La patria tiene género

16 de Septiembre 2026 | Publicado por: Diario Concepción
Fotografía: Cedida

Cada 18 de septiembre, Chile celebra la patria bajo la idea de un nosotros. Banderas y tradiciones proyectan una comunidad unida. Desde 2020, esa fecha también corresponde al Día Internacional de la Igualdad Salarial. Ambos hitos plantean una pregunta política. ¿Quién puede pertenecer a la patria en condiciones de igualdad? La respuesta depende del valor asignado al trabajo.

Las mujeres ganan cerca de un 20 % menos que los hombres en el mundo. En Chile, la Encuesta Suplementaria de Ingresos 2025 registró un ingreso medio mensual de $1.062.864 para los hombres y de $832.566 para las mujeres. La brecha llegó a 21,7 %. El dato no compara cargos iguales. Recoge el efecto de la segregación laboral, las jornadas, la maternidad, el acceso al poder y la baja valoración de los trabajos feminizados. La brecha salarial revela cómo se reparten el ingreso, el tiempo y las oportunidades.

Ese reparto comienza mucho antes del pago del sueldo. La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2023 mostró que las mujeres destinan 4 horas y 57 minutos al día al trabajo no remunerado. Los hombres dedican 2 horas y 52 minutos. Esa diferencia reduce el tiempo para estudiar, investigar, participar en redes o asumir cargos. Lo que se distribuye dentro de los hogares reaparece en el mercado laboral y en las instituciones. La brecha de tiempo se convierte en una brecha de trayectoria y luego en una brecha de ingresos y poder.


La academia permite seguir esa cadena. En 2025, las mujeres fueron el 46,1 % del personal académico único en Chile y el 45,6 % de las jornadas completas equivalentes. Entre 2020 y 2024 representaron el 33,92 % de las postulaciones admisibles y el 33,74 % de las adjudicaciones en los concursos de la Subdirección de Proyectos de Investigación de ANID. ANID no halló un sesgo sistemático en las tasas de adjudicación, pero identificó la baja participación femenina como una barrera estructural. El problema actúa antes de la evaluación. Menos tiempo, redes y apoyo reducen las opciones de competir por fondos. La desventaja vuelve después bajo la forma de menos publicaciones, proyectos, ascensos y autoridad académica.

En esa cadena se enlazan las desigualdades simbólicas y estructurales. Las primeras asocian la autoridad científica con trayectorias masculinas y ponen bajo sospecha la competencia de las mujeres. Las segundas premian la disponibilidad sin pausas, los proyectos y la presencia en redes de poder. Cada plano alimenta al otro. El sistema reparte las condiciones para producir y después presenta los resultados como expresión pura del mérito.


Aquí el Estado fija condiciones para la carrera científica. Sus fondos deciden qué preguntas se desarrollan y qué trayectorias logran consolidarse. Las bases del Fondecyt de Postdoctorado 2027 permiten reservar hasta el 70 % de las adjudicaciones para diez áreas prioritarias. Las humanidades, aunque compiten en Fondecyt, no fueron incorporadas en esa lista; las ciencias sociales encuentran cabida solo en algunos ejes. La ministra Ximena Lincolao defiende esta decisión como una forma de priorizar. Orientar un fondo antes abierto a todas las áreas reduce las oportunidades de quienes investigan fuera de la agenda del Gobierno. En un sistema con brechas previas, una decisión de ese alcance requiere una evaluación pública de impacto de género, área y territorio.

La contradicción alcanza al propio Estado. Su Política Nacional de Igualdad de Género en Ciencia compromete acciones para ampliar el acceso y el liderazgo de las mujeres e introducir medidas de equidad en los concursos de ANID. Los recursos públicos forman parte de esa política. De ellos dependen la autonomía para investigar, la continuidad de una carrera y el acceso a los espacios donde se define qué conocimiento importa. Restringirlos sin atender las brechas de origen puede reproducir la desigualdad.


El 18 de septiembre expone así una fractura del nosotros nacional. Las mujeres sostienen hogares, universidades y servicios públicos, pero reciben menos ingresos, tienen menos tiempo y ocupan una porción menor de los espacios de investigación. Conmemorar la igualdad salarial mientras el Estado estrecha caminos para producir conocimiento vacía la fecha de contenido. La patria debe reconocer el trabajo de las mujeres y garantizar los recursos para que puedan investigar, decidir y transformar el país que también les pertenece.

Susana Riquelme Parra


Académica del Departamento de Administración Pública y Ciencia Política
Encargada de Equidad de Género y Diversidad F. Ciencias Jurídicas y Sociales, UdeC