Los desastres no empiezan con la primera llama

29 de Octubre 2026 | Publicado por: Diario Concepción
Fotografía: Cedida

Cuando hablamos de prevención, no basta con disponer de más brigadistas, aeronaves o equipamiento para combatir las llamas. Necesitamos gestionar los paisajes, restaurar ecosistemas, fortalecer los planes comunales y regionales de emergencia, educar a las comunidades, fiscalizar el cumplimiento de las regulaciones y avanzar en medidas de adaptación climática.

Cuando comienza un incendio forestal, las primeras preguntas suelen apuntar a su origen: dónde se inició el fuego, quién lo provocó o qué condiciones facilitaron su propagación. Sin embargo, hay una pregunta que rara vez nos hacemos con la misma urgencia: ¿Qué ocurrió antes de que apareciera la primera llama? Porque, aunque un incendio puede comenzar con una chispa, los desastres se construyen mucho antes.

La diferencia es fundamental. Una ignición no necesariamente se convierte en una catástrofe. Para que eso ocurra deben confluir múltiples factores: condiciones meteorológicas extremas, vegetación disponible para arder, paisajes degradados, comunidades expuestas y capacidades insuficientes de prevención y respuesta. Es lo que llamamos desastres socio naturales, fenómenos donde las amenazas naturales interactúan con decisiones humanas que pueden aumentar y agravar sus consecuencias.

La crisis climática está agravando este escenario, con temperaturas más altas, sequías prolongadas y condiciones que favorecen la propagación del fuego. Pero el riesgo también depende de cómo gestionamos nuestros territorios. La expansión urbana hacia zonas de vegetación, la acumulación de material combustible, la pérdida de ecosistemas nativos, la concentración de extensas plantaciones forestales sin una adecuada diversificación del paisaje, una planificación territorial deficiente y la falta de regulaciones actualizadas pueden transformar un incendio en una tragedia.


Por eso, cuando hablamos de prevención, no basta con disponer de más brigadistas, aeronaves o equipamiento para combatir las llamas. Necesitamos gestionar los paisajes, restaurar ecosistemas, fortalecer los planes comunales y regionales de emergencia, educar a las comunidades, fiscalizar el cumplimiento de las regulaciones y avanzar en medidas de adaptación climática que reduzcan nuestra vulnerabilidad.

A pocos meses de enfrentar una nueva temporada de incendios, que se anticipa especialmente compleja, corresponde preguntarnos cuánto hemos avanzado realmente durante este año. ¿Estamos mejor preparados que el verano pasado? ¿Qué medidas concretas se han implementado en los territorios más expuestos? ¿Cuántas comunidades cuentan hoy con una mayor cantidad de herramientas efectivas para prevenir una emergencia y proteger sus viviendas?


Lamentablemente, creo que la respuesta a estas interrogantes es, al menos, preocupante. La demora en la tramitación de la Ley de Incendios es una señal que inquieta, pero su aprobación, aunque urgente, tampoco resolverá por sí sola las brechas acumuladas.

Silvana Espinosa


Experta en Clima y Ecosistemas de Greenpeace