El cambio climático no distingue barrios, apellidos ni cuentas bancarias
10 de Octubre 2026 | Publicado por: Diario Concepción
Ana Araneda Gómez
Doctora en Ciencias Ambientales
Durante años hemos visto cómo las lluvias, incendios, sequías e inundaciones golpean a distintas localidades de Chile. Muchas veces parecen tragedias lejanas, hasta que ocurren en lugares donde nadie esperaba verlas. Lo sucedido en Las Condes, una de las comunas con mayores ingresos del país, nos deja una lección tan sencilla como preocupante: el cambio climático no distingue barrios, apellidos ni cuentas bancarias.
Bastaron minutos de lluvia intensa para que el agua y el barro arrastraran vehículos, inundaran viviendas y pusieran en riesgo vidas humanas. Quince milímetros de precipitación en un período extremadamente breve fueron suficientes para desencadenar una emergencia que terminó con la declaración de zona de catástrofe.
Y aquí surge una pregunta inevitable: si esto ocurre en una comuna con importantes recursos económicos, ¿qué podemos esperar en aquellos territorios donde faltan colectores de aguas lluvias, infraestructura adecuada y recursos para enfrentar las emergencias?
Porque hay algo que debemos entender. El peligro puede llegar a cualquier barrio, pero no todos tienen las mismas posibilidades de protegerse ni de levantarse después. No es lo mismo perder un vehículo asegurado que perder la única herramienta de trabajo. Tampoco es igual enfrentar una inundación con ahorros que hacerlo cuando apenas alcanza para llegar a fin de mes.
En nuestra Región del Biobío conocemos bien esta realidad. Incendios forestales, temporales, inundaciones y años de escasez hídrica nos han demostrado que no basta con reaccionar cuando la emergencia ya está instalada.
La naturaleza no reconoce límites comunales, pero nuestras decisiones sí pueden marcar diferencias. Necesitamos ciudades mejor planificadas, quebradas protegidas, sistemas de evacuación de aguas lluvias adecuados y autoridades que inviertan más en prevención que en reparar daños.
El cambio climático dejó de ser una advertencia para las futuras generaciones. Está ocurriendo ahora, frente a nuestras casas, en nuestras calles y en nuestros barrios.
La lluvia no pregunta cuánto ganas ni dónde vives. Pero la desigualdad sí determina cuánto te cuesta volver a empezar.
Y quizás esa sea la mayor lección de estas últimas semanas: frente al cambio climático, nadie está completamente a salvo, y prepararnos no puede seguir siendo un privilegio.