Sumo Primero: cuando Japón y Chile se encuentran en la sala de clases

12 de Agosto 2026 | Publicado por: Diario Concepción
Fotografía: Cedida

Hay políticas públicas que llevan casi una década construyendo algo silencioso, pero profundo: una manera distinta de enseñar y de aprender matemática. A esta categoría pertenece Sumo Primero, la colección de textos escolares que hoy llega a más de 1.300.000 estudiantes y 30.000 docentes en escuelas públicas de todo Chile.

Esta historia comienza a más de 17 mil kilómetros de distancia, en Tsukuba, Japón. Allí, el profesor Masami Isoda desarrolló Study with Your Friends, una colección que condensa décadas de investigación sobre cómo aprenden matemática los niños; y su llegada a nuestro país no consistió en traducir el libro, sino que comenzó que fue una reconstrucción ajustada a las Bases Curriculares nacionales y concebida como un recurso educativo abierto, pensado para permanecer más allá de las licitaciones y de los ciclos políticos.

Que Japón y Chile se reúnan en este proyecto no es casualidad. Es el encuentro entre uno de los sistemas educativos con mejor desempeño del mundo y un país que lidera los resultados de América Latina en TIMSS y PISA. Pero también es el reconocimiento de que aún existe una brecha importante respecto de las naciones de la OCDE y que esa distancia no se acorta cambiando de rumbo cada cuatro años.


Lo interesante de Sumo Primero es su lógica pedagógica en el que el pensamiento matemático se construye, utilizando una metodología que coincide con nuestro método COPISI, que organiza cada actividad en tres niveles de representación. Concreto, como el clásico doblado de papel para explorar fracciones o proporciones con las manos. Pictórico, mediante representaciones en la recta numérica que traducen esa experiencia concreta a una imagen. Y simbólico, donde finalmente aparece el lenguaje matemático formal. Como ha señalado Raimundo Olfos, uno de los especialistas que ha acompañado esta política, el texto alcanza su potencial cuando se trabaja íntegramente, sin saltarse etapas.

Ningún texto escolar, por bueno que sea, cambia solo los resultados de un país. Sumo Primero ofrece una estructura sólida, pero su impacto depende de que los establecimientos lo trabajen con sistematicidad, que los docentes modelen los procedimientos frente a sus estudiantes, y que se enfoquen en la comprensión del concepto, la cual incluye práctica hasta que su aplicación sea fluida y segura.


Quizás esa sea la principal lección de Sumo Primero, la demostración de que las mejores políticas educativas no son las que hacen más ruido, sino las que perduran.

Pamela Reyes


Facultad de Educación UDLA