Escuelas Protegidas

20 de Agosto 2026 | Publicado por: Diario Concepción
Fotografía: Cedida

La posibilidad de vincularnos y encontrarnos en este espacio nace del diálogo, con lo cual la invitación es a sostener dicha posibilidad a través de acciones como las descritas por la investigación.

Carolina Aparicio
Facultad de Educación de la UCSC

La escuela ha sido desde sus inicios un espacio de transmisión de saberes valorados por la sociedad, de este modo en nuestra historia hemos aprendido de la vida en democracia, la solidaridad, la injusticia, la responsabilidad, la convivencia y también de autoridad. Así también hemos visto que la escuela ha evolucionado conforme a los desafíos de la sociedad. Por lo que frente al aumento de problemas de convivencia escolar y también de denuncias por maltrato contra adultos (58% más entre 2023 y 2025) hoy nos encontramos con una respuesta de estado manifiesta en la recién publicada Ley que establece medidas se seguridad, orden y respeto para la comunidad educativa, también conocida como “Escuelas Protegidas” (21. 827).


La violencia en contextos escolares sin duda genera un impacto agudo en las comunidades. Las situaciones de violencia que han afectado a niños, niñas, adolescentes y adultos limitan el ejercicio del derecho a la educación y también el desarrollo profesional, en ese contexto también limita la autoridad del docente, como se ha expresado en distintos medios.

Max Weber planteó que la autoridad es posicional, la realidad actual nos rebate esta idea con hechos, y más aún esta realidad, vista como evidencia, impulsa la toma de medidas que buscan garantizar mejores condiciones de trabajo y educación.


Hace tiempo que escuchamos “en nuestros tiempos el profesor era una autoridad en la escuela.” Frente a este profundo problema, se han fomentado distintos mecanismos de valoración del rol docente, sin embargo, la Ley actual plantea revisión de mochilas, respuestas institucionales ante la negación de estas revisiones a través de PDI y carabineros, formación idónea de los equipos de convivencia, ajuste de Reglamentos Interno y la obligatoriedad de la participación de los padres y apoderados en estos procesos, entre otros. Todo lo cual es un conjunto de acciones que puede dañar la relación al interior de las comunidades, aislando a cada grupo de responsables.

Lo que ocurre en la escuela es mucho más amplio que todo lo que pueda caber en un protocolo, por ello quiero contar cómo desde la investigación educativa, por medio de estrategias que, consideran la voz del profesorado y estudiantes, hemos señalado caminos para implementar transformaciones. Por ejemplo, se ha evidenciado la relevancia de la participación y el diálogo de la comunidad para encaminar mejoras en los proyectos educativos; también hemos demostrado que modelos colaborativos de trabajo entre la universidad y escuela pueden impactar en la percepción de autoestima, reconocimiento y aceptación de desafíos para el profesorado. Así también hemos narrado cómo la profundización en la experiencia diaria del docente nos muestra el camino del vínculo y el cuidado para sostener un proceso de aprendizaje.


Tenemos frente a nuestras escuelas una Ley que no podemos desconocer, pero que podemos tomar para reforzar la idea de que la escuela es un espacio de encuentro entre personas, de transmisión de saberes, de creación de vínculos, donde cada profesor y profesora cuenta una historia a la vez que la vive y crea la historia de otros. La posibilidad de vincularnos y encontrarnos en este espacio nace del diálogo, con lo cual la invitación es a sostener dicha posibilidad a través de acciones como las descritas por la investigación.