El éxito no es apagar más incendios, es evitar que estos ocurran

02 de Septiembre 2026 | Publicado por: Diario Concepción
Fotografía: Cedida

Por estas fechas, los medios de comunicación y las autoridades comienzan a hablar de la próxima temporada de incendios, las inversiones público-privadas, la preparación, las nuevas aeronaves y tecnologías, las condiciones climáticas y las obras de prevención. Todo ello es necesario, pero existe una conversación que debemos profundizar: ¿qué estamos haciendo para evitar que los incendios ocurran?

El 99,7% de los incendios tiene su origen en la acción humana, ya sea por negligencia, intencionalidad o accidentes. Esta realidad obliga a cambiar el enfoque. Los incendios forestales no son desastres naturales en su origen y, por lo mismo, debemos abordar sus causas.

Necesitamos fortalecer la educación desde los colegios, impulsar la prevención social y comunitaria, involucrar activamente a municipios y comunidades y, especialmente, mejorar la investigación y persecución penal de quienes provocan incendios. Actualmente, menos del 1% de las denuncias llega a identificar a un responsable, una cifra muy baja considerando las altas penas asociadas a este delito.


El objetivo de una temporada no debería ser apagar más rápido o disponer de más aeronaves. El verdadero éxito es tener menos incendios. La experiencia internacional demuestra que incluso países con enormes capacidades económicas, tecnológicas y de combate están siendo sobrepasados por temporadas cada vez más extremas.

Norteamérica y Europa han enfrentado este año incendios de gran magnitud, con millones de hectáreas afectadas, miles de personas evacuadas y enormes despliegues de medios terrestres y aéreos. Ningún sistema de extinción es infinito y, cuando existe simultaneidad de grandes incendios, los recursos pueden agotarse rápidamente.


En Chile debemos poner especial atención a los días de condiciones extremas, particularmente durante las olas de calor, cuando coinciden altas temperaturas, baja humedad y viento. Si a esto sumamos abundante vegetación disponible como combustible, podemos enfrentar incendios de rápida propagación y gran intensidad.
Estos escenarios pueden anticiparse, lo que permite adoptar medidas extraordinarias en los territorios más expuestos. En los días críticos debemos ser capaces de actuar antes de que aparezca el fuego. Otros países han implementado cortes preventivos y focalizados de electricidad, cierre temporal de rutas de alto riesgo, restricciones de acceso, evacuaciones preventivas y sistemas de alerta que indiquen oportunamente a la población cuándo evacuar y hacia dónde dirigirse.


También se requiere una coordinación efectiva de las policías y Fuerzas Armadas para proteger sectores prioritarios. Son decisiones difíciles, pero pueden marcar la diferencia entre controlar un riesgo y enfrentar una tragedia.

Y detrás de todas estas medidas hay un propósito que no podemos perder de vista: proteger vidas. Prevenir un incendio significa proteger a las familias y comunidades que viven en los territorios, pero también a quienes enfrentan el fuego cuando una emergencia se desata: brigadistas, bomberos, pilotos y personal de emergencia que arriesgan su vida cada temporada.


El combate es fundamental, pero su función es minimizar las pérdidas una vez que el fuego comenzó, no evitar que este ocurra. Por eso debemos equilibrar nuestros esfuerzos y poner mucha más energía en prevenir las igniciones, reducir el combustible, anticipar los escenarios de riesgo y preparar a las comunidades.

El pasado 26 de junio, el Gobierno decretó una Emergencia Preventiva por Amenaza de Incendios para esta temporada, cuyo objetivo es fortalecer la coordinación entre los organismos del Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres y adoptar medidas que protejan a las personas y el medio ambiente. Ahora debemos transformar ese objetivo en acciones concretas.


El desafío es liderar la gestión del riesgo, prevenir antes que reaccionar, coordinar al Estado con comunidades y sectores productivos e invertir oportunamente en preparación y respuesta temprana.

La próxima temporada está a la vuelta de la esquina. Todavía estamos a tiempo de actuar. Si queremos que el balance final sea positivo, no midamos nuestro éxito por la cantidad de incendios que logramos apagar, sino por aquellos que logramos evitar. Cada incendio que no ocurre significa menos familias expuestas a una emergencia y menos brigadistas, bomberos y pilotos arriesgando sus vidas para combatirla.


Ramón Figueroa Lizana
Departamento Protección del Bosque de Corma