Traslado y refundación de Concepción

23 de Agosto 2026 | Publicado por: Diario Concepción

El 1.° de septiembre de 1751 Ortiz de Rozas ordenó al Corregidor de La Concepción, Maestre de Campo don Juan Francisco de Narbarte, llamar, con las formalidades de rigor, a un Cabildo Abierto, para resolver si era o no conveniente repoblar la ciudad de La Concepción o trasladarla de paraje.

El 25 de septiembre se constituyó el primer Cabildo Abierto que debía estudiar este arduo problema bajo la presidencia de Narbarte y resolvió trasladar la ciudad. Frente a la cuestión de indicar un nuevo sitio, se asignó un plazo de doce días para reconocer los lugares que eran propuestos. Ellos fueron cuatro: La Mocha, Loma de Parra, Landa y Chiguayante.

El 19 de octubre se convocó a un segundo Cabildo Abierto para oír las opiniones referentes a estos lugares y proceder a votarlas en sobres cerrados.


Fueron ciento treinta y un votantes, y el resultado de tan trascendental escrutinio fué el siguiente: 63 votos por Dichato, 23 por la Mocha, 23 por Rinconada y 22 por Landa.

Es interesante referir el hecho de que aún se conservan en Sevilla y en sus respectivos sobres, los votos firmados de los ciento treinta y un vecinos.


El 18 de diciembre llega a la derrumbada Concepción el Gobernador Domingo Ortiz de Rozas.

Concepción no es, entonces, más que un mal campamento de barracones y de tolderías. “Las tolderías de Penco, dice un contemporáneo, en medio de lodazales y pestilencias, y que dada la promiscuidad en que vivían y la imposibilidad de vigilancia en aglomeraciones faltas de alumbrado, hacía que germinasen otras pestilencias morales peores consecuencias”.


Resolver la traslación se hacía cada día más urgente. Familias enteras se fueron a otros pueblos o emigraron al Perú.

Al día siguiente, el 19, en una larga caravana de vecinos se trasladó el Gobernador al valle de La Mocha y a las lomas de Landa.


El 20, por una citación, se reunió un tercer Cabildo Abierto y, después de descartar los otros lugares propuestos, redujo la discusión a dos puntos, La Mocha y Landa, oyendo razones que a favor y en contra se adujeron, pero cuidando de no resolver nada.

El día 21, acompañado del Cabildo Civil y del Eclesiástico, volvió en nueva cabalgata a los cerros de Landa, reconociendo cuidadosamente la loma, que encontró estrecha para el futuro, además de ser seca de agua.


Agotado todo, el 25 de diciembre de 1751, promulgó, con las solemnidades del caso, el siguiente bando:

“Que por tanto, a mayor honra y gloria de Dios y de la Inmaculada Concepción de María Santísima, bajo cuya protección se ha salvado y se perpetuará este vecindario en servicio del Rey y


en bien común de todo el Reino, que debía elegir y elegía, usando de tal facultad que le compete, el lugar de La Mocha, para que se funde y establezca la nueva ciudad de La Concepción con todas las proporciones que medirían su providencia y sus arbitrios y mandaba a todos los vecinos que en esta inteligencia se dispusieran para concurrir el día que les señalare S. Excma. al repartimiento de los solares en conformidad a la ley que se publicará en forma de bando por todas las eminencias de estas lomas para que se llegase a noticia de todos. Y así lo proveyó, mandó y firmó.─Domingo Ortiz de Rozas.─Ante mí, Antonio Cirilo de Morales. Escr. Públ.”

Tres días después, el 28 de diciembre, promulgó Ortiz de Rozas un nuevo bando, en que fija el 6 de enero de 1752, para que todos los vecinos concurran al valle de La Mocha para asistir a la repartición de solares.


El 1.º de enero dictó una orden para que el agrimensor francés don Diego de Villeau-Brun, avecindado en Concepción, junto con Pradel, mensure y deslinde todas las “tierras comprendidas entre el Bío-Bío hasta el Andalién y por parte del este, desde los cerros de Mendoza (hoy Caracol) hasta los de Gavilán que caen a la del oeste”.

Se mensuraron 397 cuadras, cuyos propietarios eran don Francisco P. de Roa y Moraga, el Capitán don Juan de Mendoza, doña Catalina de Urrutia, doña Francisca de Alvarado, don Pedro de Acevedo y doña Josefa Gavilán.


De estos propietarios, don Francisco de Roa regala a la ciudad 187 cuadras con la obligación de que se le deje en posesión de su chacra y se le “asigne solar junto al sitio en que se construirá el convento de La Merced”. El Capitán Mendoza y doña Josefa Gavilán regalan también sus terrenos. Doña Catalina de Urrutia vendió 62 cuadras que poseía al precio que por ellas había pagado.

El 5 de enero ordenó Ortiz de Rozas al Cabildo que se le diera razón inmediata, primero de los sujetos que habían servido a la ciudad en empleos concejiles, políticos o militares; en segundo lugar, de las personas que sin aquel mérito, pero que lo tienen por condición propia o cualidades, sea derivado de sus ascendientes o adquirido por sí mismas, y en tercer lugar, del resto de los moradores.


Previa la concurrencia de los vecinos al valle de La Mocha, del día 6 al 8 de enero, se procedió en Penco, ante el Cabildo, al sorteo de los solares en el orden de las tres listas confeccionadas de antemano y con la reserva de los cuatro frentes de la Plaza de Armas, que se destinaron al servicio real y al eclesiástico.

Este sorteo, según consta, se realizó bajo la presidencia de Ortiz de Rozas, asesorado por el Oidor de la Real Audiencia de Santiago, don José Clemente de Traslaviña, actuando de escribano don Cirilo de Morales.