Iliberalismo, ¿palabra de moda o preocupación real?
29 de Agosto 2026 | Publicado por: Diario Concepción
El problema no es crear herramientas eficaces contra la delincuencia; la pregunta es qué controles deben acompañar esta ampliación de facultades del Ejecutivo.
Daniela Muñoz Medina
Centro de Estudios Europeos UdeC
“Iliberalismo” es un término muy repetido últimamente en el debate político del país. Pero antes de tacharlo como mera etiqueta política (no es exclusivo de un sector u otro), conviene entender qué implica y observar si algunas señales iliberales pueden vislumbrarse, hoy o a futuro, en Chile.
Según Levitsky y Ziblatt, el desmantelamiento democrático puede ser paulatino e imperceptible. Para atrincherarse en el poder, los gobiernos cambian las reglas del juego mediante reformas constitucionales e institucionales que, bajo una pátina de legalidad y el pretexto de objetivos públicos legítimos, debilitan los contrapesos.
Un caso paradigmático es Viktor Orbán en Hungría. Tras obtener una mayoría parlamentaria de 2/3 en 2010, volvió a redactar la Constitución y modificó instituciones críticas, denominando este modelo “democracia iliberal”, siendo cuestionado por debilitar los check and balances, la independencia judicial y el pluralismo mediático: una democracia que preservaba su estructura representativa perdiendo progresivamente su contenido liberal.
¿Pueden reconocerse estas señales en Chile? La primera discusión surgió con la reforma constitucional en seguridad propuesta por el Presidente José Antonio Kast, que planteaba un nuevo estado de excepción ante amenazas graves a la seguridad pública, con facultades presidenciales para decretarlo por hasta 120 días, prorrogables por otros 120 sin autorización del Congreso. El problema no es crear herramientas eficaces contra la delincuencia; la pregunta es qué controles deben acompañar esta ampliación de facultades del Ejecutivo.
Además, la discusión coincide con la celebración del próximo Foro Madrid en Santiago, alianza política transnacional que reúne a referentes conservadores y de derecha de distintos países. Su realización genera tensión en el oficialismo, mientras el Gobierno respalda la participación del mandatario. Según sus organizadores (representantes del partido ultraderechista español Vox), Chile fue escogido por su “profundo significado político” para el presente y futuro de Iberoamérica.
Más que señales aisladas, ambas cuestiones invitan a observar hacia dónde se orientan las instituciones y alianzas políticas de Chile, interna e internacionalmente. Esto no significa que todo gobierno conservador sea iliberal, que toda política de seguridad sea autoritaria o que toda ampliación de facultades sea antidemocrática. Pero, como dice el refrán: si parece pato, nada como pato y grazna como pato, probablemente sea un pato.