral, reconocer la experiencia y generar oportunidades que permitan aprovechar el talento de quienes desean y pueden continuar trabajando.
Un segundo desafío fundamental es la prevención en salud. Si queremos evitar que el aumento de la longevidad se traduzca en una mayor demanda de atención por enfermedades crónicas y, especialmente, por pacientes descompensados, debemos fortalecer el trabajo preventivo. No podemos concentrar todos nuestros esfuerzos en atender la enfermedad cuando ya se ha instalado. Debemos anticiparnos, promover hábitos saludables y desarrollar estrategias que permitan mantener la autonomía y la funcionalidad durante más años.
Un tercer elemento, no menos importante, es nuestra manera de mirar a las personas mayores. El respeto no puede quedarse en un discurso. El edadismo, expresado en prejuicios, discriminaciones y estereotipos asociados a la edad, continúa presente en nuestra vida cotidiana, en las instituciones, en los medios de comunicación y en las relaciones familiares. Necesitamos transitar desde una cultura que limita por la edad hacia otra que reconozca capacidades, derechos, experiencias y proyectos de vida.
También debemos poner especial atención en la promoción de la actividad física no competitiva. Caminar, movilizarse, realizar ejercicios adaptados y mantener el cuerpo activo son acciones fundamentales para un envejecimiento saludable. A esto debemos sumar el aporte de la psicología deportiva , especialmente para abordar la falta de motivación, el desánimo y la escasa convicción de algunas personas respecto de sus propias capacidades para iniciar cambios y descubrir que siempre es posible mejorar.
Si tuviéramos que resumir en una sola recomendación buena parte de lo que necesitamos hacer para envejecer mejor, probablemente muchos coincidiríamos en la importancia de mantenernos activos físicamente. El deporte y el movimiento, entendidos desde las posibilidades de cada persona y no desde la competencia, constituyen pilares fundamentales de una longevidad saludable.
Pero hay otras cuentas pendientes.
El desafío de la nueva longevidad no consiste simplemente en vivir más años, sino en conseguir que esos años tengan sentido, dignidad, autonomía y participación.
Por eso, una vez terminado el mes de las personas mayores, no deberíamos cerrar también la conversación. Es momento de pasar de las conmemoraciones a los compromisos, de las buenas intenciones a las políticas públicas y de los discursos a las acciones concretas.
Prepararnos para envejecer es aprender de las zonas Azules señalada por el Dr. Michel Pauline y el ejemplo de los centenarios asumiendo que la nueva longevidad es una responsabilidad, no es un asunto exclusivo de quienes hoy tienen 60, 70 u 80 años. Es una realidad que nos involucra a todos.
Incorporar una cultura del buen envejecer es, finalmente, prepararnos para vivir mejor como sociedad para todos y todas.