Siempre tener un plan ante catástrofes

06 de Julio 2026 | Publicado por: Diario Concepción
Fotografía: Cedida

Evelyn Parada Betancourt
Universidad Andrés Bello

Eventos recientes en diferentes zonas del planeta, en especial la crisis humanitaria, tras los devastadores terremotos ocurridos en Venezuela, nos recuerdan una vez más que las catástrofes golpean sin previo aviso. Y si bien prepararse no elimina el riesgo, sí aumenta la capacidad de respuesta, reduce el pánico y salva vidas.


Contar con un plan y suministros para emergencias ayuda a reducir la ansiedad y facilita la coordinación familiar, ya que todos saben qué hacer y dónde reunirse. Además, actuar a tiempo protege la salud y los bienes esenciales, permitiendo una recuperación más rápida. Nuestro foco siempre debe ser proteger a los grupos más vulnerables de la sociedad, niños, adultos mayores, personas con discapacidad o condiciones crónicas.

Como primer paso en la preparación se sugiere reunirse con todos los miembros del hogar o incluso de una comunidad para revisar los riesgos más probables que pueden ocurrir en la zona de residencia (terremotos, inundaciones, cortes de servicios). Pueden comenzar definiendo los ámbitos prioritarios y tareas como quien será responsable de cortar el gas, quien buscará los documentos o quien se encargará de las mascotas y quien del kit de emergencia.


Luego, es importante establecer un punto de encuentro dentro de la casa (por ejemplo, el patio o pasillo seguro) y otro fuera, a una distancia segura en caso de evacuación. Practicar este plan con simples simulacros cada 3-6 meses, aunque suene exagerado, ayudará a la familia a que la respuesta sea más automática y menos estresante.

Además, preparar un kit básico de emergencia es lo mínimo necesario. Puede servir una mochila o maleta, que sea accesible y que pueda tener de todo lo indispensable para sobrellevar al menos 72 horas de la emergencia (que son las horas más críticas tras una catástrofe de grandes magnitudes). Se debe considerar 3 litros de agua por persona por día, alimentos no perecibles como envasados, comida deshidratada, barras energéticas y utensilios como cuchillo o abrelatas. Desde el punto de vista del cuidado general, un botiquín de primeros auxilios que contenga vendas, antiséptico como alcohol al 70%, medicamentos de uso habitual que alcancen para 3 a 7 días y si hay algún integrante que tenga una enfermedad crónica o que dependa de algún medicamento de manera permanente, no debemos olvidar siempre tener una copia de la receta médica. También debemos agregar al kit de emergencia unas linternas, una radio a pila (además de pilas de repuesto) o con bobina auto recargable, un cargador portátil entre otros. Ropa de abrigo, mudas de ropa y calzados resistentes.


Tener al alcance los documentos importantes, como copias de la cedula de identidad, pólizas de seguros, lista de contacto de emergencia; guardados en una bolsa impermeable. El dinero en efectivo es indispensable, siempre ante las emergencias se desactivan los cajeros o hay colas eternas de personas tratando de sacarlo. Por eso se sugiere tener una cantidad mínima necesaria y en denominaciones pequeñas (de mil pesos, por ejemplo). Por último, este kit debe tener contemplado las fórmulas lácteas, pañales para los bebés o lactantes. No olvidar los artículos personales de higiene tales como jabón, toallas sanitarias y toallitas húmedas, papel higiénico.

Es recomendable que este super kit de supervivencia se deje en un lugar de fácil acceso y que todos conozcan. Se debe revisar y actualizar su contenido cada 6 meses.


Para las mascotas organizar un kit de comida, una correa, identificación en su cuello con los datos de los dueños, ya que habitualmente se escapan o pierden de sus familias en las emergencias.
Experiencias anteriores han demostrado que la preparación salva vidas y la solidaridad acelera la recuperación. Vecinos que compartieron agua y refugio, familias que habían practicado simulacros y quienes tenían documentos y medicamentos a mano reportaron tiempos de recuperación más cortos y menos complicaciones médicas. Estas acciones cotidianas, aunque pequeñas, marcan la diferencia.