¿Seguridad o autoritarismo?

28 de Agosto 2026 | Publicado por: Diario Concepción
Fotografía: Cedida

La Convención Americana refuerza este principio, al recordar que toda suspensión de derechos debe ser excepcional, necesaria, proporcional y temporal, y que mientras más amplia sea la causal, mayores deben ser los controles.

¿Cuánto miedo tiene que sentir un pueblo para aceptar que su gobierno pueda quitarle la libertad? Los últimos días han sido escenario del retorno de una lógica que el presidente Kast ha intentado instalar desde la campaña misma: la amenaza de un enemigo que no se define y que se utiliza para justificar desde vidrios blindados hasta reformas constitucionales.

El Gobierno propone un Estado de Excepción de Seguridad Pública ante una “amenaza grave e inminente contra la seguridad pública”, sin definir cuál sería esa amenaza. Con esa fórmula, el Presidente podría restringir las libertades personales, suspender reuniones, limitar el desplazamiento e interceptar comunicaciones por 120 días, renovables por otros 120 sin autorización del Congreso. Hasta 8 meses de control sin contrapeso sobre nuestras vidas.

Introducir un concepto así en la Constitución no lo vuelve democrático. Como el artículo 5 de la propia Constitución nos recuerda, incluso la soberanía encuentra su límite en los derechos esenciales. La Convención Americana refuerza este principio, al recordar que toda suspensión de derechos debe ser excepcional, necesaria, proporcional y temporal, y que mientras más amplia sea la causal, mayores deben ser los controles.


La alarma ni siquiera viene sólo de la oposición. El senador Cruz-Coke calificó la propuesta de “iliberal”, mientras el libertario Johannes Kaiser advirtió que estos estados restringen derechos “no de los criminales, sino de todos los ciudadanos”, y planteó limitar o rechazar la iniciativa.

Combatir el crimen organizado es una necesidad. Pero usar el miedo para acostumbrarnos a un Presidente con más poder y a ciudadanos con menos derechos es otra cosa. El autoritarismo no siempre echa abajo la puerta a golpes: en ocasiones entra con una reforma constitucional bajo el brazo, prometiendo orden, mientras nos enseña a aceptar que para sentirnos seguros debemos ser un poco menos libres.


Sindy Salazar Pincheira
Abogada Colectiva Justicia en Derechos Humanos